Aunque ya varios murieron, Francisco Macoto Cruz, de 87 años, es uno de los sobrevivientes de aquella expedición que en 1969 retornó de la selvática tierra misquita, después de haber encontrado la mítica Ciudad Blanca.
fue el jefe de aquel singular grupo de hondureños que junto a tres misquitos y el jefe de un grupo Pech o Payas se fueron selva adentro y trajeron las pruebas de la existencia de una ciudad, que para los nativos es la Ciudad Mono.
El entrevistado de Día 7 relató lo que vivieron durante 36 días entre gigantescos árboles, lianas, pantanos, monos, hormigas, guaras y serpientes. Se trata de otra civilización, que ahora la famosa revista National Geographic anuncia que podría ser la legendaria Ciudad Blanca, considerada la “joya de la corona” en Mesoamérica y buscada por arqueólogos y buscadores de tesoros.
“Don Chico”, como le llaman cariñosamente, trabajó por 32 años en el Instituto Geográfico Nacional, como técnico en cartografía, formado en Estados Unidos y Panamá, donde adquirió los conocimientos necesarios para haber recorrido el país, inclusive por aquellos rincones más recónditos, identificando los puntos geodésicos en cada rincón.
"Soy nativo de Ojojona, viene a este mundo un 8 de diciembre de 1928. Me hubiera gustado haber nacido el día de los Reyes Magos, pero mi mamá me dio a luz antes.
Técnico en cartografía, pero desde niño yo quería ser ingeniero y por mis circunstancias fue difícil estudiar eso. Trabajé de anotador de niveles, hice tantos trabajos en mi vida que ya ni me quiero acordar"
¿Es cierto que usted encabezó la expedición en busca de la Ciudad Perdida?
Si, pero le quiero contar que venia de El Salvador de trabajar en 1969, en la propia guerra, yo hablaba el misquito y les pasaba los informes a nuestros combatientes. Teníamos claves para que el enemigo no nos entendiera lo que hablábamos. En el Instituto Geográfico me dijeron usted va para La Mosquitia, lo nombramos jefe de una expedición cartográfico a la Ciudad Blanca. ¿Y qué iba a hacer yo?, preparar las fotos, llevar la posición, agarrar el estudio y manos arriba.
¿Tenían conocimiento previo de donde estaba esa Ciudad Blanca?
Esto nadie lo sabe, toda esa zona está cubierta de ruinas, no se sabía dónde está la propia Ciudad Blanca, pero entre Colón, Gracias a Dios y Olancho, hubo poblaciones que existieron hace miles de años. Eso allí está, nosotros lo constatamos.
¿Qué se hicieron los demás exploradores?
Hay dos vivos y los otros ya murieron. Nosotros salimos ilesos de la selva. Allí vivimos todo tipo de aventuras. Qué íbamos a ir en helicópteros… que va aser!, a pura brújula a 90 grados al Este dirigí el grupo. Tomamos la posición y fue tan exactito que salimos por donde entramos.
¿Cómo fue esa aventura?
Conseguí a un grupo de muchachos, un paya y tres misquitos. Un muchacho del grupo le pegó un leñazo a un barba amarilla que se me iba tirar. Ese muchacho me libró de esa mortal picadura. Esa selva es extensa y peligrosa.
Más de un mes anduvimos por esa selva. Encontramos serpientes: lucerito, barba amarilla, tamagás negro, la yema de huevo, que es poco conocida. Toda clase de monos vimos.
Hallamos una ciudad, se notaba que allí hubo alguna población y eso estaba lleno de culebras. Una piedra tenía tallada una serpiente, nosotros creímos que a esos indios los pudieron haber matado las serpientes porque usted se hubiera asustado si viera como habían. Hallamos una hormiga Sulí, negra, que viene tosiendo y no hay manera de evadirlas, hasta las serpientes se les apartan.
Encendimos una hoguera porque solo le temen al fuego. Cuando esas hormigas vienen por el camino, las serpientes huyen y ahí es donde lo pican a uno. Esa experiencia nunca la había tenido. Yo fui no porque era valiente, sino porque era mi obligación y qué iba a hacer si me mandaron a buscar la Ciudad Blanca.
