Fuente : Diario La Tribuna, Seccion : Dia 7 entrevista por el periodista Marlon Gonzalez, fotos cortesia de Diario La Tribuna.
Al escuchar el nombre de Enrique Soto Cano de inmediato se viene a la memoria la base aérea de Palmerola, en Comayagua, pero la verdad es que detrás de esa figura existe un hombre que defendió a Honduras en momentos de crisis.
Fue parte de los elementos hondureños que participaron en la II Guerra Mundial (1939-1945) en los operativos para rastrear submarinos alemanes en el océano Atlántico y el mar Caribe, además era el comandante de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), en la guerra de 1969 con El Salvador.
Fue él la persona que ordenó desde la comandancia de la base militar el despegue de los aviones Corsarios hondureños, para atacar a las aeronaves salvadoreñas que bombardearon Tegucigalpa, aquel 14 de julio de 1969.
Al contrario de lo que muchos pensarán, Enrique Soto Cano todavía da testimonio de lo que sucedió en esa ocasión. LA TRIBUNA dialogó con él sobre diferentes aspectos y épocas de su vida.
A sus 90 años es una enciclopedia viviente de la aviación militar, quien y con clara lucidez relata los momentos que le tocó vivir, desde su niñez, cuando a la edad de 8 años perdió a su padre, hasta llegar a máximo jefe de la Fuerza Aérea.
De dónde viene Enrique Soto Cano?
Vengo de una familia bastante grande, de mediana posición. Mi abuelo tenía una haciendita con 15 vacas y yo se las ordeñaba, y todos cooperábamos con él.
¿Cómo fue su niñez?
Guarda silencio y contesta… perdí mi padre a los ocho años y eso creó en la casa un desbalance, entonces íbamos con el abuelo a ayudarle; mi tío me llamaba a las 4:00 de la mañana para que fuera a arrearle las vacas y traer la leche a las 6:00 de la mañana, después me iba para donde mi madrina que me estaba ayudando a levantarme, y luego a la escuela; esa fue mi vida, recogiendo leña, haciendo mandados, fui zapatero, me fui a tocar marimba ¡y descalzo va!… luego deja escapar una leve sonrisa…
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viernes, 18 de diciembre de 2015
martes, 15 de septiembre de 2015
La inseguridad ciudadana y el desarrollo humano
Por : Mario Posas
Fuente : Revista Humanum
Puedes descargar el estudio completo en formato PDF
La inseguridad ciudadana restringe las posibilidades del ejercicio de la condición ciudadana y repercute negativamente en el desarrollo humano, el cual aspira al incremento de las opciones de las personas. Este trabajo está dedicado a ofrecer una aproximación al problema de la delincuencia, la inseguridad ciudadana y el desarrollo humano en Honduras.
1. Delito y delincuencia
El delito es la violación de una norma establecida por la ley penal. Los que se dedican a la práctica del delito, se conocen con el nombre de delincuentes. El escalamiento de la delincuencia en América Latina en las últimas décadas y sus repercusiones sobre la vida y la seguridad de los bienes de las personas, ha colocado el tema de la inseguridad ciudadana en un lugar preferente de la agenda pública.
Un creciente número de personas en nuestras sociedades abrigan el temor de ser objeto de agresiones a su integridad personal y al sentido de dignidad que es inherente a la persona humana y al concepto de seguridad ciudadana. En este contexto, la inseguridad ciudadana se ha convertido en uno de los temas centrales de debates y de estudios en nuestro tiempo.
La inseguridad ciudadana restringe las posibilidades del ejercicio de la condición ciudadana y repercute negativamente en el desarrollo humano, que, como se sabe, aspira a incrementar de las opciones de las personas a escoger el tipo de vida que tienen razones para valorar. “Desarrollo humano y (in)seguridad ciudadana”, se puntualiza, “están estrechamente ligados, pues ambos conceptos ponen en el centro a las personas, a la ciudadanía, la verdadera riqueza de la nación”.1 “Más allá de la irreparable pérdida de miles de vida humanas”, se enfatiza, “la violencia y la inseguridad tienen efectos negativos directos e indirectos en diferentes campos del desarrollo humano: en la salud pública, en el sistema educativo, en el sistema político, en el sistema jurídico, en el capital social, cultural y humano, en la economía, en las desigualdades de género, y en la libertad de las personas”.
Este trabajo está dedicado a ofrecer una aproximación al problema de la delincuencia, la inseguridad ciudadana y el desarrollo humano en el país.
2. Delincuencia y victimización
2.1. Delincuencia
El tema de las estadísticas de los delitos es un problema complejo, no solamente en los países en vías de desarrollo, sino que también, en los países altamente industrializados. Es universalmente aceptada, la existencia de subregistros en los datos sobre los delitos cometidos. Esto se debe básicamente a que no todas las personas que han sido víctimas de acciones que las leyes penales consideran delictivas y punibles, hacen las denuncias correspondientes a la autoridad competente.
Este es el origen de la denominada “cifra negra” o oculta de la delincuencia. Sin embargo, hay que indicar que el homicidio es el tipo de delito que presenta los niveles más bajos de subregistro, porque los asesinos no siempre están interesados en ocultar a sus víctimas y, si lo hacen, por regla general, salen eventualmente a la luz. Por ello, se le utiliza como un indicador fiable para estimar los niveles de delincuencia y de violencia social en un país determinado.
En el caso de Honduras, al subregistro por este tipo de argumentos, hay que agregar dos elementos adicionales:
1) la deficiencia histórica del registro de delitos, y 2) la existencia de diferentes fuentes de registro con resultados divergentes. Las deficiencias de los registros estadísticos sobre delitos son tan notorias que impiden verificar la tendencia histórica de los mismos.
3 En los últimos años, varias entidades públicas han venido llevando registro de los delitos, sobre todo, en lo que a delitos contra la vida e integridad de las personas se refiere. Sin embargo, ha faltado un esfuerzo de consolidar las cifras compiladas. Esta ausencia de estadísticas delictivas consolidadas sobre delitos contra la vida y la integridad de las personas, ha sido resuelta merced a la creación del Observatorio de la violencia, que es una iniciativa combinada del PNUD, el Ministerio Público, la Dirección General de Investigaciones Criminales (DGIC), la Dirección de Medicina Forense y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
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La inseguridad ciudadana restringe las posibilidades del ejercicio de la condición ciudadana y repercute negativamente en el desarrollo humano, el cual aspira al incremento de las opciones de las personas. Este trabajo está dedicado a ofrecer una aproximación al problema de la delincuencia, la inseguridad ciudadana y el desarrollo humano en Honduras.
1. Delito y delincuencia
El delito es la violación de una norma establecida por la ley penal. Los que se dedican a la práctica del delito, se conocen con el nombre de delincuentes. El escalamiento de la delincuencia en América Latina en las últimas décadas y sus repercusiones sobre la vida y la seguridad de los bienes de las personas, ha colocado el tema de la inseguridad ciudadana en un lugar preferente de la agenda pública.
Un creciente número de personas en nuestras sociedades abrigan el temor de ser objeto de agresiones a su integridad personal y al sentido de dignidad que es inherente a la persona humana y al concepto de seguridad ciudadana. En este contexto, la inseguridad ciudadana se ha convertido en uno de los temas centrales de debates y de estudios en nuestro tiempo.
La inseguridad ciudadana restringe las posibilidades del ejercicio de la condición ciudadana y repercute negativamente en el desarrollo humano, que, como se sabe, aspira a incrementar de las opciones de las personas a escoger el tipo de vida que tienen razones para valorar. “Desarrollo humano y (in)seguridad ciudadana”, se puntualiza, “están estrechamente ligados, pues ambos conceptos ponen en el centro a las personas, a la ciudadanía, la verdadera riqueza de la nación”.1 “Más allá de la irreparable pérdida de miles de vida humanas”, se enfatiza, “la violencia y la inseguridad tienen efectos negativos directos e indirectos en diferentes campos del desarrollo humano: en la salud pública, en el sistema educativo, en el sistema político, en el sistema jurídico, en el capital social, cultural y humano, en la economía, en las desigualdades de género, y en la libertad de las personas”.
Este trabajo está dedicado a ofrecer una aproximación al problema de la delincuencia, la inseguridad ciudadana y el desarrollo humano en el país.
2. Delincuencia y victimización
2.1. Delincuencia
El tema de las estadísticas de los delitos es un problema complejo, no solamente en los países en vías de desarrollo, sino que también, en los países altamente industrializados. Es universalmente aceptada, la existencia de subregistros en los datos sobre los delitos cometidos. Esto se debe básicamente a que no todas las personas que han sido víctimas de acciones que las leyes penales consideran delictivas y punibles, hacen las denuncias correspondientes a la autoridad competente.
Este es el origen de la denominada “cifra negra” o oculta de la delincuencia. Sin embargo, hay que indicar que el homicidio es el tipo de delito que presenta los niveles más bajos de subregistro, porque los asesinos no siempre están interesados en ocultar a sus víctimas y, si lo hacen, por regla general, salen eventualmente a la luz. Por ello, se le utiliza como un indicador fiable para estimar los niveles de delincuencia y de violencia social en un país determinado.
En el caso de Honduras, al subregistro por este tipo de argumentos, hay que agregar dos elementos adicionales:
1) la deficiencia histórica del registro de delitos, y 2) la existencia de diferentes fuentes de registro con resultados divergentes. Las deficiencias de los registros estadísticos sobre delitos son tan notorias que impiden verificar la tendencia histórica de los mismos.
3 En los últimos años, varias entidades públicas han venido llevando registro de los delitos, sobre todo, en lo que a delitos contra la vida e integridad de las personas se refiere. Sin embargo, ha faltado un esfuerzo de consolidar las cifras compiladas. Esta ausencia de estadísticas delictivas consolidadas sobre delitos contra la vida y la integridad de las personas, ha sido resuelta merced a la creación del Observatorio de la violencia, que es una iniciativa combinada del PNUD, el Ministerio Público, la Dirección General de Investigaciones Criminales (DGIC), la Dirección de Medicina Forense y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
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domingo, 13 de septiembre de 2015
Día del Ganadero y Agricultor de Olanchito
Por: Mario Berrios / Diario Tiempo
La ganadería es una actividad económica de origen muy antiguo, la cual consiste en el manejo de animales domesticables con fines de producción para su aprovechamiento. En el Día del Ganadero y Agricultor de Olanchito, 12 de septiembre, es preciso recordar que Olanchito ha sido punta de lanza en el rubro ganadero. En todas las comunidades del municipio de la Ciudad Cívica, los habitantes son agricultores y ganaderos, además de poetas, escritores y cuentistas, rara combinación de hombres del campo, armas y de intelectuales. Bañado por ríos como el Aguán Yaguala, San Marcos y Uchapa, el Valle del Aguán ha sido siempre el segundo pulmón productivo después del Valle de Sula. En Olanchito pueden apreciarse varias especies de ganado y productos derivados del campo.
Los ganaderos, profesionales encargados directamente del desarrollo de la producción animal y los agricultores, son un bastión importante en el desarrollo de la región y del país. Allí se han acuñado formulas propias de queso y mantequilla, por ello no es extraño que un habitante, en cualquier latitud de Honduras, solicite en un puesto de venta lácteos originarios de Olanchito.
La simbiosis de la ganadería con la agricultura ha dado sus mejores frutos en estas tierras de Jacobo B. Cárcamo, Ramón Amaya Amador, Armando García, Heber Sorto, las familias Meléndez, Durán, Martínez, Puerto, Quesada, Agurcia, Hernández, Castro, y miles más…. Como en todo mercado, a veces la ganadería se vuelve más rentable que la agricultura, porque permanecemos en una relación constante de precios y sus vaivenes. Por supuesto los sistemas integrados agrícola-ganadero tienen un futuro interesante y un presente muy halagüeño. Pero para competir en otros mercados, adonde apuntan algunos ganaderos olanchitenses, se requiere una estimulación significativa, a fin de producir mejor carne y leche para el consumo y para exportación.
El mercado internacional con el sello de Olanchito no debe ser un simple sueño, se pueden seguir los pasos de algunas comunidades argentinas que tienen su buen nombre en el mundo con su producto de alta calidad, estimado en los mercados mundiales. La sequía actual, provocará este año una merma de miles de terneros y por efecto escases de carne, leche y lácteos, pero se espera un buen período de parición en los próximos meses. La región de Olanchito necesita ser inyectada con estímulos gubernamentales y bancarios, sólo así podrán librarse del actual fenómeno de acaparadores o coyotes colombianos, quienes dan facilidades crediticias a un alto costo. Tecnificar con riego, heno para la época crítica y la protección del ambiente es un reto asumido por la directica comandada por Carlos Meléndez, actual presidente de la asociación de ganaderos y agricultores, donde se aglutinan los 16 CREL de la zona.
Si bien Olanchito es famoso por sus literatos, también lo es por su hermosa ganadería y agricultura, allí un ganadero carga arma, pero también un libro. En sus campos, en ese Aguán lejano, donde el sol con el prado y el libro son hermanos, deambula el ganado entre el valle, hondonadas y ríos. Cuando el vientre de Olanchito se aproxima al amanecer, aparece un hermoso caballo, un toro bravío o una vaca lechera. Es común entre los ordeñadores contar historias, narrar pasajes como el que yo les cuento, en esas noches negras o pintadas de claro por la luna, sin brisa o con el murmullo del viento, mientras se escucha el quejido del arduo sol o de la noche fría. En los corrales, el berrido de los terneros o el mugido de las vacas se escuchan en la lejanía. Y ladran en coro los perros alertando la presencia de algo extraño en tanto persiguen al animal fugitivo. Hombres y mujeres aceleran su paso por las cuestas, donde inocentes animales salen al camino.
A paso sigiloso, embelesado con la maldad, una noche de estrellas adormecidas visita un corral el abigeo, quien de prisa se abalanza sobre un desprevenido y robusto ternero. Una bala encarnizada centellea en la oscuridad lanzada con tal puntería, que aquel cuatrero no tose y ahoga el último suspiro. Al siguiente día, el ganadero luce sus cueros en los postes y alambradas del corral como una señal de que es un celoso guardián, de su mujer y de sus bienes.
Pese al modernismo de máquinas de transporte, la estampa histórica del ganadero, arriero o agricultor, evoca al clásico personaje de modestas costumbres e indumentaria (espuelas, caballo, sombrero, botas y pistola al cinto), trabajando de sol a sol y, de cuando en cuando, de tarde en tarde o de noche en noche, narrando —con atractivo literario o aspiración romántica— su colección de anécdotas y poemas sobre su vida, un fallecido, determinado vecino o hasta acerca de su propia madre.
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Los ganaderos, profesionales encargados directamente del desarrollo de la producción animal y los agricultores, son un bastión importante en el desarrollo de la región y del país. Allí se han acuñado formulas propias de queso y mantequilla, por ello no es extraño que un habitante, en cualquier latitud de Honduras, solicite en un puesto de venta lácteos originarios de Olanchito.
La simbiosis de la ganadería con la agricultura ha dado sus mejores frutos en estas tierras de Jacobo B. Cárcamo, Ramón Amaya Amador, Armando García, Heber Sorto, las familias Meléndez, Durán, Martínez, Puerto, Quesada, Agurcia, Hernández, Castro, y miles más…. Como en todo mercado, a veces la ganadería se vuelve más rentable que la agricultura, porque permanecemos en una relación constante de precios y sus vaivenes. Por supuesto los sistemas integrados agrícola-ganadero tienen un futuro interesante y un presente muy halagüeño. Pero para competir en otros mercados, adonde apuntan algunos ganaderos olanchitenses, se requiere una estimulación significativa, a fin de producir mejor carne y leche para el consumo y para exportación.
