martes, 9 de diciembre de 2014

Olanchito 1948-1963: La gran huelga y la campaña electoral

Por Juan Ramon Martinez
Aunque éramos muy jóvenes, todavía sin ingresar en la adolescencia, la Gran Huelga y la campaña electoral de 1954, estremecieron a toda nuestra generación. Estábamos entonces una mañana en el aula del sexto grado; y de repente, alguien menciono que había huelga. Y que estaba cerca. El que lo dijo no pudo explicar que era una huelga, quienes la ejecutaban, que buscaban; y, tampoco donde estaban. Pero ocurre que los huelguistas ya habían ingresado desde los campos bananeros cercanos, caminando a pie desde Coyoles Central especialmente, para congregarse en el Parque Central de la ciudad.
 Hacia allí nos dirigimos los más curiosos. Cuando le preguntamos a los extraños, que tenían toda la pinta de trabajadores de las fincas, quien era el líder nos señalaron hacia la improvisada tribuna en donde, un hombre de baja estatura, de unos cuarenta años lo más, se dirigía en forma monocorde y cansada, a sus compañeros de lucha. “Tengo tres días de no dormir” recuerdo que repetía Jeremías Cruz, trabajador de Coyoles, experto en fumigar los riachuelos, pozos de agua estancada y pequeños causes entre los barracones, para prevenir la malaria, explico alguno que estaba cerca. Dijo después, que agradecía la cooperación de los comerciantes locales – la mayoría “turcos” – que le habían dado una muy valiosa cooperación para sostenerse.

Nosotros, llamados por la campana de la escuela, volvimos a nuestras clases, pese a que el profesor ese día — por razones de salud– no había llegado. El director Manuel de Jesús Castro, sin embargo, nos reconcentro en nuestra aula en donde varios empezaron a hablar al unísono. Le escuche a uno que dijo que si el profesor Quincho, no asistía por enfermedad, no teníamos por qué estar sentados, sin recibir clases. Otro dijo la palabra huelga. Y al final, uno de los más garrudos dijo, que nos pusiéramos en huelga. Todos dijimos que sí.
En la tarde, todos nos presentamos a nuestras clases pero nos quedamos en el parque situado al frente, sin entrar al aula. Una media hora después, el profesor Castro tomo cartas en el asunto. Y se quedó en las puertas, vara en mano, esperándonos. Poco a poco, sin motivación suficiente, nos fuimos rindiendo; y uno a uno, fuimos entrando al patio, en donde nos formó en fila; y nos castigó físicamente a cada uno de los alumnos de sexto grado. A su pregunta disgustada: “quien es el jefe de este motín”, el más grande todos nosotros – y que no tenía responsabilidad alguna – asumió la culpa. Pero él era más fuerte y soporto el castigo físico que le impuso el director de la escuela Profesor Manuel de Jesús Castro. Se llamaba Francisco Villagra. Creo que para todos, aquello fue un incidente sin importancia. Lo he guardado, solo para honrar el compromiso que tenia de contarlo. Cosa que hago ahora.

Para finales de 1954 estaba previstas las elecciones generales para suceder al presidente Juan Manuel Gálvez que había sido elegido sin oposición alguna en 1948. Para 1954, el Partido Nacional estaba dividido en dos facciones: el Partido Nacional cariista y el Movimiento Nacional Reformista. Llevaba como candidato, el primero, al ex dictador Carias Andino y al que había sido su vicepresidente, el general e ingeniero Abraham Williams Calderón, el MNR. El Partido Liberal llevaba a Villeda Morales como Presidente y a Enrique Ortéz Pinel como vicepresidente. Villeda Morales y Ortez Pinel, visitaron la ciudad. Les oímos hablar; y nos impresionaron sus discursos. Ni carias Andino ni Williams llegaron a la ciudad que se quedó sin conocerles. Pero con todo, lo mejor fue la campaña. Es aquí en donde se centran nuestros recuerdos. Unos meses antes de las elecciones, establecidas a celebrarse el 10 de octubre de 1954, se instalaron alrededor del Parque Francisco Morazan, tres altoparlantes, los más ruidosos que se había conocido hasta entonces en la ciudad. Popularmente, se les llamo “pito retas” a los altos parlantes. El primero (el del Partido Liberal) se instaló en la casa de doña Filena Ramírez, el segundo en el cine Gardel y que servía para hacerle propaganda al Partido Nacional; y el tercero, dedicado a la campaña del MNR estaba en la casa que después fue propiedad de Danilo Soto, entre el cabildo municipal y El Astoria. Los “locutores” liberales eran Roberto Sorto, Terencio Puerto, Lisandro Quesada Bardales, Norberto Bardales y Tita Sorto, la voz melodiosa que cantaba divinamente.

 Los del Partido Nacional eran Ranulfo Rosales, Lucas Zelaya Lozano e Ibrahim Puerto Posas. En la pito reta reformista Oscar Melara y Estrada, a los que hacían compañía musical, cantándole canciones populares, los integrantes del “Quinteto Melódico” (Gilberto Zelaya, Plutarco Meléndez Posas, Jorge Burgos, Bill Santos y Carlos Urcina). Al principio, como los tres altos parlantes operaban al unísono, era difícil escuchar la verborrea de los improvisados “locutores” políticos. Enterados los involucrados, establecieron un pacto, en virtud del cual, hablaría cada uno de ellos una media hora, para en la siguiente, lo hiciera el de otro partido.

 De este modo, en la noche se hacían por lo menos dos rondas en las que aprovechaban para polemizar arduamente. Las discusiones eran la mayoría pedestres, sin contenido; y tenían más bien, como se acostumbraba entonces, la impronta de la ofensa y la agresión verbal, algunas chapaleando en los lodazales de la vulgaridad. Los más moderados eran los reformistas, de los cuales recuerdo que se decía popularmente que “ñato era el candidato (general Williams), ñato el locutor ( Señor Estrada) y ñata la pito reta”. Los que se agredían con más fuerza e incluso cayendo en la vulgaridad, eran los nacionalistas y los liberales, que lo hacían sin piedad y casi sin respeto alguno. La verdad es que, para oírlos, uno tenía que ir al Parque Morazán, de forma que evadía las agresiones auditivas si se mantenía algunas cuadras alejadas de donde provenían los ruidos.

 Las elecciones celebradas en la fecha indicada, fueron ganadas por los liberales en forma bastante holgada. Villeda Morales hablo por la radio un día después, diciendo aquello que habían ganado la batalla.
La mayoría de nosotros, no valoro suficiente lo que estábamos siendo testigos. Era una suerte de juego de multitudes, nada más. No apreciábamos trascendencia alguna. La huelga y las elecciones, solo tenían significado tan solo como expresiones de multitudes. Como simples pompas de jabón. Para conocer el significado de esos dos grandes acontecimientos y, valorarlos; teníamos que esperar algunos años más.

Fuente : La Tribuna 7 Diciembre 2013

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Breve incursión al mundo garciamarquiano

Gabriel Garcia Marquez, Juan Fernando Avila, Olanchito, Honduras
Por : Dr. Juan Fernando Avila Posas (Olanchito,Yoro, Honduras)
A: Juan Ramón y José Dagoberto Martínez B. irrenunciables admiradores de la obra del célebre y desaparecido escritor colombiano.