Fue una bonita aventura, pero lloramos en la selva. Gracias a Dios íbamos con gente que no eran tontos. Esa expedición fue la más dura que hice en mi vida, pero fue maravillosa.
Poblados indígenas donde las mujeres andaban con los pechos al aire y tapadas con hojas sus partes. Los hombres andaban igual. A nosotros nos dejaban pasar tierra adentro porque éramos respetuosos. Nosotros hallamos la mera Ciudad Blanca y eso informamos a nuestro jefe porque ese era el sentido de la exploración. Yo traía todo apuntado y así lo informé. Creo que nosotros hallamos una parte.
¿Y qué había en la ciudad?
Piedras que tenían dibujadas serpientes, unas vasijas, una mesa con la serpiente dibujada, dos hombres hincados y un sol. Sillas de piedra y unas pirámides. Hicimos fotografías y en una grabadora relatamos lo que habíamos hallado. Todo eso se quedó en el Instituto Geográfico Nacional porque esa información era secreto de Estado.
¿Usted está seguro que es la Ciudad Blanca?
Los nativos le llaman la Cuidad Blanca, así como dice la leyenda. Puede ser que sea o que no, pero lo cierto que eso está lleno de poblados que algún día existieron. Todo eso se lo ha tragado la selva ahora.
¿Es cierto que un explorador se perdió y nunca salió de la selva, buscando la Ciudad Blanca?
Es que no es cualquiera el que entra y sale de la selva. Nosotros atravesamos la montaña, cruzamos ríos de agua cristalina donde las piedras solo relumbraban en el fondo; nos metimos por fangales y llegamos al punto donde había la ciudad. Los nativos nos contaron que unos gringos se perdieron y nunca volvieron a salir.
¿Qué comían?
Mono, jagüilla, danto, arroz cocido.
¿Qué llevaban en la mochila?
Comida y remedios buenos, uno para la picada de las serpientes porque era parte del riesgo. Llevábamos unos cuetes que había que lanzar, si nos perdíamos, cuando pasara un helicóptero o los aviones de la Fuerza Aérea. Y no va a creer, que los cuetes los terminamos botando porque se deshicieron.
¿Dónde dormían?
Llevamos hamacas de hilo y las colgamos en los árboles. Los cuatro del Instituto Geográfico Nacional íbamos preparados, pero los tres nativos de Morialí estaban acostumbrados a la selva. Arcadio Escobar, el jefe de los payas era peor que un mono para ir por la selva.
¿Cómo los dirigían?
Yo los dirigía a ellos con la brújula porque andaba la fotografía aérea que localiza esa gran ciudad, con eso, con las coordenadas y la brújula pudimos llegar. Esas fotografías nos sirvieron para localizar todo lo que hay en la tierra. Un norteamericano me enseñó a leer esa fotografía aérea. Ahora, por supuesto, hay instrumentos más inteligentes para hacer el trabajo. Roney Sward, del Instituto Cartográfico estuvo trabajando con nosotros.
¿Es mito o realidad la Ciudad Blanca?
Es una realidad, aquí le pusieron la Ciudad Blanca, la ciudad existió y nosotros dimos con ella e informamos al Estado. Yo me hallé un collar de piedras preciosas, las recogimos y me lo robaron. Encontramos un montón de cosas que atestiguan la existencia humana.
La leyenda dice que en la Ciudad Mono había niños chimpancé mitad humanos, mitad monos, ¿usted vio algo?
No, semejante cosa, no vi nade de eso. Eso es una leyenda. Eso sí, la gente de esas tribus andaban semidesnudos, los hombres y las señoritas.
¿Hallaron oro?
No, pero miramos una crecida de un rio que brillaba, pero no era oro. Ese rio lo pasamos saltando piedras. Eran espigas relumbrosas. Lo más abundante son unas piedras que tienen dibujos de serpientes.
¿Cuántas lenguas habla?