El mercado internacional con el sello de Olanchito no debe ser un simple sueño, se pueden seguir los pasos de algunas comunidades argentinas que tienen su buen nombre en el mundo con su producto de alta calidad, estimado en los mercados mundiales. La sequía actual, provocará este año una merma de miles de terneros y por efecto escases de carne, leche y lácteos, pero se espera un buen período de parición en los próximos meses. La región de Olanchito necesita ser inyectada con estímulos gubernamentales y bancarios, sólo así podrán librarse del actual fenómeno de acaparadores o coyotes colombianos, quienes dan facilidades crediticias a un alto costo. Tecnificar con riego, heno para la época crítica y la protección del ambiente es un reto asumido por la directica comandada por Carlos Meléndez, actual presidente de la asociación de ganaderos y agricultores, donde se aglutinan los 16 CREL de la zona.
Si bien Olanchito es famoso por sus literatos, también lo es por su hermosa ganadería y agricultura, allí un ganadero carga arma, pero también un libro. En sus campos, en ese Aguán lejano, donde el sol con el prado y el libro son hermanos, deambula el ganado entre el valle, hondonadas y ríos. Cuando el vientre de Olanchito se aproxima al amanecer, aparece un hermoso caballo, un toro bravío o una vaca lechera. Es común entre los ordeñadores contar historias, narrar pasajes como el que yo les cuento, en esas noches negras o pintadas de claro por la luna, sin brisa o con el murmullo del viento, mientras se escucha el quejido del arduo sol o de la noche fría. En los corrales, el berrido de los terneros o el mugido de las vacas se escuchan en la lejanía. Y ladran en coro los perros alertando la presencia de algo extraño en tanto persiguen al animal fugitivo. Hombres y mujeres aceleran su paso por las cuestas, donde inocentes animales salen al camino.
A paso sigiloso, embelesado con la maldad, una noche de estrellas adormecidas visita un corral el abigeo, quien de prisa se abalanza sobre un desprevenido y robusto ternero. Una bala encarnizada centellea en la oscuridad lanzada con tal puntería, que aquel cuatrero no tose y ahoga el último suspiro. Al siguiente día, el ganadero luce sus cueros en los postes y alambradas del corral como una señal de que es un celoso guardián, de su mujer y de sus bienes.
Pese al modernismo de máquinas de transporte, la estampa histórica del ganadero, arriero o agricultor, evoca al clásico personaje de modestas costumbres e indumentaria (espuelas, caballo, sombrero, botas y pistola al cinto), trabajando de sol a sol y, de cuando en cuando, de tarde en tarde o de noche en noche, narrando —con atractivo literario o aspiración romántica— su colección de anécdotas y poemas sobre su vida, un fallecido, determinado vecino o hasta acerca de su propia madre.
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sábado, 20 de junio de 2015
Biografia de Lisandro Quesada Bardales
Por : Juan Fernando Avila Posas
Lo conocí en el vértice de una mañana resplandeciente en casa de don Antonio Gonzales Rosa, (mi padrino), en la ciudad Puerto de La Ceiba. Yo había llegado la noche anterior en un cansado tren de prolongados horarios, en compañía de mi madre, a disfrutar vacaciones, después de haber cursado el primer año escolar, y él, el día siguiente, a despedirse del dueño de la casa, que había sido su protector temporal, porque su ciclo estudiantil en el puerto del atlántico había terminado, y yo iniciaba junto a mi madre un recorrido que culminaría en Tegucigalpa en casa de la enfermera alemana Kristina Kiunemoan de Chirinos. Al subir las escalinatas Lisandro Quesada Bardales, me preguntó de dónde venía, y yo con la timidez propia de mi infancia provincial, le respondí que de Olanchito, y él al ver mi tez blanca y mis ojos verdes, sorprendido me preguntó de nuevo, quién era mi madre, respondiéndole que Susana Posas, y entonces diligente se apresuró a saludarla y preguntar por mi padre, el doctor Ávila Ruiz, amigo singular de su abuelo, el agricultor y ganadero Próspero Bardales Núñez.
Mi madre me contó que ya tenía referencias del recién llegado, que era un liberal íntegro, un poeta orgánico, autor del Canto a Honduras, y un bohemio incorregible de espíritu testimonial. Ese era en realidad Lisandro Quesada Bardales, nacido en Olanchito un 11 de marzo de 1933, hijo mayor del hogar formado por Ramón Quesada Fernández y de la señora Menalia Bardales Figueroa.
Lisandro Quesada Bardales, realizó estudios primarios en la memorable escuela de varones Modesto Chacón, en Olanchito, Yoro. Los secundarios los distribuyó entre el Instituto Manuel Bonilla de La Ceiba y el Instituto Francisco J. Mejía de Olancho, Yoro, los superiores en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, y los de abogado en la Corte Suprema de Justicia donde le extendieron su exequátur, para ejercer el notariado.
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Lo conocí en el vértice de una mañana resplandeciente en casa de don Antonio Gonzales Rosa, (mi padrino), en la ciudad Puerto de La Ceiba. Yo había llegado la noche anterior en un cansado tren de prolongados horarios, en compañía de mi madre, a disfrutar vacaciones, después de haber cursado el primer año escolar, y él, el día siguiente, a despedirse del dueño de la casa, que había sido su protector temporal, porque su ciclo estudiantil en el puerto del atlántico había terminado, y yo iniciaba junto a mi madre un recorrido que culminaría en Tegucigalpa en casa de la enfermera alemana Kristina Kiunemoan de Chirinos. Al subir las escalinatas Lisandro Quesada Bardales, me preguntó de dónde venía, y yo con la timidez propia de mi infancia provincial, le respondí que de Olanchito, y él al ver mi tez blanca y mis ojos verdes, sorprendido me preguntó de nuevo, quién era mi madre, respondiéndole que Susana Posas, y entonces diligente se apresuró a saludarla y preguntar por mi padre, el doctor Ávila Ruiz, amigo singular de su abuelo, el agricultor y ganadero Próspero Bardales Núñez.
Mi madre me contó que ya tenía referencias del recién llegado, que era un liberal íntegro, un poeta orgánico, autor del Canto a Honduras, y un bohemio incorregible de espíritu testimonial. Ese era en realidad Lisandro Quesada Bardales, nacido en Olanchito un 11 de marzo de 1933, hijo mayor del hogar formado por Ramón Quesada Fernández y de la señora Menalia Bardales Figueroa.
Lisandro Quesada Bardales, realizó estudios primarios en la memorable escuela de varones Modesto Chacón, en Olanchito, Yoro. Los secundarios los distribuyó entre el Instituto Manuel Bonilla de La Ceiba y el Instituto Francisco J. Mejía de Olancho, Yoro, los superiores en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, y los de abogado en la Corte Suprema de Justicia donde le extendieron su exequátur, para ejercer el notariado.
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domingo, 5 de abril de 2015
El Origen y desarrollo histórico del teatro en Olanchito
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| Isabel Amaya, madre del escritor Ramon Amaya Amador |
No existe hasta el momento una fecha específica que determine con exactitud, el día, hora y fecha de cuándo se inició el teatro en la Ciudad Cívica de Honduras, ni la noche en que por primera vez se presentaron en el improvisado escenario el elenco de actores y actrices a desarrollar el potencial de sus facultades históricas. De lo que sí se tiene seguridad, es que fue el profesor JOAQUÍN REYES TEJEDA, nacido el 26 de junio de 1886, el indudable iniciador de esta disciplina artística, que envolvió a una juventud inquieta en la dramatización en los primeros años de la tercera década del siglo pasado (1930-1940), y creó las condiciones para el posterior desarrollo de lo que es hoy día, la HISTORIA DEL TEATRO EN OLANCHITO.
JOAQUÍN REYES TEJEDA, como educador, había fundado en el año 1922 el INSTITUTO “PEDRO NUFIO”, en la ciudad de Olanchito, en reconocimiento y gratitud a quien fuera su maestro y le entregara el título de docente en noviembre de 1914 en la ESCUELA NORMAL DE VARONES de Tegucigalpa. Mucho tiempo después, REYES TEJEDA, había escrito una obra dramática de dos actos conocida con el nombre de LOS SIETE PECADOS CAPITALES, de la que se ignora si fue llevada a los rudimentarios tablados de la época, e infortunadamente quedó inédita y el instituto fundado desgraciadamente tuvo vida efímera, mientras el maestro REYES TEJEDA, fue exigido a ocupar la dirección del INSTITUTO “LA FRATERNIDAD” de Juticalpa, Olancho, más tarde el mismo cargo en el instituto “JOSÉ CECILIO DEL VALLE” en Choluteca, como igual responsabilidad le delegaron en el Instituto “LEÓN ALVARADO” de Comayagua, y finalmente en el “MANUEL BONILLA” de la ciudad puerto de La Ceiba, Atlántida.
JOAQUÍN REYES TEJEDA, retornó a su tierra natal, después de haber cumplido una misión histórica y educativa, ocupando igualmente direcciones de Educación en los departamentos de Yoro y Atlántida, y fue después cuando se ocupó definitivamente de implementar el teatro de la Ciudad Cívica de Honduras.
Se presume que fue el año de 1934, cuando reclutó una serie de señoritas talentosas de belleza resplandecientes y jóvenes deshinividos e inteligentes, para conformar el primer cuadro dramático, y llevar el escenario el mensaje de una nueva expresión, aunque fragmentaria, de las PASTORELAS DEL PADRE REYES, desconocidas por el público, que recibió con entusiasmo y receptividad el mensaje y los monólogos de algo hasta entonces desconocido por los numerosos espectadores.
En base a lo descrito, se considera a JOAQUÍN REYES TEJEDA, como el indiscutible pionero de este arte, hoy evidentemente olvidado, y sin posibilidades comunales de reivindicación.
JOAQUÍN REYES TEJEDA, falleció de muerte natural el 8 de junio de 1948 en la ciudad de Olanchito, a los sesenta y dos años de edad (62), dejando un legado histórico, educativo y cultural en la sociedad, que supo valorar su esfuerzo creativo y su empeño cultural.
Muerto el honorable maestro y quedando el teatro en la orfandad, MARÍA ISABEL AMAYA, madre del escritor RAMÓN AMAYA AMADOR (1916-1966) asumiría con elevados grados de responsabilidad la dirección escénica, conservando un reducido número de intérpretes, quienes con el fallecimiento del principal gestor dramático, vieron capitular sus inquietudes, obligando a la nueva promotora cultural el reclutamiento de personal joven, aunque desconocedores del arte, para impulsar nuevamente el género artístico en el ambiente distrital.
MARÍA ISABEL AMAYA, había recibido sus primeras lecciones y logrado un aprendizaje fácil y admirable al lado del maestro REYES TEJEDA. Ella fue una mujer dotada de talento natural para asimilar los recursos dramáticos del teatro popular, y poseedora de manos prodigiosas para la confección artística de flores artificiales con la que ornamentaba las imágenes de la Iglesia Católica, y donde encontraría igualmente el tejido de un amor secreto con el sacerdote GUILLERMO R. AMADOR, encargado de la parroquia de la localidad y de cuya relación, naciera un 28 de abril de 1916 el célebre escritor y novelista RAMÓN AMAYA AMADOR.
De su sensibilidad en el arte floral de su cultura para la dramatización, y de su sentido único para la dirección escénica, nació en su interior una pasión y así continuar con la misión heredada simbólicamente por el maestro REYES TEJEDA. Con ese fin convocó personal, dentro de los que se inscribieron JESÚS SANDOVAL NÚÑEZ, AMÍLCAR LOZANO MURILLO, MANUEL LOZANO TEJEDA, ANTONIO R. NÚÑEZ, JULIA AGURCIA ALVARADO, ANA P. VALDERRAMOS, MERCEDES CANO RUIZ, ELVIA TINOCO, FRANCISCA ILIAS PLATA y muchos (as) que se identificaron con el elenco y se solidarizaron entusiastas con la nueva propuesta artística del teatro local.
MARÍA ISABEL AMAYA, se distinguió por su capacidad en el dominio de todo cuanto inicialmente había asimilado del arte dramático, y le dio sentido y perduración expresiva y cultural a lo que en el pasado naciera como fuente de placer estético en el medio.
Es indudable que con sus ideales influyó decididamente en la formación cultural de su hijo RAMÓN AMAYA AMADOR, para que este desarrollara sus potencialidades y talento como escritor, puesto en evidencia a través de cincuenta libros escritos, incluyendo dentro de los mismos la obra teatral LA PESTE NEGRA, con la que participó en el certamen literario promovido por la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS, el año de 1957, donde se hizo merecedor de MENCIÓN HONORÍFICA, al declarar desierto el concurso por falta de participantes.
MARÍA ISABEL AMAYA, falleció el 20 de febrero de 1946, dos años antes que el maestro REYES TEJEDA, y con su muerte el teatro dio por terminado su ciclo de presentaciones, culminando de esta forma una etapa trascendental para el arte dramático de la ciudad.
Tendría que vivirse un prolongado silencio en espacio y tiempo, hasta que a finales de los años cincuenta, providencialmente NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, con el don propio y virtudes naturales de liderazgo y dirección, se le ocurriera expresar su talento e invitar familiares para constituir lo que una noche sería la renovación artística del TEATRO POPULAR EN OLANCHITO. El escenario fue improvisado, frente a la casa de su abuelo y patriarca de la familia don PRÓSPERO BARDALES NÚÑEZ, a quien dejaron desprovisto de sus sábanas y frazadas invernales, para organizar con ingenio y estrategias el manteado escénico, y hacer más fácil las manipulaciones y dominio de los telones a JUAN RAMÓN MARTÍNEZ BARDALES, quien desarrollaba funciones empíricas de tramoyista en las presentaciones nocturnales. El elenco artístico estaba integrado en su generalidad por familiares, vecinos y amigos, siendo los principales MELTON BARDALES MARTÍNEZ, ÓSCAR (COCO) BARDALES, POPITO QUESADA BARDALES, ELSA NÚÑEZ, MIGUEL ÁNGEL SOSA (LANGUE) SONIA QUESADA BARDALES, ANTONIO REYES (CAPITO) Y NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, como responsable del montaje y dirección de la obra, presentando la velada melodramática con ejecuciones preliminares del trío de guitarras ejecutadas magistralmente por POLICARPO REYES SOSA (CAPO) ÁNGEL CÁLIX MERLO Y PASCUALIO DELARCA, quienes interpretaban canciones sentimentales de lo más renombrados cantantes mexicanos de la época, mientras se hacían los últimos detalles para develar el telón de la obra.
De los recuerdos inmemoriales que se conservan, es que la dramatización de la obra con fragmentos de la llegada de los TRES REYES MAGOS, presentada en los preludios navideños, a uno de los comediantes de escaza y despreocupada memoria, involuntariamente olvidó un fragmento de la sexteta que le correspondía exponer, y aquel lapsus imperdonable, indignó al propietario de la casa, exigente y sanguíneo por su estirpe española, quien en holocausto imprevisible, terminó llevando sus cobijas a su tibio regazo nocturnal, desmantelando aquel ensayo subliminal de una juventud que protegidos bajo el calor paternal se asilaron en una casa de donde posteriormente surgirían intelectuales renombrados como LISANDRO QUESADA BARDALES (poeta y escritor) NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES (actriz) MANUEL QUESADA BARDALES (poeta) JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES (poeta y pintor) RIGOBERTO QUESADA FIGUEROA (poeta) JUAN RAMÓN MARTÍNEZ BARDALES (escritor y periodista) JUAN CARLOS QUESADA ORELLANA (poeta) ROBERTO QUESADA LÓPEZ (novelista) y tantos otros que hoy con su talento vigorizan ostensiblemente la bibliografía nacional.
NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, cumplió de esta forma su deseo de quedar en la historia local como promotora de cultura desde una perspectiva donde pocos han querido incursionar, pero ella demostró con sus acciones estar preparada igualmente para salir airosa de este drama cotidiano que envolvió su vida.
NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, falleció en la ciudad de La Ceiba el 8 de diciembre de 2014, antes de las fiestas navideñas como ella siempre lo soñó, a la edad de 79 años.