El jueves 17 de abril, en plena celebración consagratoria a la Semana Santa del 2014, a las nueve de la mañana, en su casa de habitación ubicada en la calle de Fuego 144 del suburbio residencial del Pedregal de San Ángel, zona postal 20 de la ciudad de México D.F., a la edad de 87 años, rodeado en su lecho de enfermo por su esposa Mercedes Barcha, sus dos únicos hijos, Rodrigo y Gonzalo, además de sus nietos, se rindió ante los designios inevitables de la muerte, el más importante escritor de habla hispana que la república de Colombia le haya dado al mundo, como fue el célebre autor de tantas obras trascendentes de la literatura,
 Gabriel García Márquez, quien había nacido en Aracataca (Magdalena), un lugar del Caribe colombiano, un 6 de marzo de 1927, siendo uno de los diez y seis hijos de Gabriel Eligio García, de oficio telegrafista y once de su esposa Luisa Santiaga Márquez.
La noticia de la muerte del escritor circuló con profusión por todas las redes sociales, y las reacciones fueron múltiples, todas acentuadas con timbres de pesadumbre y nostalgia, pues el fallecimiento de una personalidad que revolucionó la creatividad literaria desde géneros complejos como el cuento y la novela, subvirtiendo las reglas tradicionales de la redacción, y combinando la realidad con la fantasía, derivaron en un nuevo mundo de invención que nació en Macondo, un nombre de resonancia poética de una remota aldea perdida en el sopor de la ciénaga, y ubicada dentro del Caribe colombiano, hasta traducir el mundo a una verdad literaria bautizada como realismo mágico.

El diminutivo de Gabo fue un trato efectivo que le diera Eduardo Zalamea Borda, subdirector de El Espectador, cuando el renombrado escritor incursionó exitosamente en el periodismo colombiano, donde publicaría sus primeros cuentos, que más tarde pasarían a formar parte de su voluminosa obra, y el trato de Gabito, recibió en forma diminutiva desde niño en su tierra natal, cuando en las calles polvorientas y abanicadas por los vientos vespertinos despedidos por los bananales, jugaba trompo con su más antiguo amigo de infancia, Luis Carmelo Correa.

La primera noticia que tuve de Gabriel García Márquez, como escritor, fue en los meses iniciales del año de mil novecientos sesenta y siete. Yo me había matriculado como alumno regular en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), e inspirado como lector irrenunciable de todo lo que contribuyera a mi formación cultural, una mañana, con la tímida curiosidad del adolescente provinciano extranjero, ingresé a la Librería Universitaria del Paseo de las Facultades, donde se encontraban todos los ejemplares editados por la Editorial Universitaria, y otras obras impresas por centros de formación superior del resto del país, dentro de las que no se excluía la Universidad de Xalana, Veracruz, que venía desarrollando una labor divulgativa de autores nacionales y extranjeros digna de admiración. Allí encontré algunos textos que adquirí a precios extraordinariamente baratos, dentro de los que recuerdo, La ventana en el rostro, de la voz representativa de la nueva lírica salvadoreña Roque Dalton, Cada cosa es babel, del poeta mexicano Eduardo Lizalde, El acoso, del narrador neobarroco cubano Alejo Carpentier, además de El final del fuego y Las armas secretas, del argentino Julio Cortazar, y por supuesto, La mala hora, de Gabriel García Márquez, que fueron mis primeras lecturas en el exterior en mi apasionada formación cultural autodidacta.

Lejos de imaginar estaba que una obra de trascendencia literaria de la dimensión de Cien Años de Soledad, había sido editada por la editorial sudamericana de Argentina, y que mi compañero de departamento, el poeta y estudiante de Derecho en la misma universidad, Livio Ramírez Lozano, llevaría una mañana a nuestra habitación para ser leída por él, y más tarde sugerirme el conocimiento de la misma, y las innovaciones descubiertas, vistas desde una perspectiva que el autor había creado como nueva corriente en el marco de la narrativa contemporánea latinoamericana.

Este año se vivían procesos cíclicos de conmoción mundial. Se desencadenaron una serie de fenómenos violentos en América Latina, dentro de los que se inscribía la presencia del guerrillero heroico Ernesto Che Guevara, en las agrestes montañas sudamericanas de Bolivia, quien junto a nuevas figuras revolucionarias pretendían cambiar la realidad político social de los pueblos sojuzgados de América por medio de la boca de los fusiles. En Perú, igualmente, las fuerzas insurgentes hablaban el mismo lenguaje, a través de los grupos Sendero Luminoso y Tupamaros, como de similar forma lo hacían en Guatemala, las células guerrilleras divididas en tres columnas, encabezadas por el excadete militar Luis Turcios Lima, que pereciera en un accidente automovilístico, el chino Yon Sosa, y César Montes. En Colombia, Manuel Murulanda (Tiro fijo), encendía la llama combatiente de la FARC, en un nuevo intento de reivindicación popular. En Venezuela, Douglas Bravo y Teodoro Petkoff, reagrupaban sus fuerzas para incendiar las montañas del país andino, mientras en Honduras, se había constituido con todas las formalidades el FSLN, que barrería con la dinastía impuesta y hecha dictadora de la familia Somoza y suc. de Nicaragua.

En México la juventud universitaria elevaba signos de protesta exigiendo reformas estructurales educativas para el país, y el rechazo a la longetividad del mismo partido en el poder, y con ese fin, se protagonizaron una serie de protestas, y multitudinarias manifestaciones que culminaron con la histórica y brutal represión de Tlatelolco, dejando un saldo dolorosamente humano para el país, y una herida sangrante que nunca ha podido
cicatrizar.

Dentro de toda esta convulsión, la pluma vigorosa y fecunda de Gabriel García Márquez, ya nos había adelantado varias obras como el Monólogo Isabel viendo llover en Macondo (1955), Relato de un náufrago (reportaje) (1955), (premio de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia) La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de la mama grande, La mala hora (premio ESSO de novela colombiana), y finalmente aparecía la novela Cien Años de Soledad, que además de inmortalizarlo, ganaría una influencia desconcertante en los escritores de habla hispana, y formaría una legión de admiradores y lectores influenciados por su estilo como ningún otro autor lo haya logrado en el ejercicio de su mundo creacional, tal como lo inició en el universo mágico de Macondo, pasando por la capacidad de ascensión de Remedios la Bella, al mundo de invenciones y novedades de Melquiades, las noticias cantadas y llevadas de pueblo en pueblo por Francisco el Hombre, así como los sufrimientos torturantes vividos por la Cándida Erendira y su abuela desalmada, que tuvo que pagar con su cuerpo y sus servicios sexuales por el daño que hizo a su abuela, como de igual forma lo hacían las prostitutas en la costa norte de Honduras donde vivían su calvario, tratando de saldar cuentas que cada día aumentaban y las comprometían con las dueñas en los centros de tolerancia donde se refugiaban a vender sus placeres.