Pech y misquito. Yo tengo muchas vivencias que ahora les cuento a mis nietos, hablar con los indios no era fácil, pero estaban llenos de sabiduría, cosa que deberíamos conocer las generaciones.
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lunes, 9 de marzo de 2015
sábado, 13 de septiembre de 2014
Viaje de misioneros norteamericanos a Olanchito
Desde el aeropuerto hasta la casa de la misión en Olanchito, Honduras. Ese viaje fue una experiencia para decir lo menos. En su mayor parte que estábamos buscando en las montañas y arboledas que nos topamos en el camino. Una vez que llegamos a una ciudad / pueblo, si íbamos a volar otra vez, se hubiera visto como un montón de hormigas moviéndose. No hay luces de la calle ... sólo ceder e ir. La gente en bicicletas y motocicletas por todas partes. No hay límites de velocidad en absoluto!
Las casas, son diferentes de las de aquí y se mezclan. En eso, significa que usted tendrá una buena casa y luego un hogar pobre por toda la ciudad. Todos ellos tienen una cerca con alambre de púas en la parte superior para mantener a los ladrones fuera. Y entonces usted verá una casa no terminada aún. Puede tomar años para construir una casa allí. Ellos van y trabajo por un tiempo y luego comprar la tierra. Ve a trabajar y luego poner los cimientos de adobe o de bloques de cemento. A continuación, vaya trabajar un poco más y luego construir las paredes y luego el techo. Ninguna deuda. Pero se necesita un tiempo. Pensé que era interesante.
Volver a la conducción de un segundo. A pesar de no hay límites de velocidad o las luces de todo el mundo era muy consciente y cortés de los demás en el camino ya sea en bicicleta oa pie. No vi la rabia del camino en la cara de nadie como los pasamos por o como ellos nos pasaron. He aquí por qué ... el tiempo no es importante allí como aquí.
En nuestro último camino a la casa de la misión que estábamos en una montaña y la carretera estaba llena de baches por decir lo menos. ¿Qué disparado todos nosotros fue que al pasar una cascada, que en realidad fluye sobre el camino a veces, miramos hacia abajo para ver un agujero en el camino que dejó sobre el espacio justo para que el vehículo pasar.
Ahora es la casa de la misión y son recibidos por el pastor Darío. Este pastor, para mí, es el Billy Graham de Honduras. Su deseo por los perdidos a aceptar a Jesucristo es increíble. Al decir hola, nos preguntó si queríamos ir a ver a los chicos en el Arca. Estábamos cansados pero listos.
Esta Arca es en realidad un centro de rehabilitación para que el Señor le dio instrucciones para construir. Es también la razón por la que vinimos. Este viaje de la misión era llevar Celebrate Recovery, un programa de recuperación centrada en Cristo, al Arca y para la iglesia del Pastor Darío. Dios vio que consumado y mucho, mucho más. Al encontrarse con los chicos en el Arca se notaba que estaban lastimando ... unos pocos realmente desintoxicación. Una maravillosa primera visita.
Ahora nuestro plan era ir al Arca cada mañana y cada noche para enseñar a unos pocos hombres a dirigir un programa de CR y de compartir nuestro testimonio con los chicos. Normalmente, un programa de CR es la adoración, lección y discusión en pequeños grupos en la lección presentada esa noche. Una vez al mes alguien da su testimonio de cómo Dios ayudó a recuperarse de decir cuestiones de drogas, alcohol, depresión, ansiedad, adicción a la comida, de control y de ira, adicción a la pornografía hasta el final a simplemente ole, pero difícil, problemas de autoestima. Bien que hicimos todo lo que cada mañana y cada noche en el Arca. Recuerde, el tiempo no es un gran problema. Podríamos pasar una o dos horas si es necesario. Y lo hicimos.
La primera morning Giving Mi Testimonio que comenzó con la adoración. Lo que era genial era que muchos de ellos sabían las canciones y cantó junto en español. Por alguna razón Dios le dijo a nuestro planificador, Marie, que tenía que dar mi testimonio de que por la mañana. Le di mi testimonio, tener que cambiar un poco como ciertas palabras eran difíciles de traducir al español, entonces la lección fue presentado por nuestro jefe de equipo Bro. Rayland. Potente, como siempre. Luego vino el llamado al altar. Se podía ver la lucha en los corazones con sólo mirarlos. Finalmente algunos vinieron y oramos por ellos. A continuación, el resto vino. Oramos por todo el grupo.