Cuando apenas era una niña de cara angelical, trenzas azabaches cayéndole en sus hombros como ríos caprichosos, siendo estudiante de secundaria en la intersección de la avenida La Unión y la calle El Telégrafo del Barrio Abajo, sobre un promontorio de piedras de lo que con el tiempo sería la residencia del más grande potentado local y diputado por el Partido Liberal SIXTO QUESADA SOTO, la señorita Alma Caballero Herrera (1947) según lo relata en una crónica genealógica de la familia Saravia, el doctor OMAR GONZALES, hacía sus primeros ensayos convocando actores de su edad, que se aproximaban a los espacios de la curiosidad juvenil deseando conocer un arte que había estado ausente por muchos años y era imperativa su reivindicación.
Esa tentativa de ALMA CABALLERO HERRERA, se produjo en la década del sesenta, cuando ella cursaba estudios secundarios, despertando inquietudes por su interés y sus iniciativas lírica de una nueva expresión del Teatro Popular en Olanchito.
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| Alma Caballero Herrera |
Hoy día, ALMA CABALLERO HERRERA, es promotora del TEATRO EN HONDURAS, habiendo sido fundadora del DEPARTAMENTO DE ARTES de la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS, directora del taller de la tarde en Tegucigalpa, directora del Teatro Zamora, en la misma capital, participante del TEATRO UNIVERSITARIO DE HONDURAS, e integrante del CUADRO DRAMÁTICO DE TEGUCIGALPA, habiendo realizado una carrera exitosa junto al extinto dramaturgo hondureño FRANCISCO SALVADOR, quien dejó una huella inalcanzable en el desarrollo histórico del Teatro de Honduras.
Paralelamente ALMA CABALLERO HERRERA, ha investigado y escrito libros disciplinarios de arte como EL TEATRO EN HONDURAS, junto a FRANCISCO SALVADOR, publicado por SECTIN en 1977, y otras obras genéricas dentro de los que se incluyen LAS PASTORELAS DEL PADRE REYES, LA BRUJA DEL SIGLO DE ORO, EL BAILE DE LAS TIRAS, EL BAILE DE LOS MOROS Y CRISTIANOS, Y FRANCIA EN EL TEATRO CENTROAMERICANO, que dan fe de su preocupación y estudio sobre el teatro hondureño y regional centroamericano, y como miembro del INSTITUTO INTERNACIONAL DE TÉCNICOS Y CRÍTICOS DE TEATRO LATINOAMERICANO.
Los olanchitos con sensibilidad artística, que por cierto se contabilizan por cienes, y los vecinos de la avenida La Unión y la Tiburcio Carías Andino, que fue el domicilio donde pasó su adolescencia, y la unión donde han nacido el mayor número de intelectuales de renombre nacional, recuerdan con sentimiento y eterna nostalgia y admiración, la niña que fue ALMA CABALLERO HERRERA, caminando orgullosa por las calles coloniales de nuestro pueblo con sus trenzas envidiables y coquetas, en la anunciación juvenil de lo que sería con los años, un valor inequívoco del arte dramático nacional.
Por esos mismos años de efervescencia cultural e inquietudes estudiantiles JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, hermano menor de NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, nacido el 12 de septiembre de 1948, revelaría inclinaciones para la dirección escénica, formando un elenco protagónico con compañeros de estudios de nivel medio al interior del INSTITUTO “FRANCISCO J. MEJÍA” y montando pequeñas obras de un solo acto, que serían aplaudidas por el conglomerado juvenil, cuando eran presentadas en los años setenta en las festividades promovidas en el centro de educación media, como también en los actos cívicos de inusitada alegría de la colectividad municipal.
Esta facultad direccional artística parece que fue un legado cultural que dominó con acentuada determinación la sensibilidad de la familia, pues años antes como queda consignado, su hermana mayor NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, había realizado un intento expresivo del arte escénico en uno de los barrios más bullangueros de la ciudad como fue el barrio El Jazmín, donde se preeminenciaron veladas artísticas que hoy recordamos con indescriptible y acentuada saudade.
Más tarde JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, emigraría a la hermana República de Costa Rica a realizar estudios superiores de FILOLOGÍA en la Universidad “RODRIGO FACIO” y a entregarnos, “una poesía de raíz existencialista en la cual predomina una visión bastante precisa de la vida, que en términos generales no lo abandonara en su poesía posterior”, según el análisis teórico de la crítica de literatura hondureña HELEN UMAÑA.
Hoy JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, además de burilar poemas, plasma su expresión artística en lienzos expresionistas de un arte que subsidiariamente domina con intenso colorido. Hoy igualmente el poeta es PREMIO NACIONAL DE LITERATURA “RAMÓN ROSA” y uno de los valores fundamentales de la nueva lírica hondureña.
Pero si JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, abandonó lo que parecía el resurgimiento del teatro en la ciudad, paralelamente creó espacios para que una inolvidable mañana en el acontecer apacible y provincial, unas tímidas nubes se replegaran animadas pretendiendo techar la imponente majestuosidad isosélica del CERRO PACURA, preludiando que en el anochecer llovería, pero ese 19 de julio de 1979, a pesar de los pronósticos no llovió. Los habitantes siguieron realizando su rutina cotidiana, y gracias a mi obligado tránsito por el parque Central, divisé en una esquina propiedad de la Iglesia Católica, en una casa de paredes de adobe, techo de tejas, dos puertas y una ventana, a un sacerdote norteamericano con su irrenunciable tipología de un clásico “hipster” antecesor del Hippie (como bien lo conceptualizara y describiera el novelista NORMAN MAILER, en un ensayo publicado en (DISSENT), vestido de pantalón jean descolorido, camisa ligeramente imprecisa, pelo largo y excesivos aditamentos en su entono corporal, que poco o nada expresaban su vocación pastoral, y que más tarde supe se trataba de JACK WARNES, junto a una generación de muchachos vanguardistas de la PASTORAL JUVENIL ESCLESIÁSTICA, colocaban un rótulo frontal en la vieja construcción, donde anunciaban la apertura del TEATRO LA FRAGUA, y la presentación esa noche de la obra DOS JUEGOS X, custodiado el rótulo por dos banderas verdes amárelas, donde la sociedad tendría la feliz oportunidad de conocer la síntesis del TEATRO CAMPESINO CALIFORNIANO, con la obra, LAS DOS CARAS DE MI PATRONCITO.
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| Aqui se fundó el Teatro la Fragua (Olanchito) |
Posterior a la migración hacia la ciudad ribereña de PROGRESO del TEATRO LA FRAGUA, donde fuera trasladado en su misión sacerdotal el jesuita JACK WARNER, al interior del instituto “FRANCISCO J. MEJÍA”, principal centro educativo de la localidad, la licenciada en Letras y Lenguas LUISA ORELLANA LOZANO, dentro de sus iniciativas pedagógicas, organizó lo que se conoció como TIFRAJME (Teatro del INSTITUTO FRANCISCO J. MEJÍA) presentando dramas cortos que informaban de su sensibilidad creativa y didáctica, y la búsqueda de valores con disciplina artística y facultades para desarrollar las obras con talento escénico.
Lo que primero presentó fue la obra A RAZ DE SUELO, que mereció el aplauso generalizado de la colectividad estudiantil, más tarde otro drama conocido como LOS INQUILINOS DE LA IRA, y finalmente EL ESCULTOR, además de obras mímicas como LA SONÁMBULA, hasta pretender llevar al escenario de manera monumental la obra, PRISIÓN VERDE, de RAMÓN AMAYA AMADOR, que constituyó indudablemente un desafío en su montaje y diálogos, utilizando para ello personal académico dentro de sus propios compañeros de trabajo.
Pero el TIFRAJME no se circunscribió escénicamente al interior del Instituto, sino que trascendió el dominio público cuando fueron llevados sus dramas al conocimiento general en el marco esplendoroso de las festividades de la SEMANA CÍVICA, lo que marcó un hito histórico dentro de la comunidad, captando la merecida ovación de la sociedad, ansiosa de disfrutar un género que se rescataba con entusiasmo y deliberado vigor cultural.
Hoy de aquel impulso apenas sobreviven el recuerdo y en la historia del instituto que le vio nacer, crecer y extinguirse, cuando los conformantes del elenco escénico terminaron exitosamente sus estudios, y emigraron en busca de sus verdaderos destinos, y la licenciada LUISA ORELLANA LOZANO, se refugió en su feliz y merecida jubilación, después de una entrega sin paralelo en la preparación de cuadros que hoy constituyen honra y orgullo de la sociedad.
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| El Teatro Tolupan |
Las obras del teatro TOLUPÁN se han presentado en la CASA DE LA CULTURA, marcando una impronta expresiva y testimonial, de lo que debe ser el arte en nuestra patria, cuando predomina voluntad y los deseos de hacer bien las cosas como debe ser.
El teatro no debe convertirse simplemente en fuente de placer estético, sino en testimonio totalizante de creación, belleza y libertad.
Fuente de el articulo : Diario La Tribuna
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domingo, 29 de marzo de 2015
Una Sociedad igualitaria con poca exclusión
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| Torre del reloj del parque de Olanchito |
"No es que no hubiese diferencias y contradicciones. Económicas, políticas y sociales. Ni pequeños explotadores; ni míseros sirvientes En todas las sociedades del mundo los hay. Pero es obvio que, en comparación con lo que vemos ahora, Olanchito era una ciudad bastante igualitaria, — con un solo sector que podría considerarse con el lenguaje de ahora, marginal o excluido: los “mirriñaques”, dedicados, sin embargo, a la pesca artesanal individual; los peones de los hacendados, las empleadas domésticos y los “criados” de las familias pudientes (Rosendo Ochoa y Teófilo Cruz)–, y con pocos mecanismos de exclusión social, de forma estructuralmente deliberada.
Los últimos, fueron superados con la creación del Instituto Francisco J. Mejía (1943), lo que permitió el ascenso social y económico de los más pobres, con tal que tuvieran el deseo de salir adelante, cursando estudios en la más alta institución educativa de la ciudad. Y se formaran intelectualmente, porque para entonces, lo educativo, le disputaba el prestigio a lo típicamente económico. Y a lo político. Y por, supuesto, a la estratificación social, que operaba artificialmente, más por razones nostálgicas, necesidades de diversiones compartidas; o inventos sin fundamento.
Otra cosa que, llama la atención, en la época estudiada, es la proliferación de actividades económicas a que se dedicaban los vecinos de la entonces conocida ya como “ciudad cívica”. Todo el mundo trabajaba en algo. De forma que todos; o casi todos, tenían ingresos. Muy pocas personas eran desempleadas. Los que ejercían la mendicidad eran, desconocidos; o los que, por no tener una casa suya o de un allegado, terminaban durmiendo en la calle. Lo que todavía marcaba las diferencias muy sutiles de “clase” en la ciudad, era la frontera entre los grandes ganaderos y los más pequeños. Con la diferencia que, estos últimos, tenían casi siempre, otras actividades complementarias que, normalmente se relacionaban con el comercio, la pequeña industria, la enseñanza o el ejercicio de profesiones liberales como la medicina, el magisterio o el derecho, especialmente.
Esta frontera, permitía diferenciar a la “clase alta”, de la “clase media”. O lo que llamaba Ramón Amaya Amador, — en el ejercicio preliminar de sus tanteos para entender la realidad política – “los de primera, de los de segunda”. En 1946, propuso y logro – tal el grado de influencia que para entonces había logrado– que se organizara la “Segunda Clase” de Olanchito, cuyo primer presidente fue Lino E. Santos y la primera Tesorera Donatila Colindres Bardales.
La auto titulada “Primera Clase” hacia a finales de la década de los cuarenta, sus propias y exclusivas fiestas que, como es natural, eran muy reducidas numéricamente; y obligadamente, aburridas. En cambio, las fiestas de “Segunda Clase” eran numerosas, ruidosas musicalmente alegres, y divertidas.
Y, la otra fuente diferenciadora, era el acceso a los estudios, universitarios o no, en México, Estados Unidos, Tegucigalpa, el Zamorano o la Escuela Granja Demostrativa de Catacamas, que para entonces, mediante becas en el gobierno, había permitido nivelar a los hijos de los “más riquitos” – los de “Primera Clase” — de los que no lo eran tanto; o que pertenecían a la “Segunda Clase”. Posiblemente, la primera institución que abrió las puertas, para que los pobres e integrantes de la “segunda clase” de Olanchito pudieran estudiar en Tegucigalpa – en donde solo lo hacían los hijos de los más integrados con las fuerzas de poder de la capital, los que tenían más recursos; o los más agresivos que se iban por su cuenta – fue la que después se llamaron, las Fuerzas Armadas. Los mejores ejemplos fueron Alejandro Galo, Enrique Soto Cano, Pito López, Arnaldo Miranda, Omar Ramírez, Alberto Urcina, Eulalio Duran y Carlos Dubon, que ingresaron e hicieron carrera en la Fuerza Aérea, sin ser miembros, la mayoría de ellos, de las familias que hasta 1944, se llamaban de “primera” en la ciudad. (La excepción es, posiblemente, el piloto aviador Omar Ramírez, hijo de Mauricio Ramirez). Otros, hicieron carrera en la infantería como fue el caso de Amilcar Zelaya Rodriguez, el que más alta posición política, ha ocupado en toda la historia de la ciudad.
Pero lo más interesante de todo es que, como decíamos antes, todo el mundo tenía una ocupación definida. O varias, con las cuales, subvenían sus necesidades, participaban en diferentes estratos de la sociedad; y creaban algunos excedentes que capitalizados, le servían para alcanzar la cúspide de la pirámide social que estaba representada por la posesión de alguna propiedad ganadera mayor; o tener casa de alto. Carlos Martínez (*), ahora ingeniero civil retirado, hijo de un carretero de entonces (Tavo Soto) y nieto de un ganadero y residente en “casa de alto”, Félix Soto, nos ha proporcionado, con la diligencia de un Antonio R.Vallejo local, una descripción, con nombres y oficios, de esa pirámide local que describiremos a continuación. La clasificación por supuesto, es responsabilidad total del autor.
La clase alta, la primera, estaba integrada por los ganaderos de más alta tradición en la historia de la comunidad – que, además de los mencionados en un artículo anterior – eran entre otros, los siguientes: Norberto Quesada Soto, Sixto Quesada Soto, Juana Quesada Soto, Daniel Quesada, Andrés Alvarado, Felipe Ponce, Félix Soto, Prospero Bardales, Jacobo Puerto, Francisco Meléndez, Francisco Romero Lozano, Salomón Sosa, Tomas Ávila Ruiz, Claudio Orellana, Jacinto Sorto.