Pero lo que deseo referir fundamentalmente es que La mala hora, el primer libro que conocí de García Márquez, lo que más me impresionó además del ambiente de relaciones tejidas por un falso aprecio y la envidia secular propia de los pueblos, pequeños, fue la identidad de sus protagonistas con muchos personajes de mi tierra natal, y aquel dato sugerente y casi fotográfico, como la presencia de la United Fruit Company, explotando las fincas bananeras, como lo hacía en nuestra región del Valle del Aguán la Standard Fruit  Company, más la inevitable conducta del alcalde intransigente, del dentista flebotomiano, el cura impostergable, del barbero inagotablemente parlanchín sabelotodo, y tantos personajes que transitaban en el marco referencial y dialogal de la novela, igual que la Calle de los Turcos, que fue quizá la traslación más precisa y subliminal de una arteria comercial de mi ciudad al marco escénico de la novela, como el hotel de dos plantas frente a la estación sombría del ferrocarril, me volvieron un lector inmenso en la búsqueda de cuanto tuviera un perfil, un sesgo, o algo que fuera propio de mi tierra, y que el autor lo había llevado hacia Macondo, para armar la estructura integral de su novela. Yo me imaginaba a los viejos palestinos de Olanchito, sentados en las puertas de sus tiendas como Serapio Bendeck, Juan Abudog, Carlos Hoch, Goyo Marzuca, y Salvador Mahomar, comiendo con devoción semillas de calabaza en el sopor de las tardes inigualables, reprimiendo las angustias de vivir lejos del cuenco de sus lejanas tierras, y esperando como lo hacían en Macondo, los sirios Moisés, Salomón y Elías, la llegada del último tren crepuscular.

Fueron tantos los lugares comunes, que mi entusiasmo sobrepasó la lectura lineal de sus capítulos, y después de ese momento, me entregué exclusivamente a conocer la generalidad de la obra del autor colombiano que tenía maravillada a los lectores del universo, y del cual se hablaba inusitadamente en bares, cafeterías, restaurantes, círculo de estudio, tertulias, universidades y en los centros donde se ventilaba cultura.

Así fue que incursioné en la lectura de Cien Años de Soledad, y más tarde comprobé, como lo sigo comprobando con sorprendente y asombrosa coincidencia, que el síndrome o conocimiento de una obra original o clásica, no influye de manera determinante en la formación inicial o posterior de un futuro escritor. El propio García Márquez lo confiesa en la página 57 de sus memorias, Vivir para contarla, que el primer cuento que el conoció en su vida fue Genoveva de Bravante, leída por Juana de Fleytes, una matrona rozagante que tenía al don bíblico de la narración. Curiosamente, muchos años después sin la menor referencia del célebre autor, porque hasta entonces era desconocido, Juan Ramón Martínez, cuando apenas era un adolescente y comenzaba a inquietarse por este oficio irredimible que tamizan las palabras, tendría la oportunidad de conocer el mismo libro, Genoveva de Bravante, del autor alemán Cristóbal Srhmid, un día que su madre doña Mercedes Bardales Colindres, la dejara bajo el colchón de su cama donde ella acostumbraba realizar su siesta, y el futuro escritor la sustraería de manera furtiva para después envolverse en la lectura ininterrumpida de la novela que había apasionado a su madre, y la cual guardaba como una de sus reliquias preciadas y leía con repetida satisfacción.
El libro Genoveva Bravante, mucho tiempo después, sería recibido como regalo de despedida una noche cuando se disponía a cenar en un restaurante de Barcelona, España, cercano a la Avenida Madrid, y refiere que mientras el chef tomaba la orden, sus dos hijas con residencia en aquella apasionante ciudad, y uno de sus yernos, le entregaron n regalo, y era Genoveva Bravante, editada en la misma ciudad por Juan Roca y Bros, calle de Platería # 104.
Sin embargo, ni a García Márquez, ni a Martínez Bardales, Genoveva de Bravante, les determinó su vocación para seguirnos deleitando con una sintaxis inigualable en el marco del desarrollo de la literatura internacional y nacional.

García Márquez, confesaba que su punto de partida para la elaboración de un escrito lo constituía una imagen visual. En tanto en otros escritores el libro nace de una idea, en cambio en él, la visión se volvía totalizante, y es cuando se sentaba frente a una máquina de escribir de nueve de la mañana a tres de la tarde, ante un ramo de flores amarillas a desarrollar o redactar lo que más tarde sería la visión de un cuento, o de una novela. La hojarasca, su primera novela, es la visión de un viejo que llevó a su nieto a un entierro. El coronel no tiene quien le escriba, la visión de un hombre con una especie de silenciosa zozobra esperando una lancha en el mercado de Barranquilla. La mala hora, la vida clandestina de una sociedad confesada en verdades por medio de pasquines pegados en las puertas de las casas, Cien Años de Soledad, la imagen de un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo exhibido como curiosidad de circo, y según sus biógrafos y críticos, es el tiempo cíclico en el que suceden historias fantásticas, peste de insomnio, diluvios, fertilidad desmedida, levitaciones. Es una gran metáfora en la que se narra la historia de las generaciones de los Buendía, y así se fue produciendo durante años todo ese mundo maravilloso traducido en literatura mediante un lenguaje renovado con una riqueza idiomática contagiosa, de evocaciones casi fantásticas que solo la soledad y la nostalgia pudieron recuperar traducidas en la obra más leída en el universo después de la Biblia y Don Quijote.

De igual forma el autor ha descrito que La siesta del martes, el que consideró su mejor cuento, y que para los nuevos lectores forma parte de la narrativa de Los funerales de mama grande, surgió de la visión de una mujer vestida de luto cerrado con una niña de doce años que llevaba un ramo de flores mustias envueltas en un periódico. Era la madre y hermana menor del ladrón que María Consuegra, había asesinado de un tiro unos días antes cuando trataba de forzar la puerta con una ganzúa, quienes caminaban con un paraguas negro bajo el sol ardiente en un pueblo desierto con destino al cementerio.
El relato es una realidad recreada mágicamente con un lenguaje sobrio, dominado por una preocuparon de eficaz y sorprendente ambientación, en un escenario que fue parte  de sus insomnios, y teniendo a Macondo, ese nombre de resonancias inusitadas, incrustadodentro de la interminable simetría de los bananales como escenario, distante a diez minutos de Aracataca, su tierra natal, donde vivieron sus abuelos, Nicolás Ricardo Márquez (Papalelo) y Tranquilina Iguaran (Mima), quienes inspiraron y fortalecieron tantas historias del más fecundo escritor de habla hispana que hayamos tenido la fortuna de leer.