Luego nos fuimos a la ciudad para establecer el resto de la visita, que confía en mí estaba Dios ordenado. Los lugares, compartimos el mensaje de esperanza a abajo no habría ni siquiera nos dejó en la puerta aquí ... mucho menos que decir, por supuesto ... .come sucesivamente. Fuimos a las escuelas, la prisión, el orfanato, hospital y sí, una estación de televisión. Y nos dieron la bienvenida con los brazos abiertos.
Cerrada el domingo con otra reunión CR en el Arca con Bro. Rayland dando otra gran lección. Más tiempo orando con los chicos y conocerlos un poco gracias a nuestro intérprete, Maria.
Lunes por la mañana había dos hombres nuevos en el Arca. Pastor Darío había ido a pescar y cogimos dos hombres más. Uno de los que voy a decir acerca de la brevedad. El diablo había apoderado de él buena. Pero tuvimos nuestra reunión de CR y oramos sobre los hombres de nuevo. Se podía ver las bombillas de apagarse en la cabeza ahora. Ellos fueron dando cuenta de que Dios lo hizo, de hecho, los ama y nada de lo que jamás habían hecho cambiaría ese hecho.
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Las casas, son diferentes de las de aquí y se mezclan. En eso, significa que usted tendrá una buena casa y luego un hogar pobre por toda la ciudad. Todos ellos tienen una cerca con alambre de púas en la parte superior para mantener a los ladrones fuera. Y entonces usted verá una casa no terminada aún. Puede tomar años para construir una casa allí. Ellos van y trabajo por un tiempo y luego comprar la tierra. Ve a trabajar y luego poner los cimientos de adobe o de bloques de cemento. A continuación, vaya trabajar un poco más y luego construir las paredes y luego el techo. Ninguna deuda. Pero se necesita un tiempo. Pensé que era interesante.
Volver a la conducción de un segundo. A pesar de no hay límites de velocidad o las luces de todo el mundo era muy consciente y cortés de los demás en el camino ya sea en bicicleta oa pie. No vi la rabia del camino en la cara de nadie como los pasamos por o como ellos nos pasaron. He aquí por qué ... el tiempo no es importante allí como aquí.
En nuestro último camino a la casa de la misión que estábamos en una montaña y la carretera estaba llena de baches por decir lo menos. ¿Qué disparado todos nosotros fue que al pasar una cascada, que en realidad fluye sobre el camino a veces, miramos hacia abajo para ver un agujero en el camino que dejó sobre el espacio justo para que el vehículo pasar.
Ahora es la casa de la misión y son recibidos por el pastor Darío. Este pastor, para mí, es el Billy Graham de Honduras. Su deseo por los perdidos a aceptar a Jesucristo es increíble. Al decir hola, nos preguntó si queríamos ir a ver a los chicos en el Arca. Estábamos cansados pero listos.
Esta Arca es en realidad un centro de rehabilitación para que el Señor le dio instrucciones para construir. Es también la razón por la que vinimos. Este viaje de la misión era llevar Celebrate Recovery, un programa de recuperación centrada en Cristo, al Arca y para la iglesia del Pastor Darío. Dios vio que consumado y mucho, mucho más. Al encontrarse con los chicos en el Arca se notaba que estaban lastimando ... unos pocos realmente desintoxicación. Una maravillosa primera visita.
Ahora nuestro plan era ir al Arca cada mañana y cada noche para enseñar a unos pocos hombres a dirigir un programa de CR y de compartir nuestro testimonio con los chicos. Normalmente, un programa de CR es la adoración, lección y discusión en pequeños grupos en la lección presentada esa noche. Una vez al mes alguien da su testimonio de cómo Dios ayudó a recuperarse de decir cuestiones de drogas, alcohol, depresión, ansiedad, adicción a la comida, de control y de ira, adicción a la pornografía hasta el final a simplemente ole, pero difícil, problemas de autoestima. Bien que hicimos todo lo que cada mañana y cada noche en el Arca. Recuerde, el tiempo no es un gran problema. Podríamos pasar una o dos horas si es necesario. Y lo hicimos.