Como sub clase, miembros de la baja clase superior, hay que mencionar a los comerciantes de origen árabe y nacionales, que controlaban el comercio a gran escala, mediano nivel y bajo, con fuerza de crecimiento: Emilio Chahin, Nicolás Marzuca, Gregorio Marzuca, Carlos Hoch, Emilio Chahin, José y Victoria Chahin, Leonor Mahomar, Rafael Nasar, Nasry Mahomar, Serapio Bedeck, Nicolás Marzuca hijo, Camilo Nassar, Elena Yacaman, Jorge Bendeck, Salomón Busmail, Felipe Ponce, Alirio Ponce, Mauricio Ramírez, Rafael Ramos Rivera, Alfredo Ramos Rivera, Ramón Pineda, Arturo Rosales, Ángela Acosta, Arnulfo Fúnez, Francisco Nasser, Pio Carrasco, Tomas Bonilla, Jesus Villafranca y Nuncho Quezada;
los médicos y cirujanos: Pompilio Romero, Octavio Bennet, Tomas Ávila Ruiz, Raúl Madariaga, Marco Antonio Ponce, Marco Tulio Burgos, Francisco Murillo Escobar, Roberto Mejía Durón, Felipe Ponce, Saúl Ayala Ávila, Rafael Ruiz Leiva; los dentistas: Ramón Molina Pastor, Sixto Quezada Soto, Constantino Martínez, Marco A. Sosa, y el técnico dental Francisco Maradiaga;
los agrónomos: Manuel Dobles (Costa Rica), Coy Hum (Guatemala), Regino Quesada Ramírez, Roberto Salas Posas, Alfredo Murillo Galo, Luis Enrique Aguiluz, Roger Valerio, Antonio Bourdeth, Elfego Fernández, Rene Servellon, Marcelino Pineda, Angel Suazo, Osman Fajardo, Juan Solórzano, y Martin Matute;
los altos funcionarios de la Stándard residentes en Olanchito: Mauricio Ramírez, Francisco Núñez, Sergio Castro, Rafael Melara Mercadal;
los diputados al Congreso Nacional :Francisco G. Ramírez, Mauricio Ramírez y Francisco Murillo Soto; los alcaldes municipales: Francisco Murillo Soto, Felipe Ponce, Francisco R. Lozano, Dionicio Romero Narváez, Ramón Duran Hernández, Santos Reyes, Purificación Herrera, Roger Orellana Irías; los comandantes militares y de la Guardia Civil: Alfredo Galo, Faustino P. Calix, Salomón Sosa, Felix Velásquez, Camilo Mejía, Chito Cárcamo, Eligio Bautista, Cándido Amaya, Carlos Fortin, Arturo Rosales;
los directores del Instituto Francisco J. Mejía: Francisco Murillo Soto, Modesto Herrera Munguía, Julio C. Benites y Jesús Medina Nolasco; y los directores de las escuelas primarias de la ciudad: Alicia Ramos de Orellana, Francisco Murillo Soto, Rafael Núñez España, Manuel de Jesús Castro, y Renato Quesada;
las profesoras de la Escuela de Niñas José Cecilio del Valle: Alicia Ramos de Orellana, Gloria Quesada, Gloria de Lobo, Ondina Núñez, Celia Saravia de Fúnez, Raymunda Soto de Valerio, Mercedes Mesa, Olimpia Ramos, Thelma (Tita) Galdamez, Yolanda Quesada, Olivia Cartagena, Hilda Murillo, Elvia Murillo, Telma Murillo, Olga Teresa Reyes;
los profesores de la Escuela de Varones Modesto Chacón: Francisco Murillo Soto, José Antonio Rodríguez, Manuel Cabrera, Jesús Villafranca, Humberto Meléndez, Plutarco Meléndez, Carlos Saybe, Jesús Núñez España, Alejandro Lobo Calix, Cristelia Soto, Máximo Chandia, Tila Soto de Murillo, Antonio Murillo, Joaquín Reyes Figueroa, Donaciano Reyes Posas, Ramón Amaya Amador, Oscar Murillo, Candiano Lozano, Francisco Lozano, Juan Ramón Fúnez Herrera, Roberto Sorto, Salomón Sosa Enrique Bardales, Darío Meléndez, Teresa Soto, Cossete Morales Funes, Juan Ramón Martínez, Darío Meléndez, Adolfo Quesada Ramírez;
las secretarias comerciales Ángela Acosta, Blanca Nieves Márquez, Delmy Ruiz, Delma Posas Hernández, Marina Lanza, Liduvina Orellana, Judith Argueta, Eda Puerto, Aleyda Moya Soto, Elizabeth Nuñez, Remi Rosales Nuñez, Judith Caballero, Paula Posas, Etna Estrada, Mirian Posas, Margarita Posas, Irma Cruz, Amanda Cruz, Lilian Ramires, Telma Carcamo y Ana Almendarez;
y los jefes expedicionarios: Balbino Leiva, Florentino Gamoneda, Tulio Garín, Sabino Cartagena: pequeños industriales, dueños de curtiembres : Francisco G. Ramírez, Francisco Murillo Soto, Beto Quesada, Simeón Elencof, y Nuncho Quesada; de zapaterías y talabarterías con pincipios industriales, como era el caso de la del salvadoreño Ángel Orellana, Carlos Castro, Delio Lozano, Pedro Zelada (salvadoreño), Luis Zelada, Juan Delarca y Tico Araya; los transportistas,
dueños de automóviles: Purificación (Puno) Martínez, Jorge Farusca, Leónidas, Alfredo y Alberto Zuniga, Danilo Moya, Moncho Ramírez, Armin Quesada, Francisco Gonzales Baca, María Gómez, Alfredo Castro, Raúl Estrada, Toya Yacaman, Carlos Hoch, Luis Alonso Martínez, Alirio Martínez, Juan Ramón Ramírez, Francisco Nasser, José Lozano y Enrique Lozano ;
los carreteros Checho Núñez, Tavo Cano, César Castro (Camarada), Purificación Reyes (Capo), Margarito Suazo, Placido Almendarez, Ramón Fúnez y Fausto Cárcamo que eran propietarios de carretas tiradas por caballos; y los carreteros, dueños de carretas tiradas por bueyes: Purificación Reyes, Francisco Villagra, Antonio Meléndez, Tavo Soto, Donato Figueroa y Lucas Figueroa; y los dueños cultivos permanentes ( café ) Elías Serrano, caña de azúcar, Juan Rascof, naranjas, Marel Medina y plátano y chatas, Prospero Bardales y Francisco R, Lozano. Además,
formaban parte de la “baja clase alta” de la ciudad, los médicos Octavio Bennet, Pompilio Romero, Tomas Ávila Ruiz, Raúl Madariaga, Felipe Ponce, Roberto Mejía Duron, Raúl Ruiz Leiva y Saúl Ávila; los farmacéuticos: Alirio Ponce, Jaime Ramírez, Carlos Chavarría y Carmen de Ponce; los bacteriólogos: Salustio Hernández y Salatiel Quesada, los ingenieros; Juan Pablo Soto Sevilla, Elvin Ernesto Santos Lozano, Armodio Villafranca; los abogados: Isabel Núñez, José Ramírez Soto, Lucas Zelaya Lozano, Juan Ramón Calix, Efraín Ponce Tejeda, Epaminondas Quesada Ramírez, Florencio Puerto, Horacio Moya Posas, Orlando Lozano Martínez, Andrés Alvarado Puerto, Juan Roberto Murillo, Antonio Suazo, Ramón Ovidio Navarro, José María Carpintero, Pedro Antonio Urquia, Miguel Zepeda, Carlos Alberto Pineda Mesa, Roberto Martínez Agustinus y Ricardo León Castillo y los tinterillos Jesús Sandoval y Jesús Núñez.
Además formaban parte de esta sub clase los economistas: Cecilio Zelaya Lozano, Leonel Ramírez Soto, Luis Andino, Antonio Puerto, Francisco Núñez Narváez; los perito mercantiles y contadores públicos: Celedon Morales, Carlos Urcina Ramos, Camilo Nasser, Fernando Servellon, Linda Nasser, Sotero Miranda, Santiago Saybe Mejía, Moy Núñez Narváez, Olga Murillo, Rafael Melara hijo, Rely Santos Lozano, Adolfo Amaya, Aquilino Díaz, Francisco Fúnez Herrera, Francisco Bustillo, Virgilio Cruz, Juan María Zuniga, Luis Alonso Zuniga, Oscar Puerto, Roger Orellana Irías, Lisandro Hernán Cruz, Juvenal Flores y Zenen Romero
La clase media estaba integrada por los pequeños comerciantes: Francisco Santos Ramírez, Rita Rodríguez, Toñita Soto, Hermanas Zelaya, Donaciano Navarrete, Leandrita Moya, Efigenia Espinoza, Toñita Castejón, Jacinto Sorto, Angelita de Nasser, Sara Reyes, Victoriano Bardales Nuñez; dueños de bares y cantinas: Lino E Santos, Domingo Urbina, Fausto Castejón Rafael Martínez, Arturo Rosales, Mercedes Ponce, Ángela Acosta y Lalo Rueda;
sastres: Samuel Rodríguez, Fermín Saravia, Aníbal Saravia, Emiliano Caballero, Alejandro Herrera, Federico Berrios, Raúl López, Felipe López Hernández, Rafael Martínez, Enrique Figueroa, Edgardo Posas Castro, José Martínez Caballero,, Laureano Irías, Efraín Duarte, Flavio Núñez, Rufino Calix Sevilla, Mario Membreño, Rolando Agurcia, David Lozano, Víctor Manuel Troches, Octavio Lozano, Julio Calix, Daniel Calix, Chico Calix, Hernán Melara, Blas Melara, José Abel Melara, Reynaldo Melara, Luis Alonso Posas, Osvaldo Sosa, Melton Bardales y Jaime Pérez; costureras: Toñita Soto, Cristelia Soto Sevilla, Olimpia Bardales Colindres, Donatila Colindres Bardales Colindres, Julia Bardales Rivera, Eva Varela, Lolita Varela, Rubenia Cartagena, María Fúnez Herrera, Hilda Armijo, Cordelia Castro, Lola Moya, Mercedes Ramos, Carmencita de Lanza, Eda Sandoval, Mercedes Sandoval, Amparito Caballero, Arnulfa Cano Ruiz, María Mercedes Cano Ruiz, Antonieta Chávez, Nila Chávez, Elvia Tinoco y Efigenia Espinoza;
ebanistas y carpinteros: Manuel Sandoval, Arturo Sandoval, Raúl Sandoval, Alberto Paguada, Salomón Busmail, Ángel Calix Merlo, Gumercindo Santos, Carlos Santos, Armando Santos, Francisco Ruiz (Chicho Ruiz), Ramón Castro, Salvador Morales, José María Rajo y Tiburcio Carias, estos dos últimos constructores de edificios y viviendas; los hoteleros; Leónidas Zuniga, Max Starkman, Elena Yacaman, Purificación Martínez y Argentina Bardales de Alvarenga; los médicos naturistas o curanderos: Rodrigo Núñez, Ramón Fúnez y Francisco Guillen D; y los intelectuales Dionisio Romero Narváez, Ramón Amaya Amador, Juan Ramón Fúnez, Lisandro Quesada, José Abel Melara, Faustino Calix, Roger Orellana Irías, Aquilino Díaz, Carlos Urcina Ramos, Luis Enrique Aguiluz, Juan Fernando Ávila Posas, Pablo Magín Romero, Antonio Romero, Francisco Sánchez, Wilfredo Mayorga, Juan Ramón Martínez, Ibrahim Puerto Posas y Blanca Amalia Sánchez.
El proletariado con bienes, estaba representado por los albañiles; Ramón Rosa, Héctor Ruiz, Beto Ruiz, Julián Pérez, Juan Pérez, Ernesto Rodríguez, Julio Herrera, Céleo Herrera, Héctor Ruiz y Beto Ruiz; el escribiente y archivero municipal Salomón Moya, el impresor Pablo Magín Romero; las floristas Lola de Cano y Dolores Martínez de Romero; los destazadores: Rubén Gómez, Leónidas Ruiz, Margarito Suazo, Daniel Lozano, Francisco Chahin, Jorge Chahin. Enrique Saravia, Ramón Cano, Samuel Posas, Tulio Cacarraco, Simeón Baca, Francisco Martínez, Martin Martínez, Jorge Martínez, Manito Guillen, Marcos Quezada, Tavo Soto, Cayo Sosa, Alfredo Villagra, Fernando Reyes, Tomas Almendarez, Pedro Sorto, Jorge Poste, Placido Almendarez, Pedro Posas y Francisco Posas;
los músicos: Leónidas Ruiz Cano, Ismael Soto, José Martínez Caballero, Ramón Rosa, Luis Vargas, Rolando Agurcia, Plutarco Meléndez, Israel Flores, Antonio Espinal, José Estrada, Renán Núñez, Bill Oneill Santos, Carlos Inocente Urcina Ramos, Gilberto Zelaya, Jorge Burgos, Elfego Fernández, Antonio Burdeth, Héctor Núñez, Donaciano Reyes Posas, Israel Arteaga, Héctor Martínez, Juan Carmen Cruz Pery, Manuel López, Ángel Calix Merlo, Purificación Reyes,, Chico Reyes y en Sabanetas desde donde se desplazaban a la ciudad, Tío Gabo Cutinche y Chame, músicos de cuerdas. Al integrarse por parte de Lino Santos el Conjunto Lux, encargado de amenizar las fiestas semanales que se celebran en el salón del mismo nombre, llegan a la ciudad músicos que hacen grupo con los músicos locales: Alejandro Lincan, Arnulfo Martínez, Gustavo Kilter, Morris Thompson, Hermes Talavera ( el arreglista y el director del Conjunto Musical), Plutarco Meléndez, José Estrada y Edgardo Reyes (cantante);
los mecánicos con taller: Ciriaco Núñez, Raúl Núñez Gomes, Lupercio Núñez, Armin Quesada, Ricardo Núñez, Héctor Murillo, Adelmo Urbina Martínez (Memo Tubo) e Israel Arteaga; los carpinteros: Ángel Calix Merlo, Francisco Cano, Ángel Torres; los vendedores de lotería: Raúl Rivera, Ángel Espinoza, Carlos Chávez hijo, Abel Zelaya, Antonio Narváez Rosales, Rigoberto Quesada, Conrado Quesada, Juan Edilberto Cano, Virginia Vaquedano, Irma Reyes, Simón Fajardo, Rubén Zapata, Antonio Almendarez y Telesforo Zapata que vendía la Lotería Mayor y tenía una clientela más extendida, incluso fuera de la ciudad de Olanchito; relojeros: Gonzalo Tablada y Roy Frazer; herreros y reparadores de pistolas: Pedro y Juan Janania; los canillitas distribuidores de periódicos: Bill Santos, ( El Cronista) Raúl Murillo (El Día), Cruz Pery (El Semáforo); los lustrabotas (todos menores de edad): Evelio Guillen, Roger Guillen, Oscar Rosa, Puri Rosa, José Rascof y Jardel Quesada; y los vendedores de golosinas Virgilio Cárcamo, José Rascoff, Luis “Pipi” Garay, Filadelfo Lobo, Teresa Sorto, Cesar Castro (Camarada) que vendía las famosas “estrellitas” de hielo y miel de diversos colores. Y otros más, que hacían sus ventas en los campos bananeros cercanos.
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sábado, 27 de diciembre de 2014
Las familias Navarro y Sandoval de Olanchito
Por : Ramón Ovidio Navarro D.
Con mi respetuoso saludo,Lic Juan Ramon Martinez después de la lectura de su artículo publicado en la página 7-B, “Anales Históricos”: Olanchito entre 1948 y 1963, 25 años de lento desarrollo, en “Diario LA TRIBUNA”, que circuló el domingo 23 de noviembre de 2014, lo felicito por tan valioso aporte para la cultura y la historia de nuestra sociedad que se alimenta de las ideas, conceptos y acontecimientos que relatan y escriben personajes de las letras y de la comunicación como usted, quien se merece las felicitaciones de sus lectores.
Sin ser historiador, analista, escritor u orientador de la opinión pública, comparto el contenido de su mencionado trabajo.
Me impulsa escribirle estos párrafos para aportarle, si usted lo tiene a bien considerar, que yo crecí en el hogar de mis abuelos paternos Mariano Navarro Pouvert y Mercedes Sandoval de Navarro, ambos oriundos de Olanchito, no pertenecientes a clases privilegiadas, honrados, trabajadores, pero bien reconocidos por todas las familias del lugar. Yo no nací en Olanchito, nací en la ciudad Puerto de Trujillo, departamento de Colón, pero adoptivo de Olanchito y de El Progreso, departamento de Yoro. Fui trasladado a Olanchito a la edad de nueve meses, al hogar de mis mencionados abuelos. En Olanchito, inicié la escuela primaria, recordando siempre a mis maestros: Andrés López Díaz y Joaquín Reyes, en la escuela primaria “Modesto Chacón”.
Mis abuelos cultivaron en mí, grandes valores y principios, que creo honrarlos hasta el último día de mi existencia, adhiriendo a ello la formación que me dieron mis padres también: Ramón Navarro Sandoval y Amelia Duarte.