Macondo, sobrevivió en la literatura garciamarquiana hasta el libro Cien Años de Soledad, su quinta obra. Después sobrevendrían novelas y cuentos escritos en nuevos escenarios, distintos personajes, diferentes realidades, y en el camino de una nueva narrativa más de alguno de los protagonistas sucumbió ante la adversidad o la muerte, o el propio autor se vio obligado a liquidarlo y prescindir de él, para que la novela recobrara el cauce narrativo que el autor quería imprimirle, pero García Márquez, llegó a humanizar a tal extremo sus personajes, que en un relato del Olor de la guayaba, confesó a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, que cuando decidió terminar de una vez por todas con más de alguno, dejó de escribir el párrafo siguiente y se fue a su cama a llorar por el personaje muerto, con el mismo sentimiento con que se llora a un ser querido o a un familiar cercano y necesario que se pierde definitivamente para siempre.
Al rememorar la obra íntegra del autor latinoamericano que más me ha impresionado, revisó su voluminosa bibliografía, y llegó a la conclusión, que quizá nadie como Gabriel García Márquez, supo escoger su vocación de escritor, aún contrariando los deseos y aspiraciones de su progenitor, que deseaba tener un abogado dentro de sus diez y seis hijos, pero muchos años después, cuando el escritor se había convertido en una celebridad, Gabriel Eligio García, padre del autor, habría de sentirse orgulloso, y esa confesión se la hizo saber a Roberto Ruiz, reportero cultural mexicano, quien en una prolongada entrevista de dos páginas concedida en Barranquilla y publicada en el suplemento dominical El gallo ilustrado de Diario El Día de México, titulado Los muertos como los jazmines se aparecen, habló de la maravillosa obra de su hijo, de los relatos que él le contaba, y las menciones de la mayoría de los familiares que incluyó en sus novelas y los hizo trascendentes, y donde además refirió; que la vena de escritor de Gabito, la había heredado de él, porque él en su juventud escribía crónicas y poemas para periódicos de Barranquilla, y algunos de sus contemporáneos se reían porque él no era parnasiano.

Es probable que Gabriel García Márquez en su inimitable carrera como escritor haya recibido, además del Premio Nóbel de Literatura en 1982, elogios multitudinarios, como también el odio de quienes nunca pudieron alcanzar sus triunfos maravillosos y el carisma de su personalidad, pero creo que la discrepancia más notoria y pública la tuvo con el escritor peruano Mario Vargas Llosa, con quien jamás llegó a conciliarse y quien escribiera un voluminoso estudio de la narrativa del autor colombiano conocida como Historia de un deicidio, y el día de la muerte del autor colombiano, apenas exteriorizó un breve lamento rememorando tal vez el episodio que friccionó su amistad, como también lo hiciera al referirse al doctor Fidel Castro Ruiz, a quien conceptualizó peyoritariamente como uno de los más sanguinarios y repugnantes dictadores que haya producido la fauna totalitaria y autoritaria de Latinoamérica.

García Márquez, fue un caribeño auténtico, apasionado de la música de su país, y bailador de los ritmos electrizantes que movieron al mundo desde el porro colombiano, pasando por la cumbia santiaguera y los vallenatos, a los que consideró como expresiones o lamentos que se cantan y se bailan.
Su muerte fechada a principio de esta crónica, no ha significado simplemente la ausencia física de alguien que con su talento nos llevó a descubrir la soledad ignorada de América, y nuestra propia soledad. Significa la imposibilidad de reencontrarse con novedosas obras, lo que entendimos anticipadamente desde la publicación de Historia de mis putas tristes, donde las construcciones gramaticales, la verbalidad, la adjetivación, nutrida ternura, se deslizan líneas a líneas provocando una sorprendente aprehensión en el lector hasta conducirnos a sus párrafos finales.
Su muerte nos dejó sumidos en un limbo de tristeza y soledad, porque como lo diría con lenguaje escatológico, “Morir, no es estar ya más entre los amigos”. Seguro que con su muerte Macondo se convirtió en un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugados por la cólera del huracán bíblico, y que todo lo escrito sería irrepetible, desde siempre y para siempre, porque las estirpes de Cien Años de Soledad, no tendría una segunda oportunidad sobre la tierra.

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martes, 28 de octubre de 2014

Biografia de Jacobo V. Carcamo Premio Nacional de Literatura Honduras 1955

Arenal Yoro, Olanchito, Honduras
Un 28 de noviembre de 1916, en el municipio de Arenal, ubicado a 36 kilómetros al oeste de Olanchito, en el matrimonio formado por el comerciante don José María Cárcamo y doña Ángela Vallecillo, nacía un robusto varón de piel trigueña clara, nariz recta y vivos ojos verdiamarillos a quien se le puso por nombre JACOBO V. CARCAMO.

Jacobo V. Cárcamo hizo sus primeros años escolares en el municipio de Arenal y más tarde en la Escuela Modesto Chacón de Olanchito, Yoro. Tiempo después se trasladó a la capital de la República a residir en la tranquilidad colonial del barrio La Hoya, iniciando sus estudios secundarios de bachillerato en el histórico Instituto Central de Varones, que era el centro educativo más afamado de la ciudad. En ese colegio concluyó su formación media en el año de 1937, trabajando al mismo tiempo como reportero de Diario El Cronista, cuyas páginas receptivaban el pensamiento independiente y progresista de los más connotados intelectuales que por entonces tenía Honduras.
En el año de 1935, cuando cursaba estudios de educación secundaria, publicó su primer libro de poesías, “FLORES DEL ALMA”, prologado por la ilustre y valiente hondureña Visitación Padilla, que tuvo buena acogida dentro del mundo intelectual capitalino y en algunos círculos de lectores existentes en el resto del país, perfilando al autor como figura prometedora para el futuro de las letras nacionales.

El año de 1937, bajo circunstancias inesperadas el poeta se convirtió en editor y director de ZAMBRANO, revista de efímera existencia, ya que sólo circularon dos números.
La publicación de su segundo libro de poesías la hizo en el año de 1938, y salió de la imprenta bajo el nombre de “BRAZAS AZULES”, prologado por Marco Carías Reyes, e ilustrado con dibujos del doctor Lisandro Gálvez, uno de los odontólogos sobresalientes de Honduras que incursionó con éxito en los campos de la plástica, y único dentro de esa disciplina científica en haber logrado la rectoría de la Universidad de Honduras.

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viernes, 17 de octubre de 2014

Feria de San Francisco (Olanchito)

Desde el 4 de octubre de 2000,  a iniciativa del ilustre ciudadano don Carlos Arnoldo Nuñez (QDDG), se celebra la feria patronal y cultural de la comunidad de San Francisco, localidad de Olanchito, Yoro. Con la participación activa, entusisata y decidida del profesor Juan Martínez, la feria rápidamente se consolidó en la región, además de la participación de las fuerzas vivas de la comunidad, sobresaliendo, entre otros, las destacadas ciudadanas Ondina Morales, Patricio Martinez, Xiomara Cárcamo, Denia Castillo, Orfilia Nuñez y Eliodoro Nuñez.

Durante 14 años los pobladores han celebrado con actividades artísticas, culturales, religiosas, recreativas, ambientales, salud, higiene y, por supuesto, agroindustriales. Durante 15 días ponen de manifiesto su hospitalidad tanto con sus vecinos como con extraños o visitantes. Durante esas dos semanas los organizadores captan fondos de beneficio para la comunidad, con obras de infraestructura a fin de impulsar su propio desarrollo y mejoramiento del entorno social. Uno de los días más significativos de la feria es la celebración del Día de los Agricultores y Ganaderos, el cual se celebra con mucho júbilo por los productores de leche y cultivadores de granos y otros alimentos.