La primera morning Giving Mi Testimonio que comenzó con la adoración. Lo que era genial era que muchos de ellos sabían las canciones y cantó junto en español. Por alguna razón Dios le dijo a nuestro planificador, Marie, que tenía que dar mi testimonio de que por la mañana. Le di mi testimonio, tener que cambiar un poco como ciertas palabras eran difíciles de traducir al español, entonces la lección fue presentado por nuestro jefe de equipo Bro. Rayland. Potente, como siempre. Luego vino el llamado al altar. Se podía ver la lucha en los corazones con sólo mirarlos. Finalmente algunos vinieron y oramos por ellos. A continuación, el resto vino. Oramos por todo el grupo.
Luego nos fuimos a la ciudad para establecer el resto de la visita, que confía en mí estaba Dios ordenado. Los lugares, compartimos el mensaje de esperanza a abajo no habría ni siquiera nos dejó en la puerta aquí ... mucho menos que decir, por supuesto ... .come sucesivamente. Fuimos a las escuelas, la prisión, el orfanato, hospital y sí, una estación de televisión. Y nos dieron la bienvenida con los brazos abiertos.
Cerrada el domingo con otra reunión CR en el Arca con Bro. Rayland dando otra gran lección. Más tiempo orando con los chicos y conocerlos un poco gracias a nuestro intérprete, Maria.
Lunes por la mañana había dos hombres nuevos en el Arca. Pastor Darío había ido a pescar y cogimos dos hombres más. Uno de los que voy a decir acerca de la brevedad. El diablo había apoderado de él buena. Pero tuvimos nuestra reunión de CR y oramos sobre los hombres de nuevo. Se podía ver las bombillas de apagarse en la cabeza ahora. Ellos fueron dando cuenta de que Dios lo hizo, de hecho, los ama y nada de lo que jamás habían hecho cambiaría ese hecho.
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domingo, 23 de marzo de 2014
Un viaje en tren hacia el pasado
Recorrer el Museo Ferroviario de El Progreso, Yoro, es tomar el tren en un viaje hacia el pasado.
Las viejas locomotoras de la Tela Rail Road Company rescatadas por los fundadores del museo evocan en silencio la época en que se abrían paso rugiendo entre los bananales, unas remolcando hileras de vagones cargados de fruta y otras encabezando el alegre convoy del tren pasajero.
Las más pesadas hacían temblar la tierra cuando pasaban por El Progreso rumbo a los muelles donde descargaban los racimos de bananos, comenta Harry MacCalla, promotor de este santuario del pasado.
Los más veteranos progreseños recuerdan la epopeya de la 248, una locomotora de vapor a la que le decían “la enana” por su gran tamaño, la cual sucumbió al cruzar un “puente traidor” viniendo de Tela. Hasta un corrido le dedicaron a aquella tragedia en la que murió la tripulación de “la 248 que Juárez timoneaba”.
El museo surgió gracias a la iniciativa de un grupo de progreseños encabezados por MacCalla quienes, para no seguir viviendo del recuerdo de los tiempos del tren, decidieron hacerlo realidad.
Revivieron el Round House que era la estación de mantenimiento de las locomotoras y montaron a su alrededor cuantas reliquias del ferrocarril lograron recuperar para llevar a los visitantes por un viaje hacia el pasado.
Hay personas que llegan solo para recordar aquella época, como una señora que vino exclusivamente de Olanchito, porque su marido, ya fallecido, trabajó muchos años como maquinista en Coyoles, Central.
“Si mi marido estuviera vivo, como hubiera disfrutado todo esto”, le comentó a MacCalla, la mujer dejando escapar un suspiro.