Quiero destacar, porque quizás no lo registren su memoria y sus datos históricos, que el hogar de mis abuelos estaba constituido en su humilde propiedad, con un amplio solar, exactamente frente a la casa de don Francisco Núñez Oseguera, quien junto con su esposa Juanita me vieron crecer desde los nueve meses de edad, lo mismo que don Alirio Ponce Tejeda, su esposa doña Francis y don Felipe Ponce y su esposa doña Cayita Posas, lo mismo que don Mauricio Ramírez y su esposa doña Chayina. Contiguo a la propiedad de mis abuelos Mariano y Mercedes, establecieron la farmacia La Nueva, don Alirio y doña Francis, haciendo un mismo solar con la nuestra (de mis abuelos), aunque antes la tenían al frente, contiguo a la casa de don Francisco Núñez Oseguera.
Mi abuelo Mariano Navarro Pouvert fue un ciudadano ejemplar, que ejerció por algún tiempo el cargo de juez de Paz, pero también sabía el oficio de zapatero. En ambas ocupaciones, generó el sentirse honrada toda la familia. Mi abuela Mercedes, también muy reconocida, por su devoción a la Iglesia Católica y su condición de modista, que entonces le llamaban “costurera”, además fue un ejemplo de unidad de la familia, de principios morales, de cultura y educación.
Debo adicionar, que mi abuela Mercedes le enseñó las primeras letras, mediante el procedimiento de enseñanza por cartilla, a diversos personajes de la ciudad. No tengo absoluta seguridad si sus primeras letras las aprendieron con ella, grandes hombres de talento, como el periodista don Dionisio Romero Narváez y el recordado escritor don Céleo Murillo Soto, a quienes conocí siendo yo un estudiante en cuanto al primeramente mencionado y al segundo ya habiendo culminado mis estudios de abogacía, todo por habérmelos presentado mi padre, con quienes eran grandes amigos.
Es del caso mencionar, que mi abuela era comadre con doña Chabelita Amaya, quien tenía su casa de habitación frente a la Plaza Central ahora parque Central, donde había crecido un gran árbol de ceiba o “ceibón”, así llamado popularmente por los de la época. Por encargo de mi abuela Mercedes, para decir mejor: por mandados, llegaba frecuentemente a saludar a doña Chabelita, madre del orgullo de las letras hondureñas, escritor y novelista don Ramón Amaya Amador, a quien veía de pie en el corredor de la casa de su madre. Posteriormente lo volví a ver, ya en el exilio, en ciudad de Guatemala, precisamente en un parque de la capital, presentándomelo mi padre, como amigo de él y explicándome ser el autor de Prisión Verde, ya para entonces yo estudiaba en el instituto José Trinidad Reyes y mi padre, en período de vacaciones me llevó a Guatemala con el objeto de una intervención quirúrgica de amigdalitis, pudiendo haberlo hecho en uno de los hospitales de la Tela Rail Road Company, de la cual era empleado mi padre, pero él dispuso viajar a Guatemala para entrevistarse con el novelista Amaya Amador, con quien sostuvieron excelentes relaciones de amistad, sin considerar el pensamiento o ideología de ambos, sino poniendo como prioridad la amistad de sus respectivas madres y la propia de ellos. Tuve el honor de conocer a la madre del novelista y a él en las dos circunstancias: haciendo “mandados de mi abuela” y posteriormente en su situación de exilio él y nosotros de visita en Guatemala.
No es mi propósito ser vanidoso en la alusión a los hechos y acontecimientos que le expreso en esta nota, sino aportar a su voluminosos hechos históricos en su poder y honrar la memoria de mis ascendientes, integrados en las familias Navarro y Sandoval, de esta última quedan muchas y muchos, de quienes me enorgullezco por su honradez, laboriosidad, principios cristianos y sobre todo integración familiar y poseedores de un sólido cariño entre sí y para el prójimo.
Muchas personas que aún existen y me merecen respeto y admiración recuerdan estos y otros hechos que pueden contribuir a la historia. Solamente tengo en mi memoria a una apreciable dama que dichosamente la tenemos en nuestra sociedad y que recuerda a mis ascendientes y colaterales, como a quien cariñosamente le llamamos doña Locha Caballero. Mi reconocimiento para ella y sus hijas y demás familia.
Finalmente deseo destacar que siendo niño conocí a muchas de las personas distinguidas y honorables que usted menciona y que una de ellas, don Nemecio Cárcamo, a quien llamábamos todos de la familia: Tío Mencho, fue casado con mi tía Tila Sandoval, quien recientemente falleció en Olanchito y que me unen lazos de amistad y familiares así como con otras de las familias que usted menciona.
Se adhieren a esta relación de hechos mis hermanos Guillermo Ordóñez Duarte, Orbelina, Olinda Suyapa, José Omar Navarro Duarte, Miriam y Yolanda Navarro.
No persigo publicidad con esta iniciativa de escribirle, sino que quizás usted lo considere para sus reseñas históricas, que como dice al final de lo escrito en tan prestigiado medio: “continuará en el próximo número”.
Dejo a su ilustrado criterio tomar en consideración lo escrito en estos párrafos. “Soy un simple abogado y notario, viendo caer la tempestad en este país” (sic).
“La historia es testimonio de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, anuncio de la antigüedad”. (CICERON: de oratoria).
Con demostraciones de mi mayor consideración, dejando constancia de mi agradecimiento, me suscribo de usted, atentamente.
Fuente : Diario La Tribuna Seccion Anales Historicos 14 Diciembre 2014
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Con mi respetuoso saludo,Lic Juan Ramon Martinez después de la lectura de su artículo publicado en la página 7-B, “Anales Históricos”: Olanchito entre 1948 y 1963, 25 años de lento desarrollo, en “Diario LA TRIBUNA”, que circuló el domingo 23 de noviembre de 2014, lo felicito por tan valioso aporte para la cultura y la historia de nuestra sociedad que se alimenta de las ideas, conceptos y acontecimientos que relatan y escriben personajes de las letras y de la comunicación como usted, quien se merece las felicitaciones de sus lectores.
Sin ser historiador, analista, escritor u orientador de la opinión pública, comparto el contenido de su mencionado trabajo.
Me impulsa escribirle estos párrafos para aportarle, si usted lo tiene a bien considerar, que yo crecí en el hogar de mis abuelos paternos Mariano Navarro Pouvert y Mercedes Sandoval de Navarro, ambos oriundos de Olanchito, no pertenecientes a clases privilegiadas, honrados, trabajadores, pero bien reconocidos por todas las familias del lugar. Yo no nací en Olanchito, nací en la ciudad Puerto de Trujillo, departamento de Colón, pero adoptivo de Olanchito y de El Progreso, departamento de Yoro. Fui trasladado a Olanchito a la edad de nueve meses, al hogar de mis mencionados abuelos. En Olanchito, inicié la escuela primaria, recordando siempre a mis maestros: Andrés López Díaz y Joaquín Reyes, en la escuela primaria “Modesto Chacón”.
Mis abuelos cultivaron en mí, grandes valores y principios, que creo honrarlos hasta el último día de mi existencia, adhiriendo a ello la formación que me dieron mis padres también: Ramón Navarro Sandoval y Amelia Duarte.
Quiero destacar, porque quizás no lo registren su memoria y sus datos históricos, que el hogar de mis abuelos estaba constituido en su humilde propiedad, con un amplio solar, exactamente frente a la casa de don Francisco Núñez Oseguera, quien junto con su esposa Juanita me vieron crecer desde los nueve meses de edad, lo mismo que don Alirio Ponce Tejeda, su esposa doña Francis y don Felipe Ponce y su esposa doña Cayita Posas, lo mismo que don Mauricio Ramírez y su esposa doña Chayina. Contiguo a la propiedad de mis abuelos Mariano y Mercedes, establecieron la farmacia La Nueva, don Alirio y doña Francis, haciendo un mismo solar con la nuestra (de mis abuelos), aunque antes la tenían al frente, contiguo a la casa de don Francisco Núñez Oseguera.
Mi abuelo Mariano Navarro Pouvert fue un ciudadano ejemplar, que ejerció por algún tiempo el cargo de juez de Paz, pero también sabía el oficio de zapatero. En ambas ocupaciones, generó el sentirse honrada toda la familia. Mi abuela Mercedes, también muy reconocida, por su devoción a la Iglesia Católica y su condición de modista, que entonces le llamaban “costurera”, además fue un ejemplo de unidad de la familia, de principios morales, de cultura y educación.
Debo adicionar, que mi abuela Mercedes le enseñó las primeras letras, mediante el procedimiento de enseñanza por cartilla, a diversos personajes de la ciudad. No tengo absoluta seguridad si sus primeras letras las aprendieron con ella, grandes hombres de talento, como el periodista don Dionisio Romero Narváez y el recordado escritor don Céleo Murillo Soto, a quienes conocí siendo yo un estudiante en cuanto al primeramente mencionado y al segundo ya habiendo culminado mis estudios de abogacía, todo por habérmelos presentado mi padre, con quienes eran grandes amigos.
Es del caso mencionar, que mi abuela era comadre con doña Chabelita Amaya, quien tenía su casa de habitación frente a la Plaza Central ahora parque Central, donde había crecido un gran árbol de ceiba o “ceibón”, así llamado popularmente por los de la época. Por encargo de mi abuela Mercedes, para decir mejor: por mandados, llegaba frecuentemente a saludar a doña Chabelita, madre del orgullo de las letras hondureñas, escritor y novelista don Ramón Amaya Amador, a quien veía de pie en el corredor de la casa de su madre. Posteriormente lo volví a ver, ya en el exilio, en ciudad de Guatemala, precisamente en un parque de la capital, presentándomelo mi padre, como amigo de él y explicándome ser el autor de Prisión Verde, ya para entonces yo estudiaba en el instituto José Trinidad Reyes y mi padre, en período de vacaciones me llevó a Guatemala con el objeto de una intervención quirúrgica de amigdalitis, pudiendo haberlo hecho en uno de los hospitales de la Tela Rail Road Company, de la cual era empleado mi padre, pero él dispuso viajar a Guatemala para entrevistarse con el novelista Amaya Amador, con quien sostuvieron excelentes relaciones de amistad, sin considerar el pensamiento o ideología de ambos, sino poniendo como prioridad la amistad de sus respectivas madres y la propia de ellos. Tuve el honor de conocer a la madre del novelista y a él en las dos circunstancias: haciendo “mandados de mi abuela” y posteriormente en su situación de exilio él y nosotros de visita en Guatemala.
No es mi propósito ser vanidoso en la alusión a los hechos y acontecimientos que le expreso en esta nota, sino aportar a su voluminosos hechos históricos en su poder y honrar la memoria de mis ascendientes, integrados en las familias Navarro y Sandoval, de esta última quedan muchas y muchos, de quienes me enorgullezco por su honradez, laboriosidad, principios cristianos y sobre todo integración familiar y poseedores de un sólido cariño entre sí y para el prójimo.
Muchas personas que aún existen y me merecen respeto y admiración recuerdan estos y otros hechos que pueden contribuir a la historia. Solamente tengo en mi memoria a una apreciable dama que dichosamente la tenemos en nuestra sociedad y que recuerda a mis ascendientes y colaterales, como a quien cariñosamente le llamamos doña Locha Caballero. Mi reconocimiento para ella y sus hijas y demás familia.
Finalmente deseo destacar que siendo niño conocí a muchas de las personas distinguidas y honorables que usted menciona y que una de ellas, don Nemecio Cárcamo, a quien llamábamos todos de la familia: Tío Mencho, fue casado con mi tía Tila Sandoval, quien recientemente falleció en Olanchito y que me unen lazos de amistad y familiares así como con otras de las familias que usted menciona.
Se adhieren a esta relación de hechos mis hermanos Guillermo Ordóñez Duarte, Orbelina, Olinda Suyapa, José Omar Navarro Duarte, Miriam y Yolanda Navarro.
No persigo publicidad con esta iniciativa de escribirle, sino que quizás usted lo considere para sus reseñas históricas, que como dice al final de lo escrito en tan prestigiado medio: “continuará en el próximo número”.
Dejo a su ilustrado criterio tomar en consideración lo escrito en estos párrafos. “Soy un simple abogado y notario, viendo caer la tempestad en este país” (sic).
“La historia es testimonio de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, anuncio de la antigüedad”. (CICERON: de oratoria).
Con demostraciones de mi mayor consideración, dejando constancia de mi agradecimiento, me suscribo de usted, atentamente.
Fuente : Diario La Tribuna Seccion Anales Historicos 14 Diciembre 2014
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jueves, 10 de abril de 2014
Personalidades de Olanchito en diferentes gabinetes de gobierno
Por: Juan F. Avila
Francisco J. Mejía Posantes: Ministro de Guerra y Marina en el gabinete provisional de gobierno del doctor Francisco Bertrand, a partir del 28 de marzo de 1911.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del General Manuel Bonilla Chirinos, a partir del 1 de febrero de 1912.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del Doctor Alberto Membreño Márquez, a partir del 5 al 15 de agosto de 1915.
Ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del Dr. Alberto Membreño Márquez.
Ministro de Gobernación y Justicia y designado presidencial a partir del 8 de febrero de 1916 en el gobierno del doctor Francisco Bertrand Barahona.
Finalmente figuró como precandidato presidencial por el Partido Nacional, cuando le sorprendió la muerte en forma inesperada.
Andrés Avelino Alvarado Puerto: Ministro de Recursos Naturales en el gobierno de la Junta Militar de 1956-1957.
Ministro de Relaciones Exteriores de 1957 a 1963 en el Gobierno Liberal presidido por el Dr. Ramón Villeda Morales.
Ministro de Relaciones del 6 de junio de 1971 al 4 de diciembre de 1972 en la administración del gobierno de Integración Nacional presidido por el Dr. Ramón Ernesto Cruz.
Precandidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberal de 1962-1963.
Embajador en Costa Rica de 1978 al 2000 durante el gobierno liberal del Ing. Carlos Flores Facussé.
Horacio Moya Posas: Diputado durante diez y seis años de dictadura del General Tiburcio Carías Andino.
Fiscal general de la República en el gobierno del Dr. Juan Manuel Gálvez.
Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1957.
Diputado al Congreso Nacional de 1957 a 1963 en representación del Partido Nacional. Ministro director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la administración del Dr. Ramón Ernesto Cruz (nacionalista).
Designado presidencial de 1965-1971 en la administración del general Oswaldo López Arellano promovida por el Partido Nacional.
Amílcar Zelaya Rodríguez: Comandante del Agrupamiento Táctico Especial.
Comandante en jefe de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP) Policía Nacional.
Miembro del triunvirato que asumió el poder de la nación el 7 de agosto de 1978 al 25 de julio de 1979.
Elvin Ernesto Santos Lozano: Diputado al Congreso Nacional en representación del Partido Liberal de 1965-1971.
Presidente del Consejo Metropolitano del Distrito Central de 1982-1984.
Ministro de Recursos Naturales en el gobierno liberal presidido por el Ing. Carlos Roberto Flores Facussé. 1998-2002. Precandidato presidencial por el Partido Liberal. Candidato a designado presidencial por el Partido Liberal en la planilla encabezada por el licenciado Óscar Mejía Arellano.
Embajador y representante de Honduras ante la FAO en el gobierno del liberal Manuel Zelaya Rosales.
Regino Quesada Ramírez: Viceministro de Recursos Naturales en la administración liberal presidida por el doctor Roberto Suazo Córdova. 1982-1986.
Lisandro Quesada Bardales: Secretario de Prensa del presidente liberal José Azcona Hoyo de 1986-1990. Ministro de Cultura y Turismo de 1986-1988 en la administración liberal del Ing. José Azcona Hoyo.
Director de la Empresa Nacional de Artes Gráficas (ENAG) en la administración liberal de José Azcona Hoyo. 1986-1990.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1986-1990 en representación del Partido Liberal.
Diputado al Parlamento Centroamericano en representación del Partido Liberal de Honduras.
Luis Alonso Quesada: Viceministro de Recursos Naturales en la administración presidencial del Ing. José Azcona Hoyo. 1986-1990.
José Luis Melara Murillo: Viceministro de Cultura de 1989-1990 en la Administración del Ing. José Azcona Hoyo.
Moisés Starkman Pinel: Asesor en Proyectos Especiales de la Presidencia de la República en la administración presidida por el Dr. Roberto Suazo Córdova.