La cabalgata donde desfilan hombres, mujeres y menores de edad, luciendo sus caballos en mejores galas, de un evento sin igual, disfrutado por propios y extraños. El 11 de octubre, en el CREL (Centro Recolector de Leche) “Armín Figueroa Antúnez”, los agricultores y ganaderos celebraron, como de costumbre, por lo alto en honor a su patrón “San Francisco de Asís”. En las palabraas alusivas, el profesor Juan Martínez, de manera elocuente hizo una breve reseña del diario vivir de loas agricultores y ganaderos, aquellos hombres que labran la tierra y alimentan con leche a sus familias y pobladores de la región.El programa incluyó una invocación religiosa, a cargo de la profesora Digna Hernandez, luego el Himno Nacional, seguidamente un minuto desilencio en memoria de los socios desaparecidos, palabras de ebienvenida por el ganadero Jairo Cruz, lectura de la hoja de vida del homenajeado, señor Rufino Ramón Martínez, entrega de reconocimiento ala señora Ana Alfredina Amaya Gonzalez, más adelante la participación artística del coro de alumnas del centro educativo “Dámaso Posas”.

El señor Miguel Morales, mariscal de la feria, se pavoneaba, entre tanto, con su baston, ese con el que antiguamente, en tiempos de la colonia, comandaba en la mano del líder de las escoltas militares de la época. Y las reinas Fany Darisa, Senia Paola, Erika Yoselin y Ana María Arias, en todo momento engalanaron, con el encanto femenino de nuestaras mujeres de tierra adentro, el convivio ofrecido en la ocasión.

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domingo, 14 de septiembre de 2014

Entrevista a Juan Ramon Martinez

Olanchito,Honduras

¿Cree en la reencarnación?
Como cristiano católico practicante, no creo en la reencarnación. Cuando Manuel Zelaya dijo que quería reencarnarse en un potro salvaje, corriendo por los llanos de Lepaguare, me reí mucho. Nosotros los cristianos creemos en la resurrección, que considero que es un estado de avance desde esta vida fugaz a la vida eterna, en donde en compañía con Dios, superamos las dimensiones, tiempo y espacio.
Usted se considera analista, ¿quién le atribuyó ese título?
Desde el principio, usamos entre amigos la palabra análisis. Recuerdo que cuando Adán Elvir Flores me invito a escribir en La Tribuna en 1976, me dijo que era la oportunidad de hacer análisis sobre la realidad política nacional. En la década de los ochenta, posiblemente por la infl uencia de los escritores estadounidenses, nos empezaron a llamar analistas a los que dábamos opiniones en los medios. Recuerdo que a Gautama Fonseca no le gustó inicialmente el término y una vez dijo que solo a mí me gustaba. Me siento bien con la califi cación y, como ha corrido con suerte, ahora todo el mundo la usa. Y como no es un título, sino que un ejercicio, uno no tiene que tener un título conferido por nadie para opinar y analizar sobre los asuntos de la realidad.
Tiene pinta de futbolista, ¿quiso en algún momento iniciarse en este deporte?
Cuando fui niño y adolescente lo practiqué con entusiasmo; pero sin creer que ese podría ser mi futuro. Eran los tiempos que incluso Pelé en Honduras se habría muerto de hambre. Mi padre se opuso siempre a que jugara fútbol, porque era entonces muy brusco, jugaba con adultos en los campos bananeros; y decía que me podían hacer daño.
El libro “La Biblia del Asno”, ¿lo leyó?
Una parte. Es un texto de difícil aguante para espíritus y estómagos débiles como el mío. No pasé de la parte de los insultos personales, expresiones racistas en mi contra y ofensas de improvisado psiquiatra en contra de mis coterráneos de Olanchito. Cuando vio que no podía ofendernos individualmente más, a mí y a otros colegas intelectuales como Roberto Sosa, Oscar Acosta y a políticos como a Oswaldo Ramos Soto y a Jorge Arturo Reina, creí que era una expresión masoquista seguir en su lectura.
Conoce a César Indiano, ¿lo ha tratado?
Conozco a César Indiano. Somos personas que cuando nos encontramos nos saludamos respetuosamente e intercambiamos unas pocas palabras. Tengo la impresión que es un buen escritor, valiente y decidido, amigos no… Un amigo es alguien que respeta a los otros.
Gregorio “Goyo” Canales, ¿le suena este nombre?
Por supuesto, en la vida real fue un amigo de nuestra familia, originario de El Salvador que vivió con mis padres y mis hermanos menores, hasta la guerra del 69 que le obligaron en contra de su voluntad a regresar a su país nativo. Por cariño y respeto a un hombre bueno que ni siquiera sabía leer y escribir, cuando tuve que buscar un seudónimo, escogí el suyo.
Con él escribí durante algún tiempo en El Heraldo. Adán Elvir cuyo talento total no hemos valorado todavía, descubrió que el escritor de El Heraldo, tenía el mismo estilo que el mío; y un día en broma, me empezó a llamar “Goyito”. Coincidió el descubrimiento.
¿Fiestero?
Lo normal. Y cada día menos. Las obligaciones del oficio, que como sabe es muy absorbente y la decisión tomada hace más de veinte años de no consumir ninguna bebida alcohólica, me obliga a asistir a muy pocas. Exclusivamente solo asisto a las familiares o de algunos pocos amigos entrañables. Antes asistía también a las de La Tribuna que desafortunadamente se han suspendido.
¿Alguna fiesta que recuerde?
Varias por supuesto. La que celebramos cuando nos graduamos de maestros y bachilleres en Olanchito (1960), la graduación de mi hermano José Dagoberto, la fi esta de nuestro matrimonio con Nora Midence, las bodas de mis tres hijos Juan Ramón, Elia Mercedes y Juan Fernando.