Subirse a uno de los coches pasajeros exhibidos en este parque de antigüedades es recordar la travesía a Tela viendo pasar los barracones por las ventanillas o imaginar las paradas obligadas con sabor a montucas y tamalitos de maíz tierno en las juntas de trenes. La aventura la disfrutaban tanto los pasajeros que iban en cómodos asientos pullman en los coches de primera como los que preferían los de segunda con bancas de madera por ser más baratos.
Un cobrador de lustroso Kepí, camisa celeste y pantalón azulón recorría los pasillos picando los boletos que los pasajeros previamente compraban en la estación. Detrás de él caminaba un guarda con una pistola colgada al cinto como símbolo de autoridad. Si alguien no tenía su boleto, tiraba una palanquita de la pared para avisar al maquinista que parara de inmediato con el fin de bajar al tramposo.
Los trabajadores de la frutera tenían su propio tren para ir a pasear a Tela al que llamaban “machangai”, una palabra que degeneró del inglés merchandise que significa mercadería. Algunos de estos vagones surgieron como carros fruteros que luego fueron transformados en transporte popular.
Entre las piezas exhibidas también está un antiguo generador de energía eléctrica que además generaba alegría entre los campeños porque servía para proyectar películas, en aquellos tiempos cuando aún no llegaba la televisión a las fincas.
Quienes más gritaban de alegría cuando llegaba el generador a un campo bananero eran los cipotes porque sabían que esa noche iban a ver una de vaqueros o una mexicana, comenta MacCalla.
Llama la atención entre los visitantes al museo, el motocarro conocido como “La Pedorra”, que remolcaba dos “burras” transportando a los “cusucos” quienes reparaban la vía férrea, con sus respectivas herramientas. “Nosotros le pusimos La Pedorra porque hacía un ruido feo con el escape cuando pasaba por el barrio”, manifiesta MacCalla, recordando los tiempos de su niñez.
Las “burras” eran plataformas con ruedas que se desacoplaban fácilmente del motocarro para sacarlas de la línea férrea si no se necesitaban. La diferencia con los troles es que estos disponían de un mecanismo para ser manejados por dos personas.
Había unos motocarros más lujosos para uso exclusivo de los mandadores que en un tiempo eran norteamericanos. Cada uno de estos ejecutivos tenía el suyo para viajar de El Progreso a su respectiva finca, pero también había un motocarro más grande en el que cabían todos, cuando iban de paseo.
Para limpiar de maleza la vía real por donde pasaban los trenes, la frutera utilizaba una máquina quemadora que remolcaban las locomotoras. Este artefacto metálico es otro de los atractivos del museo ferroviario.
Aún faltan más reliquias del desaparecido ferrocarril que andan por allí desperdigadas y que deben ser recolectadas para realizar la segunda etapa de este proyecto turístico, considerado por los progreseños como el primero de Centro América en su gén
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Las viejas locomotoras de la Tela Rail Road Company rescatadas por los fundadores del museo evocan en silencio la época en que se abrían paso rugiendo entre los bananales, unas remolcando hileras de vagones cargados de fruta y otras encabezando el alegre convoy del tren pasajero.
Las más pesadas hacían temblar la tierra cuando pasaban por El Progreso rumbo a los muelles donde descargaban los racimos de bananos, comenta Harry MacCalla, promotor de este santuario del pasado.
Los más veteranos progreseños recuerdan la epopeya de la 248, una locomotora de vapor a la que le decían “la enana” por su gran tamaño, la cual sucumbió al cruzar un “puente traidor” viniendo de Tela. Hasta un corrido le dedicaron a aquella tragedia en la que murió la tripulación de “la 248 que Juárez timoneaba”.
El museo surgió gracias a la iniciativa de un grupo de progreseños encabezados por MacCalla quienes, para no seguir viviendo del recuerdo de los tiempos del tren, decidieron hacerlo realidad.
Revivieron el Round House que era la estación de mantenimiento de las locomotoras y montaron a su alrededor cuantas reliquias del ferrocarril lograron recuperar para llevar a los visitantes por un viaje hacia el pasado.
Hay personas que llegan solo para recordar aquella época, como una señora que vino exclusivamente de Olanchito, porque su marido, ya fallecido, trabajó muchos años como maquinista en Coyoles, Central.