Director de la División de Recursos para el Desarrollo de la Secretaría Técnica del Consejo Superior de Planificación Económica (CONSUPLANE).
Ministro del Consejo de Planificación Económica (CONSUPLANE) de 1984 a 1986.
Ministro de Asuntos Económicos de la Embajada de Honduras en Washington D.C. de 1982-1984.
Precandidato Presidencial por el Partido Liberal de Honduras 1997-1998.
Juan Ramón Martínez B: Ministro Director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la Administración Presidencial del Licenciado Rafael Leonardo Callejas Romero. 1990-1993.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1996-1997.
Candidato a la Presidencia de la República por el Partido Demócrata Cristiano de Honduras durante el período 2005.
Carlos Chahin Chahin: Ministro de Economía en la administración nacionalista del licenciado Rafael Leonardo Callejas. 1989-1990.
Arturo Morales Fúnez: Viceministro de la Secretaría de Planificación Económica en el gobierno liberal del doctor Carlos Roberto Reina. Gerente general de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (HONDUTEL) de 1996 a 1998 en el gobierno del Dr. Carlos Roberto Reina.
Hugo Castillo Aldana: Viceministro de Finanzas en la administración liberal del Ing. Carlos Roberto Flores F. 1998-2002.
Viceministro de Finanzas en la administración nacionalista presidida por Ricardo Maduro Joest.
Viceministro de Finanzas en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales 2006-2009.
Viceministro de Finanzas en la Administración del liberal Roberto Micheletti Baín de julio 2009 a febrero 2010.
Asesor fiscal en la administración del nacionalista Porfirio Lobo Sosa hasta la fecha 2010-2014.
Juan Fernando Ávila P.: Asesor cultural en la Dirección de Asuntos Culturales y de la Dirección de Soberanía y Fronteras de la Secretaría de Relaciones Exteriores en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales junio de 2006 a marzo 2008.
Viceministro de Cultura, Artes y Deportes en la administración presidida por el liberal Roberto Micheletti Baín del 2009 a febrero de 2010.
María Dilma Quesada Martínez: Diputada a la Asamblea Nacional Constituyente de 1982.
Diputada al Congreso Nacional. 1982-1986.
Diputada al Congreso Nacional 1998-2002.
Secretaría Privada con rango de ministra del presidente Roberto Micheletti Baín 2009 a febrero 2010.
Presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres en Representación de Honduras con Sede en Washington D.C.
Candidata a diputada al Parlamento Centroamericano en las elecciones practicadas el 24 de noviembre del 2013.
Fermina Puerto Oseguera: Viceministra de la Secretaría de CELAC en el gobierno nacionalista del licenciado Porfirio Lobo Sosa 2012-2014.
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Francisco J. Mejía Posantes: Ministro de Guerra y Marina en el gabinete provisional de gobierno del doctor Francisco Bertrand, a partir del 28 de marzo de 1911.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del General Manuel Bonilla Chirinos, a partir del 1 de febrero de 1912.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del Doctor Alberto Membreño Márquez, a partir del 5 al 15 de agosto de 1915.
Ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del Dr. Alberto Membreño Márquez.
Ministro de Gobernación y Justicia y designado presidencial a partir del 8 de febrero de 1916 en el gobierno del doctor Francisco Bertrand Barahona.
Finalmente figuró como precandidato presidencial por el Partido Nacional, cuando le sorprendió la muerte en forma inesperada.
Andrés Avelino Alvarado Puerto: Ministro de Recursos Naturales en el gobierno de la Junta Militar de 1956-1957.
Ministro de Relaciones Exteriores de 1957 a 1963 en el Gobierno Liberal presidido por el Dr. Ramón Villeda Morales.
Ministro de Relaciones del 6 de junio de 1971 al 4 de diciembre de 1972 en la administración del gobierno de Integración Nacional presidido por el Dr. Ramón Ernesto Cruz.
Precandidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberal de 1962-1963.
Embajador en Costa Rica de 1978 al 2000 durante el gobierno liberal del Ing. Carlos Flores Facussé.
Horacio Moya Posas: Diputado durante diez y seis años de dictadura del General Tiburcio Carías Andino.
Fiscal general de la República en el gobierno del Dr. Juan Manuel Gálvez.
Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1957.
Diputado al Congreso Nacional de 1957 a 1963 en representación del Partido Nacional. Ministro director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la administración del Dr. Ramón Ernesto Cruz (nacionalista).
Designado presidencial de 1965-1971 en la administración del general Oswaldo López Arellano promovida por el Partido Nacional.
Amílcar Zelaya Rodríguez: Comandante del Agrupamiento Táctico Especial.
Comandante en jefe de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP) Policía Nacional.
Miembro del triunvirato que asumió el poder de la nación el 7 de agosto de 1978 al 25 de julio de 1979.
Elvin Ernesto Santos Lozano: Diputado al Congreso Nacional en representación del Partido Liberal de 1965-1971.
Presidente del Consejo Metropolitano del Distrito Central de 1982-1984.
Ministro de Recursos Naturales en el gobierno liberal presidido por el Ing. Carlos Roberto Flores Facussé. 1998-2002. Precandidato presidencial por el Partido Liberal. Candidato a designado presidencial por el Partido Liberal en la planilla encabezada por el licenciado Óscar Mejía Arellano.
Embajador y representante de Honduras ante la FAO en el gobierno del liberal Manuel Zelaya Rosales.
Regino Quesada Ramírez: Viceministro de Recursos Naturales en la administración liberal presidida por el doctor Roberto Suazo Córdova. 1982-1986.
Lisandro Quesada Bardales: Secretario de Prensa del presidente liberal José Azcona Hoyo de 1986-1990. Ministro de Cultura y Turismo de 1986-1988 en la administración liberal del Ing. José Azcona Hoyo.
Director de la Empresa Nacional de Artes Gráficas (ENAG) en la administración liberal de José Azcona Hoyo. 1986-1990.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1986-1990 en representación del Partido Liberal.
Diputado al Parlamento Centroamericano en representación del Partido Liberal de Honduras.
Luis Alonso Quesada: Viceministro de Recursos Naturales en la administración presidencial del Ing. José Azcona Hoyo. 1986-1990.
José Luis Melara Murillo: Viceministro de Cultura de 1989-1990 en la Administración del Ing. José Azcona Hoyo.
Moisés Starkman Pinel: Asesor en Proyectos Especiales de la Presidencia de la República en la administración presidida por el Dr. Roberto Suazo Córdova.
Director de la División de Recursos para el Desarrollo de la Secretaría Técnica del Consejo Superior de Planificación Económica (CONSUPLANE).
Ministro del Consejo de Planificación Económica (CONSUPLANE) de 1984 a 1986.
Ministro de Asuntos Económicos de la Embajada de Honduras en Washington D.C. de 1982-1984.
Precandidato Presidencial por el Partido Liberal de Honduras 1997-1998.
Juan Ramón Martínez B: Ministro Director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la Administración Presidencial del Licenciado Rafael Leonardo Callejas Romero. 1990-1993.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1996-1997.
Candidato a la Presidencia de la República por el Partido Demócrata Cristiano de Honduras durante el período 2005.
Carlos Chahin Chahin: Ministro de Economía en la administración nacionalista del licenciado Rafael Leonardo Callejas. 1989-1990.
Arturo Morales Fúnez: Viceministro de la Secretaría de Planificación Económica en el gobierno liberal del doctor Carlos Roberto Reina. Gerente general de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (HONDUTEL) de 1996 a 1998 en el gobierno del Dr. Carlos Roberto Reina.
Hugo Castillo Aldana: Viceministro de Finanzas en la administración liberal del Ing. Carlos Roberto Flores F. 1998-2002.
Viceministro de Finanzas en la administración nacionalista presidida por Ricardo Maduro Joest.
Viceministro de Finanzas en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales 2006-2009.
Viceministro de Finanzas en la Administración del liberal Roberto Micheletti Baín de julio 2009 a febrero 2010.
Asesor fiscal en la administración del nacionalista Porfirio Lobo Sosa hasta la fecha 2010-2014.
Juan Fernando Ávila P.: Asesor cultural en la Dirección de Asuntos Culturales y de la Dirección de Soberanía y Fronteras de la Secretaría de Relaciones Exteriores en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales junio de 2006 a marzo 2008.
Viceministro de Cultura, Artes y Deportes en la administración presidida por el liberal Roberto Micheletti Baín del 2009 a febrero de 2010.
María Dilma Quesada Martínez: Diputada a la Asamblea Nacional Constituyente de 1982.
Diputada al Congreso Nacional. 1982-1986.
Diputada al Congreso Nacional 1998-2002.
Secretaría Privada con rango de ministra del presidente Roberto Micheletti Baín 2009 a febrero 2010.
Presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres en Representación de Honduras con Sede en Washington D.C.
Candidata a diputada al Parlamento Centroamericano en las elecciones practicadas el 24 de noviembre del 2013.
Fermina Puerto Oseguera: Viceministra de la Secretaría de CELAC en el gobierno nacionalista del licenciado Porfirio Lobo Sosa 2012-2014.
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viernes, 28 de febrero de 2014
Orlando Diaz Nuñes : el abogado íntegro
Por : Juan Ramon Martinez
Quiero referirme a otro abogado ejemplar, intransigente en la práctica de las virtudes; y fiero defensor de la aplicación de la ley: Orlando Díaz Núñez, nacido en el municipio de Olanchito y muerto la semana pasada aquí en Tegucigalpa, cuando recién había cumplido 71 años de edad. Orlando fue mi compañero en las aulas de la educación primaria en la escuela Modesto Chacón de Olanchito, Yoro. Era un compañero muy serio, poco dado a la broma o al juego. Bien vestido -al fin y al cabo era hijo de uno de los más prósperos ganaderos del Valle Arriba, Fabricio Díaz- callado, y muy dedicado a sus tareas. Los profesores no tuvieron que luchar con sus hábitos y comportamientos. Venía de un hogar muy respetable, en donde le crearon los valores que organizaron su vida. Y como no quería quedar bien con nadie, no asimilaba el comportamiento de los líderes más bullangueros de la grulla estudiantil; ni desarrollaba actitudes que lo alejaran de su original formación familiar. Siempre estaba puntual en el aula, formaba correctamente en el lugar que correspondía a su estatura que era mediana; y llevaba siempre sus tareas que entonces eran obligatorias y revisadas al detalle por el profesor de grado.
En sexto grado, no se presentó a la escuela Modesto Chacón. No le dimos mayor importancia porque muchos se retiraban antes de concluir los 6 años reglamentarios. Mucho después, en su bufete profesional, en una cómoda conversación en donde unimos las mutuas nostalgias, me contó que en ese año, 1954 para ser precisos, se trasladó a la escuela “Esteban Sosa” en donde su profesora de grado fue Hortensia de Zelaya que, por razones familiares se había trasladado de Catacamas a Coyoles Central -situado a 12 kilómetros de Olanchito- y muy cercano a la hacienda donde él vivía con sus padres. De modo, me dijo que “llegaba temprano a la escuela montado a caballo, recibía mis clases, en el almuerzo comía alimentos que me preparaba mi mamá”; y después de las cinco de la tarde, emprendía el regreso a su casa para reunirse con sus progenitores. Diariamente, contó, le llevaba un litro de leche, recién ordeñada para su hijo mayor. Hasta que “un día me castigó injustamente; y decidí que nunca más le volvería a llevar leche”.
Argelio Castro -abogado que goza de mi respeto y admiración; y que fuera compañero de secundaria de Orlando en el Bonilla de La Ceiba- rindió testimonio, en sus funerales, diciendo que, una vez hecho abogado se dedicó a la práctica del derecho, al desempeño de la función pública de director del Ministerio de Trabajo. En su gestión, dijo Castro, fue ejemplar. Defensor de la ley; pero facilitador de los acuerdos entre las partes. Intransigente consigo mismo, pero flexible para que los otros conciliaran sus intereses. Cuando representó a Honduras en la OIT, Orlando Díaz dejó bien sentado el nombre de nuestro país, por su dedicación al estudio y por su talento en el diseño de normas que crearon derecho del trabajo en dimensiones universales. Castro que fue subsecretario de Trabajo, dio testimonio del orgullo que sintió cuando le acompañó. Misma cosa que siento en este momento en que lo despido, orgulloso de haber sido su compañero y su admirador por su rectitud profesional.
lunes, 3 de febrero de 2014
Diccionario de las Lenguas de Honduras será presentado en Casa de América
El Diccionario de las Lenguas de Honduras será presentado el próximo miércoles en Casa de América, en Madrid, informó hoy el director del Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET), Álvaro Ortega.
El evento correrá a cargo del director general de la Casa América, Tomás Poveda, con la participación del embajador de Honduras en España, Norman García, y el exembajador español en Tegucigalpa Luis Belzuz de los Ríos, indicó Ortega a Acan-Efe.
También participará el jefe de Departamento de Cooperación y Promoción Cultural de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Guillermo Escribano.
Ortega recordó que el diccionario es el fruto de cuatro años de trabajo de la Academia Hondureña de la Lengua, acompañados por el CCET y la AECID, y ha contado con un equipo amplio de lingüistas coordinados por el escritor hondureño Víctor Manuel Ramos
Todos ellos han hecho posible un diccionario básico escolar, con 5.000 registros y su correspondiente traducción a las siete lenguas autóctonas de Honduras: chortí, garífuna, misquita, pech, tawahka, tolupán y la variante del inglés de la población isleña, en el departamento de Islas de la Bahía, en el Caribe hondureño.
El proyecto preveía tanto el registro y documentación de la diversidad lingüística de Honduras como la divulgación de su riqueza, por lo que tras la presentación de la publicación en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se ha procedido a una mayor promoción de la obra, indicó Ortega.
Añadió que el diccionario primero se divulgó en el sistema educativo hondureño, especialmente en el ámbito de la educación bilingüe intercultural, y luego en otros espacios con proyección nacional e internacional.
La obra también ha sido incorporada a la Biblioteca Virtual de las Letras Hondureñas, y en octubre de 2013 se difundió en Panamá durante el VI Congreso Internacional de la Lengua Española.
Entre el 12 de noviembre de 2013 y el 6 de enero de 2014, formó parte del la muestra bibliográfica de la exposición “cooperaciónESdesarrollo”, organizada en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, por la AECID, como parte de la celebración de los 25 años de la Cooperación Española.
Después de ser presentado en Casa de América, se oficializará el próximo día 12 en el CCET un portal web especializado para facilitar la consulta del diccionario desde cualquier lugar del mundo, señaló Ortega.
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El evento correrá a cargo del director general de la Casa América, Tomás Poveda, con la participación del embajador de Honduras en España, Norman García, y el exembajador español en Tegucigalpa Luis Belzuz de los Ríos, indicó Ortega a Acan-Efe.
También participará el jefe de Departamento de Cooperación y Promoción Cultural de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Guillermo Escribano.
Ortega recordó que el diccionario es el fruto de cuatro años de trabajo de la Academia Hondureña de la Lengua, acompañados por el CCET y la AECID, y ha contado con un equipo amplio de lingüistas coordinados por el escritor hondureño Víctor Manuel Ramos
Todos ellos han hecho posible un diccionario básico escolar, con 5.000 registros y su correspondiente traducción a las siete lenguas autóctonas de Honduras: chortí, garífuna, misquita, pech, tawahka, tolupán y la variante del inglés de la población isleña, en el departamento de Islas de la Bahía, en el Caribe hondureño.
El proyecto preveía tanto el registro y documentación de la diversidad lingüística de Honduras como la divulgación de su riqueza, por lo que tras la presentación de la publicación en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se ha procedido a una mayor promoción de la obra, indicó Ortega.
Añadió que el diccionario primero se divulgó en el sistema educativo hondureño, especialmente en el ámbito de la educación bilingüe intercultural, y luego en otros espacios con proyección nacional e internacional.
La obra también ha sido incorporada a la Biblioteca Virtual de las Letras Hondureñas, y en octubre de 2013 se difundió en Panamá durante el VI Congreso Internacional de la Lengua Española.