A los “chonguengues” de militares en época de Navidad o Día del Periodista, ¿ha sido invitado?
Tengo muy buenos recuerdos de una fi esta en la Fuerza Aérea en donde llegué con Adán Elvir y Orlando Henríquez.
Regalado Hernández, entonces jefe de las Fuerzas Armadas quería relacionarse con nosotros. Todo estuvo bien hasta que cerca del fi nal, Orlando Henríquez dijo que la mayoría de los delincuentes habían hecho el servicio militar.
Regalado Hernández, muy mesurado pese a la ingesta alcohólica que manejaba muy bien, respondió en forma moderada. No así otros militares que escuchaban la conversación, especialmente cuando Adán y yo, argumentábamos con mucha fuerza en contra del servicio militar. Leonel Riera Lunatti, entonces jefe de la FUSEP, se disgustó y le pidió a Regalado Hernández que le permitiera retirarse porque no quería oír que nosotros ofendiéramos a la institución armada.
Como estaba algo eufórico por el alcohol, le dije a Regalado que siendo él general, le ordenara al coronel, que se quedara. Así lo hizo. Pero Lunatti no disimulaba su disgusto, que a la distancia lo siento justifi cado.
Los asistentes de Regalado, queriendo que terminara aquella discusión que se estaba poniendo cada rato más caliente, inventaron la excusa que ya no había trago. Entonces recuerdo que insistí con Regalado que mostrara que era él quien mandaba.
Hombre educado, accedió y seguimos bebiendo. Al final, creo que nos rendimos y dejamos el lugar. Allí aprendí mucho, tuve una nueva visión de los militares y me di cuenta que algunas veces uno se excede en sus declaraciones. Afortunadamente Riera Lunatti me ha perdonado; y es actualmente mi amigo; o por lo menos, nos saludamos cuando nos encontramos, en forma educada.
Cuál es su opinión ahora de los militares. Usted antes era muy crítico.
El general Gustavo Álvarez Martínez, decía que usted era comunista y tengo entendido que el coronel Fuentes lo citó en el DIN para llamarle la atención, en una oportunidad en que su esposa llamó alarmada a Adán Elvir Flores porque creyó que lo habían secuestrado y podían desaparecerlo… He sido muy crítico de los militares en el pasado, especialmente cuando se apropiaron y ejercieron la soberanía popular. Posteriormente en la guerra de los ochenta, en que toda Centroamérica se envolvió en una confrontación abierta, exigí que Honduras no fuera instrumento de los Estados Unidos, que no participáramos en la guerra en contra de Nicaragua, que no entrenáramos a los soldados salvadoreños en el CREM; y que, mucho menos, les apoyáramos militarmente en sus choques con los guerrilleros de aquel país.
Ahora los militares merecen todo mi respeto y estoy en la disposición de respaldarlos, especialmente si se mantienen firmes en la defensa del estado de derecho, la vigencia de la Constitución y la defensa de los derechos humanos.
Cuando fue candidato presidencial por la Democracia Cristiana, ¿cuántas marcas le dio el pueblo?
Según Rodrigo Wong Arévalo el haber aceptado ser candidato presidencial fue mi mayor error. Estoy por terminar dándole la razón. Porque visto el asunto en perspectiva, no había las condiciones para obtener un buen resultado. Ve las dificultades: no había un partido detrás que estuviera contento con el candidato presidencial. Lucas Aguilera y la mayoría de los dirigentes ex sindicales y ex campesinos que se habían tomado la dirección de la Democracia Cristiana, eran más fi eles a Arturo Corrales que al candidato.
Ellos eran casi empleados suyos.
En cambio yo, no tenía ningún respaldo económico del partido. Fueron unos pocos entrañables amigos que me ayudaron económicamente y agregué a estos mis ahorros, con los cuales hice una campaña en la que busqué ir a la base. Los resultados, en comparación con los que obtuvo Felicito Ávila, fueron mucho mejores. Solo superados por los de Hernán Corrales Padilla en sus buenos momentos.
Para confi rmarlo, no perdimos ninguno de los cinco diputados que teníamos. Obtuve 27.000 marcas.
Dicen por estos lares que anduvo “liberaleando” con el maestro y licenciado Horacio Elvir Rojas,
 ¿por qué razón no se quedó con la vestimenta roja?
Mi primera opción política, al cumplir los 18 años, fue incorporarme al Partido Liberal. La búsqueda de la libertad, la lucha en contra de la dictadura y la construcción de un nuevo estado que creara las condiciones para el desarrollo nacional y el mejoramiento del bienestar del pueblo hondureño, me hicieron militar bajo esa bandera.
En 1965 me desilusionó el PL cuando mostró vacilaciones al momento de confrontar la dictadura de Osvaldo López Arellano. Con otros compañeros que me abordaron, creíamos que había llegado el momento de crear la Democracia Cristiana. En 1968, junto con trece compañeros más la creamos en Choluteca. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo los puentes y las cosas han cambiado.
Viendo que el PDCH no tiene futuro, porque ha perdido el interés en el poder porque se han conformado con el RNP, estoy considerando volver al Partido Liberal; pero sin buscar militancia o posición alguna. Tanto por razón de edad, como porque por ofi cio debo mantenerme distante de las obediencias partidarias que hacen perder independencia en el análisis y el cuestionamiento de la realidad.

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sábado, 13 de septiembre de 2014

Viaje de misioneros norteamericanos a Olanchito

Desde el aeropuerto hasta la casa de la misión en Olanchito, Honduras. Ese viaje fue una experiencia para decir lo menos. En su mayor parte que estábamos buscando en las montañas y arboledas que nos topamos en el camino. Una vez que llegamos a una ciudad / pueblo, si íbamos a volar otra vez, se hubiera visto como un montón de hormigas moviéndose. No hay luces de la calle ... sólo ceder e ir. La gente en bicicletas y motocicletas por todas partes. No hay límites de velocidad en absoluto!

Las casas, son diferentes de las de aquí y se mezclan. En eso, significa que usted tendrá una buena casa y luego un hogar pobre por toda la ciudad. Todos ellos tienen una cerca con alambre de púas en la parte superior para mantener a los ladrones fuera. Y entonces usted verá una casa no terminada aún. Puede tomar años para construir una casa allí. Ellos van y trabajo por un tiempo y luego comprar la tierra. Ve a trabajar y luego poner los cimientos de adobe o de bloques de cemento. A continuación, vaya trabajar un poco más y luego construir las paredes y luego el techo. Ninguna deuda. Pero se necesita un tiempo. Pensé que era interesante.

Volver a la conducción de un segundo. A pesar de no hay límites de velocidad o las luces de todo el mundo era muy consciente y cortés de los demás en el camino ya sea en bicicleta oa pie. No vi la rabia del camino en la cara de nadie como los pasamos por o como ellos nos pasaron. He aquí por qué ... el tiempo no es importante allí como aquí.

En nuestro último camino a la casa de la misión que estábamos en una montaña y la carretera estaba llena de baches por decir lo menos. ¿Qué disparado todos nosotros fue que al pasar una cascada, que en realidad fluye sobre el camino a veces, miramos hacia abajo para ver un agujero en el camino que dejó sobre el espacio justo para que el vehículo pasar.

Ahora es la casa de la misión y son recibidos por el pastor Darío. Este pastor, para mí, es el Billy Graham de Honduras. Su deseo por los perdidos a aceptar a Jesucristo es increíble. Al decir hola, nos preguntó si queríamos ir a ver a los chicos en el Arca. Estábamos cansados ​​pero listos.

Esta Arca es en realidad un centro de rehabilitación para que el Señor le dio instrucciones para construir. Es también la razón por la que vinimos. Este viaje de la misión era llevar Celebrate Recovery, un programa de recuperación centrada en Cristo, al Arca y para la iglesia del Pastor Darío. Dios vio que consumado y mucho, mucho más. Al encontrarse con los chicos en el Arca se notaba que estaban lastimando ... unos pocos realmente desintoxicación. Una maravillosa primera visita.

Ahora nuestro plan era ir al Arca cada mañana y cada noche para enseñar a unos pocos hombres a dirigir un programa de CR y de compartir nuestro testimonio con los chicos. Normalmente, un programa de CR es la adoración, lección y discusión en pequeños grupos en la lección presentada esa noche. Una vez al mes alguien da su testimonio de cómo Dios ayudó a recuperarse de decir cuestiones de drogas, alcohol, depresión, ansiedad, adicción a la comida, de control y de ira, adicción a la pornografía hasta el final a simplemente ole, pero difícil, problemas de autoestima. Bien que hicimos todo lo que cada mañana y cada noche en el Arca. Recuerde, el tiempo no es un gran problema. Podríamos pasar una o dos horas si es necesario. Y lo hicimos.