“Si mi marido estuviera vivo, como hubiera disfrutado todo esto”, le comentó a MacCalla, la mujer dejando escapar un suspiro.
Subirse a uno de los coches pasajeros exhibidos en este parque de antigüedades es recordar la travesía a Tela viendo pasar los barracones por las ventanillas o imaginar las paradas obligadas con sabor a montucas y tamalitos de maíz tierno en las juntas de trenes. La aventura la disfrutaban tanto los pasajeros que iban en cómodos asientos pullman en los coches de primera como los que preferían los de segunda con bancas de madera por ser más baratos.
Un cobrador de lustroso Kepí, camisa celeste y pantalón azulón recorría los pasillos picando los boletos que los pasajeros previamente compraban en la estación. Detrás de él caminaba un guarda con una pistola colgada al cinto como símbolo de autoridad. Si alguien no tenía su boleto, tiraba una palanquita de la pared para avisar al maquinista que parara de inmediato con el fin de bajar al tramposo.
Los trabajadores de la frutera tenían su propio tren para ir a pasear a Tela al que llamaban “machangai”, una palabra que degeneró del inglés merchandise que significa mercadería. Algunos de estos vagones surgieron como carros fruteros que luego fueron transformados en transporte popular.
Entre las piezas exhibidas también está un antiguo generador de energía eléctrica que además generaba alegría entre los campeños porque servía para proyectar películas, en aquellos tiempos cuando aún no llegaba la televisión a las fincas.
Quienes más gritaban de alegría cuando llegaba el generador a un campo bananero eran los cipotes porque sabían que esa noche iban a ver una de vaqueros o una mexicana, comenta MacCalla.
Llama la atención entre los visitantes al museo, el motocarro conocido como “La Pedorra”, que remolcaba dos “burras” transportando a los “cusucos” quienes reparaban la vía férrea, con sus respectivas herramientas. “Nosotros le pusimos La Pedorra porque hacía un ruido feo con el escape cuando pasaba por el barrio”, manifiesta MacCalla, recordando los tiempos de su niñez.
Las “burras” eran plataformas con ruedas que se desacoplaban fácilmente del motocarro para sacarlas de la línea férrea si no se necesitaban. La diferencia con los troles es que estos disponían de un mecanismo para ser manejados por dos personas.
Había unos motocarros más lujosos para uso exclusivo de los mandadores que en un tiempo eran norteamericanos. Cada uno de estos ejecutivos tenía el suyo para viajar de El Progreso a su respectiva finca, pero también había un motocarro más grande en el que cabían todos, cuando iban de paseo.
Para limpiar de maleza la vía real por donde pasaban los trenes, la frutera utilizaba una máquina quemadora que remolcaban las locomotoras. Este artefacto metálico es otro de los atractivos del museo ferroviario.
Aún faltan más reliquias del desaparecido ferrocarril que andan por allí desperdigadas y que deben ser recolectadas para realizar la segunda etapa de este proyecto turístico, considerado por los progreseños como el primero de Centro América en su gén
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viernes, 16 de noviembre de 2012
Travesia en motocicleta de Olanchito a Tegucigalpa
La siguiente crónica de viaje fue escrita en su blog por Ronald Janssen quienes han estado recorriendo desde Sur America hasta Centroamerica en motocicleta con otros amigos.......
.. "Iniciamos temprano y tuvimos que dar marcha atrás a partir de Olanchito a unos pocos kilómetros para llegar a la famosa "Carretera de la Muerte ', he estado oyendo acerca de ella los últimos 30 años y si nos fijamos en el mapa es en realidad el camino más corto para llegar al sur, ¿no era, todo era suciedad, pero estábamos deseando que ella y quería conseguir en la montaña.