Entre el 12 de noviembre de 2013 y el 6 de enero de 2014, formó parte del la muestra bibliográfica de la exposición “cooperaciónESdesarrollo”, organizada en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, por la AECID, como parte de la celebración de los 25 años de la Cooperación Española.
Después de ser presentado en Casa de América, se oficializará el próximo día 12 en el CCET un portal web especializado para facilitar la consulta del diccionario desde cualquier lugar del mundo, señaló Ortega.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Recordando al Br. Carlos Ramos Martinez
El Br. Carlos Ramos Martínez, estudiante brillante y ágil orador del Instituto Francisco J. Mejía, recibió –durante el gobierno del expresidente Villeda Morales- una beca para efectuar estudios militares en Venezuela. Fue una sorpresa para muchos de los que éramos compañeros de colegio suyos, el que se haya acogido al ofrecimiento del gobierno liberal que quería, discretamente, introducir al interior de las Fuerzas Armadas, oficiales graduados en el exterior y que simpatizaran con el pensamiento liberal, en vista que para entonces la institución era vista como una simple guarida del Partido Nacional. En 1963, Carlos Ramos Martínez regresó, con vistosos uniformes militares de Caracas Venezuela, ostentando el grado de subteniente.
Al intentar ingresar a las Fuerzas Armadas de Honduras, encontró muchos obstáculos, la mayoría de los cuales son todavía desconocidos. El caso fue que el subteniente y Bachiller Ramos Martínez, no tuvo otra alternativa que regresar a su ciudad natal, en donde se incorporó como docente en el Instituto Francisco J. Mejía. Sirvió clases de matemáticas, filosofía y deportes, entre otras asignaturas. Esta fotografía, tomada en 1969, muestra a Carlos Ramos Martínez, con los alumnos y alumnas del tercer curso del ciclo común de cultura general.
Junto al profesor Carlos Ramos Martínez, se pueden identificar a Julio Salomón Herrera, Carlos Urcina hijo, Fernando Servellón Durán, Alfredo Ramos Saravia (QDDG), Edil Herrera, Amílcar Vallecillo, Mirna Aguilar Sevilla, María Almendárez, Miriam Chávez, Elsa Salas, Alberto Martínez, Maribel Rivera, Rosa Amalia Escobar (QDDG), Amarilis Ramos Reyes, Marco Antonio Caballero (invitado), Lino Murillo (invitado), Max Batres Murillo (invitado), Jesús Orellana y Nuvis Serrano. Ramos Martínez murió algunos años después en forma imprevista.
Su fallecimiento y entierro en el cementerio local, fue un acontecimiento singular de masas, en vista que para entonces era un reputado e indiscutible líder liberal, llamado a encabezar la fórmula de diputados por el departamento de Yoro. A su sepelio concurrió el doctor Modesto Rodas Alvarado que pronunció un discurso memorable, elogiando las virtudes del fallecido Bachiller y subteniente Carlos Ramos Martínez (JRMA).
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domingo, 18 de agosto de 2013
“LIBERAL… Y… ¡CON PISTOLA”!
Por : Juan Ramon Martinez
Mamá contaba que eran tiempos muy difíciles. La Policía vigilaba los movimientos de todos, especialmente a los extraños que se aparecían en la ciudad en donde vivíamos. Pero le tenía el ojo puesto a los liberales. Le teníamos miedo a la Policía y a los informantes, llamados orejas, contaba mamá, mientras papá, con su pipa al lado, sonreía en forma socarrona. Si queríamos ir a otro pueblo o ciudad, por lo que fuera, debíamos sacar un salvoconducto.
Pero si no obedecíamos, la autoridad que estaba a toda hora en las cuatro alcabalas que correspondían a las salidas de la ciudad, reclamaba el documento; y si no lo mostrábamos éramos devueltos y puestos en prisión por lo menos durante una semana.
No habían periódicos, sino un pequeño semanario católico que, ocupado en las reproducciones bíblicas, la única política que se le permitía era felicitar al salvador de la Patria, su excelencia Bienvenido Irías, el presidente de la nueva República. “Pero era más seguro que ahora”, dijo papá. Mamá refunfuñó, dio la vuelta y se fue a la cocina a ver como hervía el caldo de la sopa que almorzaríamos al mediodía papá, mamá y mis cinco hermanos mayores. “Hay que contar todo. También la pasábamos bien. Había trabajo, no habían robos y los crímenes eran desconocidos. Nos sentíamos seguros”. Pero no había libertad, dijo mamá desde la cocina. “Nadie come con libertad”, respondió papá.
Bueno, refunfuñó mamá, te acuerdas de la vez que Trino Arteaga, estaba bebiendo tragos con Toño Murillo; y no sé por qué, aunque eran buenos amigos, se disgustaron al extremo que Trino se levantó de la mesa muy disgustado; y le dijo a Toño: andá a tu casa y traé tu pistola para que nos matemos de una vez, vos jodés mucho. Toño que nunca se acaloraba, lo quedó viendo. En la cara una leve sonrisa. Y sin levantarse o alzar la voz le dijo: ¡ajá liberal y con pistola! Trino se puso lívido, recobró la calma inmediatamente y le respondió, en actitud de buscar asiento a su lado: ¡Machete te he dicho yo! Crees que eso era bueno? Vivíamos en una dictadura en donde los nacionalistas podían hacer todo y los liberales ni siquiera portar armas. Papá indiferente dijo, bien merecido se lo tenían, porque no eran de confianza; y el general los mantuvo a mecate corto y no había por qué permitirles que volvieran alzar la voz; y levantarse en contra del gobierno.
Eso es lo injusto Alfredo. Bueno pero eso ya pasó, dame el almuerzo, dijo papá con la misma indiferencia con que Toño Murillo se había burlado del liberal que había insinuado que tenía escondida una pistola que el gobierno le tenía prohibido. Mamá se dio cuenta que con papá no podía. Es un fresco, pensó. Dio la vuelta. Se encaminó a la cocina de donde regresó con una humeante sopa que papá saboreó con enorme gusto. Sentados en la mesa, hablaron de otras cosas.
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Mamá contaba que eran tiempos muy difíciles. La Policía vigilaba los movimientos de todos, especialmente a los extraños que se aparecían en la ciudad en donde vivíamos. Pero le tenía el ojo puesto a los liberales. Le teníamos miedo a la Policía y a los informantes, llamados orejas, contaba mamá, mientras papá, con su pipa al lado, sonreía en forma socarrona. Si queríamos ir a otro pueblo o ciudad, por lo que fuera, debíamos sacar un salvoconducto.
Pero si no obedecíamos, la autoridad que estaba a toda hora en las cuatro alcabalas que correspondían a las salidas de la ciudad, reclamaba el documento; y si no lo mostrábamos éramos devueltos y puestos en prisión por lo menos durante una semana.
No habían periódicos, sino un pequeño semanario católico que, ocupado en las reproducciones bíblicas, la única política que se le permitía era felicitar al salvador de la Patria, su excelencia Bienvenido Irías, el presidente de la nueva República. “Pero era más seguro que ahora”, dijo papá. Mamá refunfuñó, dio la vuelta y se fue a la cocina a ver como hervía el caldo de la sopa que almorzaríamos al mediodía papá, mamá y mis cinco hermanos mayores. “Hay que contar todo. También la pasábamos bien. Había trabajo, no habían robos y los crímenes eran desconocidos. Nos sentíamos seguros”. Pero no había libertad, dijo mamá desde la cocina. “Nadie come con libertad”, respondió papá.
Bueno, refunfuñó mamá, te acuerdas de la vez que Trino Arteaga, estaba bebiendo tragos con Toño Murillo; y no sé por qué, aunque eran buenos amigos, se disgustaron al extremo que Trino se levantó de la mesa muy disgustado; y le dijo a Toño: andá a tu casa y traé tu pistola para que nos matemos de una vez, vos jodés mucho. Toño que nunca se acaloraba, lo quedó viendo. En la cara una leve sonrisa. Y sin levantarse o alzar la voz le dijo: ¡ajá liberal y con pistola! Trino se puso lívido, recobró la calma inmediatamente y le respondió, en actitud de buscar asiento a su lado: ¡Machete te he dicho yo! Crees que eso era bueno? Vivíamos en una dictadura en donde los nacionalistas podían hacer todo y los liberales ni siquiera portar armas. Papá indiferente dijo, bien merecido se lo tenían, porque no eran de confianza; y el general los mantuvo a mecate corto y no había por qué permitirles que volvieran alzar la voz; y levantarse en contra del gobierno.
Eso es lo injusto Alfredo. Bueno pero eso ya pasó, dame el almuerzo, dijo papá con la misma indiferencia con que Toño Murillo se había burlado del liberal que había insinuado que tenía escondida una pistola que el gobierno le tenía prohibido. Mamá se dio cuenta que con papá no podía. Es un fresco, pensó. Dio la vuelta. Se encaminó a la cocina de donde regresó con una humeante sopa que papá saboreó con enorme gusto. Sentados en la mesa, hablaron de otras cosas.
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sábado, 10 de agosto de 2013
En defensa de la Libertad
Por : Juan Ramon Martinez
Siento que he nacido, como otros muchos, para el goce de la libertad. En el seno de mi hogar, mis padres respetaron mi dignidad. Y me enseñaron, desde elementales ejemplos, el camino hacia la práctica de la libertad. En el Instituto Mejía de Olanchito, Joaquín Reyes Figueroa, Jesús Medina Nolasco, Modesto Herrera y Lisandro Quezada, me anticiparon que, sin libertad no había posibilidad alguna para la existencia auténtica. Al final de la escuela primaria, ya había optado por la libertad, basada en el rechazo a cualquier forma de autoritarismo. La dictadura cariísta me parecía entonces; y ahora mucho más, una aberración.
La huelga de los trabajadores bananeros en 1954, Villeda Morales y Enrique Ortez Pinel, me hicieron sentir que solo en libertad era posible la existencia auténtica. Y que su ejercicio era factible en una democracia de iguales, en la que los gobernantes estarían limitados por el ejercicio electoral y el control político, que el imperio de la ley sería el norte orientador; y que la defensa de los derechos individuales, se convertiría en una tarea obligatoria.
Pero con absoluta prescindencia de la intervención foránea, viniera de donde viniera. Tanto de Estados Unidos, la Unión Soviética, China, Cuba, Brasil o Nicaragua.
Cuando estudié historia, descubrí que el país y su pueblo, han sido víctimas de la intervención de los caudillos de los alrededores que, en el fondo nos menosprecian y nos consideran incapaces de determinar nuestro propio modelo de vida, de trabajo y de ilusiones compartidas.
Y que su intervención en nuestras cosas había sido, facilitada, estimulada y apoyada por la colaboración irresponsable de algunos compatriotas que no pudiendo vivir de pie, fuera del gozo irresponsable del poder, entregan la paz y la tranquilidad de la ciudadanía. Barrios nos impuso y nos “corrió” a Marco Aurelio Soto. José Santos Zelaya impuso a Policarpo Bonilla y su “revolución” liberal. Anastasio Somoza pretendió derribar a Villeda Morales, para evitar la devolución de las tierras de La Mosquitia.
En el 2009, muchos gobernantes y embajadores, pretendieron impedirnos que le aplicáramos la ley a un gobernante que perdió los estribos. Y pasó por alto sus obligaciones de respetar la libertad de todos. Gracias a Michelleti y a su coraje, que se puso de pie como ningún otro gobernante lo ha hecho en el pasado, pudimos darle aliento a los esfuerzos de Lobo Sosa para reconciliarnos. Y, por lo menos, hacer entender a los esclavos de los extranjeros, que había que pasar por la prueba de las urnas los derechos para disputar cívicamente las diferencias. Y que no es obligatorio en la vida democrática, pensar todos lo mismo de todo.
Por supuesto, nos hace falta mucho para asegurar el ejercicio de la libertad y la defensa de la independencia de la nación. Pero lo que no tenemos, lo buscaremos como lo han hecho otros. Los de ahora, los de mañana y los de pasado mañana. Sin la abusiva intervención de embajadores irrespetuosos, académicos subordinados a la donaciones de los que quieren usarnos como conejillos para probar sus teorías; y de los “patriotas” que no pudiendo hacer desórdenes en sus sociedades herméticamente blindadas, nos han echado el ojo para manipularnos, bajo el expediente que tienen que vigilar nuestros procesos electorales, cuando ellos no nos permiten ni siquiera que les veamos a los ojos directamente.
Tengo muchos defectos. Como todos los demás hondureños. Pero quiero usar la palabra de un “paisano” de Olanchito, a quien le oí decir recientemente que, “por aquí -se refería a nuestra querida ciudad- había pasado el honor y la dignidad. Y que se habían quedado allá, definitivamente”. Los hondureños tenemos una libertad, un orgullo, un gozo singular, que debemos defender. Ante los que nos quieran irrespetar; e imponer modelos que no aceptamos, porque nos quitan la libertad. Incluso para equivocarnos.
Y eso no se lo permitiremos a nadie. Porque cuando la entregamos, enajenamos la posibilidad para hacer una nación a la medida de nuestros sueños y capacidades. Porque nadie quiere, que vengan desde el sur o del norte a imponernos caudillos irresponsables, dictadorzuelos, ahijados de Carías Andino, como gobernantes. No y no. Primero la muerte, antes que la esclavitud. Sin libertad, la vida carece de sentido. Es lo que he aprendido y me ha servido para vivir orgullosamente. Sin miedo, erguido; y sin dañar a nadie.
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Siento que he nacido, como otros muchos, para el goce de la libertad. En el seno de mi hogar, mis padres respetaron mi dignidad. Y me enseñaron, desde elementales ejemplos, el camino hacia la práctica de la libertad. En el Instituto Mejía de Olanchito, Joaquín Reyes Figueroa, Jesús Medina Nolasco, Modesto Herrera y Lisandro Quezada, me anticiparon que, sin libertad no había posibilidad alguna para la existencia auténtica. Al final de la escuela primaria, ya había optado por la libertad, basada en el rechazo a cualquier forma de autoritarismo. La dictadura cariísta me parecía entonces; y ahora mucho más, una aberración.
La huelga de los trabajadores bananeros en 1954, Villeda Morales y Enrique Ortez Pinel, me hicieron sentir que solo en libertad era posible la existencia auténtica. Y que su ejercicio era factible en una democracia de iguales, en la que los gobernantes estarían limitados por el ejercicio electoral y el control político, que el imperio de la ley sería el norte orientador; y que la defensa de los derechos individuales, se convertiría en una tarea obligatoria.
Pero con absoluta prescindencia de la intervención foránea, viniera de donde viniera. Tanto de Estados Unidos, la Unión Soviética, China, Cuba, Brasil o Nicaragua.
Cuando estudié historia, descubrí que el país y su pueblo, han sido víctimas de la intervención de los caudillos de los alrededores que, en el fondo nos menosprecian y nos consideran incapaces de determinar nuestro propio modelo de vida, de trabajo y de ilusiones compartidas.
Y que su intervención en nuestras cosas había sido, facilitada, estimulada y apoyada por la colaboración irresponsable de algunos compatriotas que no pudiendo vivir de pie, fuera del gozo irresponsable del poder, entregan la paz y la tranquilidad de la ciudadanía. Barrios nos impuso y nos “corrió” a Marco Aurelio Soto. José Santos Zelaya impuso a Policarpo Bonilla y su “revolución” liberal. Anastasio Somoza pretendió derribar a Villeda Morales, para evitar la devolución de las tierras de La Mosquitia.
En el 2009, muchos gobernantes y embajadores, pretendieron impedirnos que le aplicáramos la ley a un gobernante que perdió los estribos. Y pasó por alto sus obligaciones de respetar la libertad de todos. Gracias a Michelleti y a su coraje, que se puso de pie como ningún otro gobernante lo ha hecho en el pasado, pudimos darle aliento a los esfuerzos de Lobo Sosa para reconciliarnos. Y, por lo menos, hacer entender a los esclavos de los extranjeros, que había que pasar por la prueba de las urnas los derechos para disputar cívicamente las diferencias. Y que no es obligatorio en la vida democrática, pensar todos lo mismo de todo.