La primera morning Giving Mi Testimonio que comenzó con la adoración. Lo que era genial era que muchos de ellos sabían las canciones y cantó junto en español. Por alguna razón Dios le dijo a nuestro planificador, Marie, que tenía que dar mi testimonio de que por la mañana. Le di mi testimonio, tener que cambiar un poco como ciertas palabras eran difíciles de traducir al español, entonces la lección fue presentado por nuestro jefe de equipo Bro. Rayland. Potente, como siempre. Luego vino el llamado al altar. Se podía ver la lucha en los corazones con sólo mirarlos. Finalmente algunos vinieron y oramos por ellos. A continuación, el resto vino. Oramos por todo el grupo.

Luego nos fuimos a la ciudad para establecer el resto de la visita, que confía en mí estaba Dios ordenado. Los lugares, compartimos el mensaje de esperanza a abajo no habría ni siquiera nos dejó en la puerta aquí ... mucho menos que decir, por supuesto ... .come sucesivamente. Fuimos a las escuelas, la prisión, el orfanato, hospital y sí, una estación de televisión. Y nos dieron la bienvenida con los brazos abiertos.

Cerrada el domingo con otra reunión CR en el Arca con Bro. Rayland dando otra gran lección. Más tiempo orando con los chicos y conocerlos un poco gracias a nuestro intérprete, Maria.

Lunes por la mañana había dos hombres nuevos en el Arca. Pastor Darío había ido a pescar y cogimos dos hombres más. Uno de los que voy a decir acerca de la brevedad. El diablo había apoderado de él buena. Pero tuvimos nuestra reunión de CR y oramos sobre los hombres de nuevo. Se podía ver las bombillas de apagarse en la cabeza ahora. Ellos fueron dando cuenta de que Dios lo hizo, de hecho, los ama y nada de lo que jamás habían hecho cambiaría ese hecho.

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sábado, 12 de julio de 2014

El hombre que no dijo adiós (anónimo)

Este relato narra un caso real.Se han cambiado los nombres. (origen desconocido)
 Hace unos pocos meses, Juan desapareció sin dejar rastro. Salió de su casa al trabajo y nadie volvió a verlo. A su trabajo no llegó nunca.Juan era un hombre joven, no muy alto, de buena presencia, amable y servicial, lo que le permitía quedar bien con todo el mundo, especialmente con las mujeres. Por eso, su desaparición alarmó a sus vecinos de la aldea Carrizales, cerca de Jocón, Yoro. Al tercer día, su esposa puso la denuncia en la Dirección Nacional de Investigación Criminal, DNIC, y se destacó a un equipo para que investigara el caso.-

¿Tiene enemigos su esposo?-No, que yo sepa.-¿Sabe si tiene otra mujer?-Mire, los hombres son unos pícaros que no se conforman nunca con lo que tienen…-Entonces, ¿sí tiene otra mujer su esposo?-A mí no me consta pero siempre se dicen cosas.-Por favor, señora, sea más clara… Necesitamos toda la información posible para poder investigar qué fue lo que pasó con su marido.-Es que no sé. La gente habla pero yo no sé.-¿Ha tenido problemas con alguien su marido en el último mes?-Es que él nunca me dice nada a mí.Por aquella parte, los detectives no iban a llegar a ningún lado.-¿En que trabaja su esposo?-Es ordeñador pero le hace de todo.-¿Dónde trabaja?-En cualquier parte, donde consigue trabajo. Esta última semana trabajó en la hacienda Las flores… Ya había trabajado allí otras veces.-¿Iba para esa hacienda cuando lo vio por última vez?-Sí.-¿A qué hora salió de la casa?-Siempre salía de madrugada.

LAS FLORES. Una hacienda siempre es algo bonito de ver. Los animales, las enormes extensiones de tierra, los hombres trabajando, los terneros llamando a sus madres con largos bramidos, la leche que sale de las ubres en chorros intermitentes. Como dijo Rubén Darío en su poema “Del trópico”:¡Qué alegre y fresca la mañanita!Me agarra el aire por la nariz,los perros ladran y un chico grita,y una muchacha gorda y bonitajunto a una piedra muele maíz.Son escenas comunes en el campo hondureño, y en la hacienda Las Flores se repetían cada día. Allí era donde trabajaba Juan cuando desapareció, y hasta allí llegaron los detectives de la DNIC. Nadie les dio razón. Juan no había llegado ese día a trabajar y no sabían qué pudo haberle pasado. Lo más seguro era que se había ido mojado para Estados Unidos.-¿Por qué dice eso?-Porque desde hace días dijo que se quería ir… Aquí no hacía nada.El hombre que hablaba con los policías era un ayudante del capataz, un hombre maduro con rasgos indígenas que se expresaba con dureza, como el hombre que está acostumbrado a mandar.-¿Usted lo conocía bien?-Bien, lo que se dice bien, no, pero trabajaba aquí por temporadas. Era un hombre que nunca estaba bien en ningún lado.-


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martes, 17 de junio de 2014

Eleccion del Comisionado Municipal de Olanchito

Por : Osman Guardado
Según Decreto 127 - 2000, Toda Municipalidad Tendrá Un Comisionado Municipal, Electo Por La Corporación Municipal, En Cabildo Abierto, Debidamente Convocado, De Un Listado De Cuatro Personas Propuestas Por Las Organizaciones De La Sociedad Civil. El Comisionado Municipal Deberá Ser Mayor De 25 Años Y Encontrarse En El Pleno Goce De Sus Derechos Civiles.

El representante de los intereses generales  del pueblo en cualquier Municipio de Honduras, constituye una  iluminada personalidad y sus gestiones son de alta transcendencia y significación, limitándose al ejercicio democrático y  vigilancia político social y administrativa en  todas  las  actuaciones de los autoridades y empleados.

La designación del Comisionado Municipal en Olanchito, se realiza por mandato expreso de la Ley de Municipalidades, teniendo un carácter legal respecto a  los intereses municipales y es herramienta elemental en la  protección de la ciudadanía. En  consecuencia, la labor del Comisionado  es compleja y sus efectos propenden a verificar el cumplimiento de las leyes.

Congruente con ello la comisión de transparencia a iniciado el proceso de nombramiento por parte de las organizaciones legalmente representadas en olanchito de sus candidatos, el cual deberá cumplir una serie de requisitos previamente solicitados...

Que se necesita para ser comisionado en Olanchito? Como diría la buena amiga Mary no necesariamente tendría que ser un Santo Tomas de Aquino, pero si una persona interesada por velas por los intereses del pueblo y no por los de un grupo, tampoco queremos un comisionado que se convierta en un mobiliario mas en las sesiones de corporación, pero no con ello una persona que se oponga por oponerse a todo lo emanado por las autoridades municipales.

El nuevo o La nueva comisionada municipal tendrá que ser una persona equilibrada en el uso de sus facultades, el o la cual deberá prestar atención inmediata y de seguimiento a cualquier denuncia. de ahí que la o el Comisionado Municipal puede llegar a ser un poderoso contrapeso.

En función de lo antes mencionado, es importante que el proceso de elección del nuevo Comisionado, sea transparente y participativo, a fin de escoger al mejor hombre o mujer que pueda desempeñarse con valentía, efectividad, independencia y honestidad.