Después de pasar el puesto de control policial, a las afueras de Olanchito, hicimos un giro a la derecha y luego a la carretera de grava y empezó a subir a una mayor altitud, más de 1600 metros con el tiempo y después de unos minutos, estábamos en el departamento de Olancho, pero de Por supuesto no había ninguna señal que lo indica. el camino era grava difícil al principio, pero pronto se convirtió en una tabla de lavar con ríos secos en él y teníamos un montón de desaceleración. Media hora más tarde, todos los pernos estaban aflojando en la motocicleta de Scotty y tuve que parar a arreglar esto, entonces empiezo a tener problemas con el combustible y el motor mantenían reducir. el drenaje del carburador aflojando el tapón del depósito, limpiar las líneas de combustible, el problema continuó a persistir. De todos modos era un agradable paseo de 160 km, pero una pesadilla al mismo tiempo!
Alrededor del mediodía llegamos por fin la carretera asfaltada, tenía algo de comer en un restaurante de carretera y después de la comida que estábamos tratando de llegar a Tegus, pero el motor no haber mantenido mi, pero, tras encabezar el tanque de gas con, al parecer lo estaba haciendo mejor y finalmente llegó a Tegus 4 de la tarde y había un atasco de tráfico en toda la ciudad. Llegamos al hotel y que tenía que deshacerse de todo el polvo que cogimos de todo el día y una ducha hiciste bien y pronto listo para la cena de nuevo en la ciudad! El Granada hotel que nos hospedamos 2 veces por coincidencia muchos en el pasado y fue un digno y barato y no necesita A / C en esta época del año!..............
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viernes, 15 de abril de 2011
Peripecias de dos paisanos inmigrantes en México
REDACCIÓN/Ruth Meza/Salamanca
Kevin de 22 años y Alex de 26, ambos inmigrantes originarios de Olanchito, Honduras, llegaron a México desde hace tres días, su paso por la ciudad les dejó un amargo sabor de boca.
La delincuencia y corrupción a la que se han enfrentado, los han hecho salir en cuanto antes del País, según platicaron.
Kevin de 22 años y Alex de 26, ambos inmigrantes originarios de Olanchito, Honduras, llegaron a México desde hace tres días, su paso por la ciudad les dejó un amargo sabor de boca.
La delincuencia y corrupción a la que se han enfrentado, los han hecho salir en cuanto antes del País, según platicaron.
jueves, 31 de marzo de 2011
Un viaje al Carnaval del Jamo
Experiencias de unos voluntarios del Cuerpo de Paz en Olanchito :
.."Sábado salí de Trujillo y viajè a Olanchito, Yoro con mi amigos. Esto fue en parte de la logística, como el viaje de Olanchito a Teguz es un poco más corto, y el autobús desde allí es mucho más agradable que el de Trujillo. La razón más grande es el Carnaval de Jamo.
.."Sábado salí de Trujillo y viajè a Olanchito, Yoro con mi amigos. Esto fue en parte de la logística, como el viaje de Olanchito a Teguz es un poco más corto, y el autobús desde allí es mucho más agradable que el de Trujillo. La razón más grande es el Carnaval de Jamo.
sábado, 26 de marzo de 2011
Epilogo: Motoaventura en Retrospectiva
Aventuras de dos norteamericanos recorriendo el pais en motocicleta :
Llegamos a Yoro por la tarde, pero la ciudad era bastante ritmo, así que decidimos seguir adelante a Olanchito. Durante un almuerzo extraño en el Hotel Márquez, nos enteramos de que no había caminos pavimentados entre Yoro y Olanchito, y que sólo deben hacerlo por la puesta del sol si empezamos de inmediato. Yo tenía dudas después de experiencias similares tantos que terminaron conmigo conducción miedo en la noche de tono negro, tratando de llegar a un pueblo, pero nos sentíamos fuertes y decidió hacerlo.
Llegamos a Yoro por la tarde, pero la ciudad era bastante ritmo, así que decidimos seguir adelante a Olanchito. Durante un almuerzo extraño en el Hotel Márquez, nos enteramos de que no había caminos pavimentados entre Yoro y Olanchito, y que sólo deben hacerlo por la puesta del sol si empezamos de inmediato. Yo tenía dudas después de experiencias similares tantos que terminaron conmigo conducción miedo en la noche de tono negro, tratando de llegar a un pueblo, pero nos sentíamos fuertes y decidió hacerlo.
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