Por supuesto, nos hace falta mucho para asegurar el ejercicio de la libertad y la defensa de la independencia de la nación. Pero lo que no tenemos, lo buscaremos como lo han hecho otros. Los de ahora, los de mañana y los de pasado mañana. Sin la abusiva intervención de embajadores irrespetuosos, académicos subordinados a la donaciones de los que quieren usarnos como conejillos para probar sus teorías; y de los “patriotas” que no pudiendo hacer desórdenes en sus sociedades herméticamente blindadas, nos han echado el ojo para manipularnos, bajo el expediente que tienen que vigilar nuestros procesos electorales, cuando ellos no nos permiten ni siquiera que les veamos a los ojos directamente.
Tengo muchos defectos. Como todos los demás hondureños. Pero quiero usar la palabra de un “paisano” de Olanchito, a quien le oí decir recientemente que, “por aquí -se refería a nuestra querida ciudad- había pasado el honor y la dignidad. Y que se habían quedado allá, definitivamente”. Los hondureños tenemos una libertad, un orgullo, un gozo singular, que debemos defender. Ante los que nos quieran irrespetar; e imponer modelos que no aceptamos, porque nos quitan la libertad. Incluso para equivocarnos.
Y eso no se lo permitiremos a nadie. Porque cuando la entregamos, enajenamos la posibilidad para hacer una nación a la medida de nuestros sueños y capacidades. Porque nadie quiere, que vengan desde el sur o del norte a imponernos caudillos irresponsables, dictadorzuelos, ahijados de Carías Andino, como gobernantes. No y no. Primero la muerte, antes que la esclavitud. Sin libertad, la vida carece de sentido. Es lo que he aprendido y me ha servido para vivir orgullosamente. Sin miedo, erguido; y sin dañar a nadie.
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domingo, 5 de mayo de 2013
Capsulas de Inspiracion (2)
Solo por si acaso...
a veces la monotonía de cada día nos hace olvidar lo que de verdad era una prioridad en nuestro día. Olvidamos decir te quiero a los que amamos, pensamos que ya lo saben.....Olvidamos preguntarle a los amigos como están, pensamos que lo sabemos....Olvidamos leer un cuento a nuestros hijos....lo hemos leído tantas veces,pesamos.... Hoy recordé que mi prioridad son los que amo y el tiempo que pueda compartir con ellos es invaluable. Tomo nota solo por si acaso!
Partiendo del origen......
.El arte es expresión, movimiento, equilibrio, extensión de las ideas hacia lo concreto, de la ilusión a la materia. Porque pretender dominar el innato sentir bajo paredes rígidas con figura, forma o explicación, dejemos que cada uno plasme lo que siente, no pretendas entender lo que no puedes sentir.
Aprendiendo de ellas!..........
.Es impresionante descubrir la capacidad que tienen los pequenos de crear por si mismos, sin que nadie les de instrucciones de como deben o no usar su imaginacion. Sus idea la plasma como le parece y siempre es una gran idea!
"La Magia de vivir la vida... mientras estas vivo".........
.Nadie sabe cuántos días durara su aventura alrededor del Sol. Pero mientras dure la mágica travesía, procura abrir tus ojos al privilegio de vivir. Admira la armonía de sus ciclos, Un sol que te calienta y da vida a las más hermosas flores del jardín, un cielo que cambia de tonos y matices, aun en sus días grises trayendo la lluvia y con ella un colorido arcoíris recordándote que siempre hay un después, Luminarias y luceros te acompañan al anochecer. Son tantas las culturas, senderos y puertos que para conocerles tu boleto no alcanzarías a pagar. Agua cristalina naciendo del manantial, frutos apetecibles para calmar tu hambre y a la vez compartir con los que tienes el privilegio de conocer. “Vive a plenitud tu aventura”. Llora, ríe, siente, sueña, ama, entrega de ti lo mejor.
Leccion de vida:..........
.Lina Maria, mi hija de 3 y medio, se acerco a mi y viendome a los ojos me dijo: Mami el amor es el mejor regalo de todos....Sin mas se retiro y siguio Jugando......Me hizo reflexionar, cuanto ha aprendido de la vida en tan corto tiempo, muchos se van de este mundo sin aprender esa leccion.
Por cortesia de : Katia Zacapa-Mills Artista y escritora hondureña
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a veces la monotonía de cada día nos hace olvidar lo que de verdad era una prioridad en nuestro día. Olvidamos decir te quiero a los que amamos, pensamos que ya lo saben.....Olvidamos preguntarle a los amigos como están, pensamos que lo sabemos....Olvidamos leer un cuento a nuestros hijos....lo hemos leído tantas veces,pesamos.... Hoy recordé que mi prioridad son los que amo y el tiempo que pueda compartir con ellos es invaluable. Tomo nota solo por si acaso!
Partiendo del origen......
.El arte es expresión, movimiento, equilibrio, extensión de las ideas hacia lo concreto, de la ilusión a la materia. Porque pretender dominar el innato sentir bajo paredes rígidas con figura, forma o explicación, dejemos que cada uno plasme lo que siente, no pretendas entender lo que no puedes sentir.
Aprendiendo de ellas!..........
.Es impresionante descubrir la capacidad que tienen los pequenos de crear por si mismos, sin que nadie les de instrucciones de como deben o no usar su imaginacion. Sus idea la plasma como le parece y siempre es una gran idea!
"La Magia de vivir la vida... mientras estas vivo".........
.Nadie sabe cuántos días durara su aventura alrededor del Sol. Pero mientras dure la mágica travesía, procura abrir tus ojos al privilegio de vivir. Admira la armonía de sus ciclos, Un sol que te calienta y da vida a las más hermosas flores del jardín, un cielo que cambia de tonos y matices, aun en sus días grises trayendo la lluvia y con ella un colorido arcoíris recordándote que siempre hay un después, Luminarias y luceros te acompañan al anochecer. Son tantas las culturas, senderos y puertos que para conocerles tu boleto no alcanzarías a pagar. Agua cristalina naciendo del manantial, frutos apetecibles para calmar tu hambre y a la vez compartir con los que tienes el privilegio de conocer. “Vive a plenitud tu aventura”. Llora, ríe, siente, sueña, ama, entrega de ti lo mejor.
Leccion de vida:..........
.Lina Maria, mi hija de 3 y medio, se acerco a mi y viendome a los ojos me dijo: Mami el amor es el mejor regalo de todos....Sin mas se retiro y siguio Jugando......Me hizo reflexionar, cuanto ha aprendido de la vida en tan corto tiempo, muchos se van de este mundo sin aprender esa leccion.
Por cortesia de : Katia Zacapa-Mills Artista y escritora hondureña
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domingo, 24 de febrero de 2013
Adios a Ricky Ramirez
Por : Mario Berrios
“Hola, pase adelante, en un momento baja mi papá”, me dijo el joven Ricky Ramírez, aquel muchachito de rostro angelical, sencillo y amable (de los jóvenes más corteses, talentosos, serviciales y humildes que he conocido). Habían pasado algunos años, cuando le conocí en brazos de su abnegada madre, Thelma Umaña. El general Ricardo Ramírez, comandante de la policía, llegó a darme la bienvenida a su hogar, Thelma también lo hizo, con su acostumbrada modestia y ejemplar atención. Corría el año 2011. Mientras ella preparaba desayuno y el General me servía, personalmente, café, Ricky, como su padre le llamaba, jugaba en unas máquinas de videojuegos y, de vez en cuando, llegaba a preguntarme cosas, detalles.
Sin duda era un gran lector, aparte de excelente alumno e incomparable amigo, según he leído en las noticias por referencias de sus compañeros de colegio y amigos. La suegra del general “Tiky” Ramírez, Thelma Carmina Powell también pasaba a saludarme. Por momentos el general y su esposa nos miraban en amena plática con la abuela de Ricky, entonces de 15 años.
—No hay suegra buena —le dije al general Ramírez.
Sonrió con sus ojos verduscos de felino mientras él me servía café.
—La mía es de los mejor —me respondió. Y agregó: —probalo, sé preparar buen café.
Mientras me quedaba solo por instantes, el pequeño Ricky, de manera furtiva, llegaba a conversar. De sus labios de niño, salió una voz suave, imperceptible, “Ya leí su libro”. Jugaba con un aparatito entre sus manos. “¿Cuál, Ricky?”. En su tez blanca brillaba aquella sonrisa inocente, como de un niño —aún— bajado del cielo para convivir entre los mortales. “Los Pájaros”, expresó. Le vi alejarse por un momento.
Por inverosímil que parezca, no conversamos con el general de la institución policial, si no de la familia, de sus gustos en la cocina, de cómo vivía en la misma casa desde hacía muchos años. Thelma continuaba afanada en la cocina, la suegra de vez en cuando sonriendo cruzaba frente a nosotros, sentados en el comedor.
—¿Le dijo Ricky que ha leído libros suyos?, me preguntó doña Thelma Carmina, suegra del general.
—Sí.
—Yo también —me aclaró—. No paré de leer Los Pájaros.
—Aquí tiene a uno de esos pájaros —le aclaré, sonriendo de igual manera y señalando al general.
—¿Verdad? Bien se me hace a mí, pero el yerno nunca comenta nada.
—Es que nuestros maestros de kínder eran mudos, entonces aprendimos más a las señas que a las palabras.
Sorbí un trago de café en tanto nos tirábamos una leve carcajada.
Esta vez la vi alejarse en su bata blanca con pequeñas florecitas.
Ricky se cruzó luego con su hermanita tomada de la mano, la pequeña María, otra flor de la familia Ramírez-Umaña. El general jugueteó con ella. En esto momento me pareció que estaba ante dos ángeles caídos del cielo llegados para irradiar felicidad en la familia, el vecindario, la escuela, entre los amigos y desconocidos.
De repente la niña corrió, alejándose del comedor tan pronto como había llegado. Ricky la excusó.
—Sólo quería conocerlo.
—Gracias Ricky.
—Es más penosa que mandada a hacer.
Esta vez Thelma y doña Carmina arreglaban la mesa. El general se había retirado a su habitación para vestirse pues en un momento saldríamos a un asunto personal de él.
—Ahí donde lo ve es gran Motagua —me aseguró un instante después la abuela de Ricky.
Sin duda era fanático de mente y alma, porque a cada paso transpiraba profunda pasión por las pequeñas cosas, por lo que hacía. Con su manera de hablar, suave y respetuosa, daba para pensar que se trataba de un modelo de chico, de esos que todo padre quisiese tener. ¡Tenía por donde salir! Su madre, Thelma, es una modelo de esposa, hija y amiga. ¡Los rasgos de ella estaban en Ricky!, verla a ella era verlo a él. Y mirarlo a él era verla reflejada a ella. De su padre también sacó mucho, comenzando con el talento y la astucia, la sagacidad moderada de un profesional de la policía y la lealtad que sólo muestran los grandes amigos.
A pesar de su edad y apariencia infantil, se me hizo que Ricky era más maduro de lo imaginado, pocos cipotes —al margen de su sencillez— hablan con la seguridad y soltura de él. Por si fuera poco, según supe tenía un gusto refinado por la música, en especial una comunicación casi celestial con su guitarra, en particular cuando tocaba canciones de los Beatles. ¡Tenía un parecido excepcional con Paul McCartney! ¡Podría asegurar que era su doble!
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“Hola, pase adelante, en un momento baja mi papá”, me dijo el joven Ricky Ramírez, aquel muchachito de rostro angelical, sencillo y amable (de los jóvenes más corteses, talentosos, serviciales y humildes que he conocido). Habían pasado algunos años, cuando le conocí en brazos de su abnegada madre, Thelma Umaña. El general Ricardo Ramírez, comandante de la policía, llegó a darme la bienvenida a su hogar, Thelma también lo hizo, con su acostumbrada modestia y ejemplar atención. Corría el año 2011. Mientras ella preparaba desayuno y el General me servía, personalmente, café, Ricky, como su padre le llamaba, jugaba en unas máquinas de videojuegos y, de vez en cuando, llegaba a preguntarme cosas, detalles.
Sin duda era un gran lector, aparte de excelente alumno e incomparable amigo, según he leído en las noticias por referencias de sus compañeros de colegio y amigos. La suegra del general “Tiky” Ramírez, Thelma Carmina Powell también pasaba a saludarme. Por momentos el general y su esposa nos miraban en amena plática con la abuela de Ricky, entonces de 15 años.
—No hay suegra buena —le dije al general Ramírez.
Sonrió con sus ojos verduscos de felino mientras él me servía café.
—La mía es de los mejor —me respondió. Y agregó: —probalo, sé preparar buen café.
Mientras me quedaba solo por instantes, el pequeño Ricky, de manera furtiva, llegaba a conversar. De sus labios de niño, salió una voz suave, imperceptible, “Ya leí su libro”. Jugaba con un aparatito entre sus manos. “¿Cuál, Ricky?”. En su tez blanca brillaba aquella sonrisa inocente, como de un niño —aún— bajado del cielo para convivir entre los mortales. “Los Pájaros”, expresó. Le vi alejarse por un momento.
Por inverosímil que parezca, no conversamos con el general de la institución policial, si no de la familia, de sus gustos en la cocina, de cómo vivía en la misma casa desde hacía muchos años. Thelma continuaba afanada en la cocina, la suegra de vez en cuando sonriendo cruzaba frente a nosotros, sentados en el comedor.
—¿Le dijo Ricky que ha leído libros suyos?, me preguntó doña Thelma Carmina, suegra del general.
—Sí.
—Yo también —me aclaró—. No paré de leer Los Pájaros.
—Aquí tiene a uno de esos pájaros —le aclaré, sonriendo de igual manera y señalando al general.
—¿Verdad? Bien se me hace a mí, pero el yerno nunca comenta nada.
—Es que nuestros maestros de kínder eran mudos, entonces aprendimos más a las señas que a las palabras.
Sorbí un trago de café en tanto nos tirábamos una leve carcajada.
Esta vez la vi alejarse en su bata blanca con pequeñas florecitas.
Ricky se cruzó luego con su hermanita tomada de la mano, la pequeña María, otra flor de la familia Ramírez-Umaña. El general jugueteó con ella. En esto momento me pareció que estaba ante dos ángeles caídos del cielo llegados para irradiar felicidad en la familia, el vecindario, la escuela, entre los amigos y desconocidos.
De repente la niña corrió, alejándose del comedor tan pronto como había llegado. Ricky la excusó.
—Sólo quería conocerlo.
—Gracias Ricky.
—Es más penosa que mandada a hacer.
Esta vez Thelma y doña Carmina arreglaban la mesa. El general se había retirado a su habitación para vestirse pues en un momento saldríamos a un asunto personal de él.
—Ahí donde lo ve es gran Motagua —me aseguró un instante después la abuela de Ricky.
Sin duda era fanático de mente y alma, porque a cada paso transpiraba profunda pasión por las pequeñas cosas, por lo que hacía. Con su manera de hablar, suave y respetuosa, daba para pensar que se trataba de un modelo de chico, de esos que todo padre quisiese tener. ¡Tenía por donde salir! Su madre, Thelma, es una modelo de esposa, hija y amiga. ¡Los rasgos de ella estaban en Ricky!, verla a ella era verlo a él. Y mirarlo a él era verla reflejada a ella. De su padre también sacó mucho, comenzando con el talento y la astucia, la sagacidad moderada de un profesional de la policía y la lealtad que sólo muestran los grandes amigos.
A pesar de su edad y apariencia infantil, se me hizo que Ricky era más maduro de lo imaginado, pocos cipotes —al margen de su sencillez— hablan con la seguridad y soltura de él. Por si fuera poco, según supe tenía un gusto refinado por la música, en especial una comunicación casi celestial con su guitarra, en particular cuando tocaba canciones de los Beatles. ¡Tenía un parecido excepcional con Paul McCartney! ¡Podría asegurar que era su doble!
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