Que decir de el pasado cuando se nombraron personas conocidas otras no tan conocidas pero que abusaron de la confianza de un pueblo que vieron como callaban ante tanto abuso de poder, pero como dice el canto cristiano: “Yo tengo fe que todo cambiará”.

En Organizaciones de sociedad civil y medios de comunicación, empiezan a generarse nombres de los posibles candidatos, algunos de ellos auto-nombrados que ven el puesto de comisionado nada mas como una figura de imagen para alimentar su EGO, otros como el puesto idóneo para ir a dar la guerra y oponerse a todo, sin embargo como pueblo ya estamos cansados, queremos a un Comisionado Municipal participativo, defensor, conocedor de la necesidad del pueblo.

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jueves, 10 de abril de 2014

Personalidades de Olanchito en diferentes gabinetes de gobierno

Por: Juan F. Avila
Francisco J. Mejía Posantes: Ministro de Guerra y Marina en el gabinete provisional de gobierno del doctor Francisco Bertrand, a partir del 28 de marzo de 1911.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del General Manuel Bonilla Chirinos, a partir del 1 de febrero de 1912.
Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del Doctor Alberto Membreño Márquez, a partir del 5 al 15 de agosto de 1915.
Ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del Dr. Alberto Membreño Márquez.
Ministro de Gobernación y Justicia y designado presidencial a partir del 8 de febrero de 1916 en el gobierno del doctor Francisco Bertrand Barahona.
Finalmente figuró como precandidato presidencial por el Partido Nacional, cuando le sorprendió la muerte en forma inesperada.

Andrés Avelino Alvarado Puerto: Ministro de Recursos Naturales en el gobierno de la Junta Militar de 1956-1957.
Ministro de Relaciones Exteriores de 1957 a 1963 en el Gobierno Liberal presidido por el Dr. Ramón Villeda Morales.
Ministro de Relaciones del 6 de junio de 1971 al 4 de diciembre de 1972 en la administración del gobierno de Integración Nacional presidido por el Dr. Ramón Ernesto Cruz.
Precandidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberal de 1962-1963.
Embajador en Costa Rica de 1978 al 2000 durante el gobierno liberal del Ing. Carlos Flores Facussé.

Horacio Moya Posas: Diputado durante diez y seis años de dictadura del General Tiburcio Carías Andino.
Fiscal general de la República en el gobierno del Dr. Juan Manuel Gálvez.
Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1957.
Diputado al Congreso Nacional de 1957 a 1963 en representación del Partido Nacional. Ministro director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la administración del Dr. Ramón Ernesto Cruz (nacionalista).
Designado presidencial de 1965-1971 en la administración del general Oswaldo López Arellano promovida por el Partido Nacional.

Amílcar Zelaya Rodríguez: Comandante del Agrupamiento Táctico Especial.
Comandante en jefe de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP) Policía Nacional.
Miembro del triunvirato que asumió el poder de la nación el 7 de agosto de 1978 al 25 de julio de 1979.

Elvin Ernesto Santos Lozano: Diputado al Congreso Nacional en representación del Partido Liberal de 1965-1971.
Presidente del Consejo Metropolitano del Distrito Central de 1982-1984.
Ministro de Recursos Naturales en el gobierno liberal presidido por el Ing. Carlos Roberto Flores Facussé. 1998-2002. Precandidato presidencial por el Partido Liberal. Candidato a designado presidencial por el Partido Liberal en la planilla encabezada por el licenciado Óscar Mejía Arellano.
Embajador y representante de Honduras ante la FAO en el gobierno del liberal Manuel Zelaya Rosales.

Regino Quesada Ramírez: Viceministro de Recursos Naturales en la administración liberal presidida por el doctor Roberto Suazo Córdova. 1982-1986.
Lisandro Quesada Bardales: Secretario de Prensa del presidente liberal José Azcona Hoyo de 1986-1990. Ministro de Cultura y Turismo de 1986-1988  en la administración liberal del Ing. José Azcona Hoyo.
Director de la Empresa Nacional de Artes Gráficas (ENAG) en la administración liberal de José Azcona Hoyo. 1986-1990.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1986-1990 en representación del Partido Liberal.
Diputado al Parlamento Centroamericano en representación del Partido Liberal de Honduras.
Luis Alonso Quesada: Viceministro de Recursos Naturales en la administración presidencial del Ing. José Azcona Hoyo. 1986-1990.
José Luis Melara Murillo: Viceministro de Cultura de 1989-1990 en la Administración del Ing. José Azcona Hoyo.
Moisés Starkman Pinel: Asesor en Proyectos Especiales de la Presidencia de la República en la administración presidida por el Dr. Roberto Suazo Córdova.
Director de la División de Recursos para el Desarrollo de la Secretaría Técnica del Consejo Superior de Planificación Económica (CONSUPLANE).
Ministro del Consejo de Planificación Económica (CONSUPLANE) de 1984 a 1986.
Ministro de Asuntos Económicos de la Embajada de Honduras en Washington D.C. de 1982-1984.
Precandidato Presidencial por el Partido Liberal de Honduras 1997-1998.
Juan Ramón Martínez B: Ministro Director del Instituto Nacional Agrario (INA) en la Administración Presidencial del Licenciado Rafael Leonardo Callejas Romero. 1990-1993.
Presidente del Tribunal Nacional Electoral de 1996-1997.
Candidato a la Presidencia de la República por el Partido Demócrata Cristiano de Honduras durante el período 2005.
Carlos Chahin Chahin: Ministro de Economía en la administración nacionalista del licenciado Rafael Leonardo Callejas. 1989-1990.
Arturo Morales Fúnez: Viceministro de la Secretaría de Planificación Económica en el gobierno liberal del doctor Carlos Roberto Reina. Gerente general de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (HONDUTEL) de 1996 a 1998 en el gobierno del Dr. Carlos Roberto Reina.
Hugo Castillo Aldana: Viceministro de Finanzas en la administración liberal del Ing. Carlos Roberto Flores F. 1998-2002.
Viceministro de Finanzas en la administración nacionalista presidida por Ricardo Maduro Joest.
Viceministro de Finanzas en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales 2006-2009.
Viceministro de Finanzas en la Administración del liberal Roberto Micheletti Baín de julio 2009 a febrero 2010.
Asesor fiscal en la administración del nacionalista Porfirio Lobo Sosa hasta la fecha 2010-2014.
Juan Fernando Ávila P.: Asesor cultural en la Dirección de Asuntos Culturales y de la Dirección de Soberanía y Fronteras de la Secretaría de Relaciones Exteriores en la administración del liberal Manuel Zelaya Rosales junio de 2006 a marzo 2008.
Viceministro de Cultura, Artes y Deportes en la administración presidida por el liberal Roberto Micheletti Baín del 2009 a febrero de 2010.
María Dilma Quesada Martínez: Diputada a la Asamblea Nacional Constituyente de 1982.
Diputada al Congreso Nacional. 1982-1986.
Diputada al Congreso Nacional 1998-2002.
Secretaría Privada con rango de ministra del presidente Roberto Micheletti Baín 2009 a febrero 2010.
Presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres en Representación de Honduras con Sede en Washington D.C.
Candidata a diputada al Parlamento Centroamericano en las elecciones practicadas el 24 de noviembre del 2013.
Fermina Puerto Oseguera: Viceministra de la Secretaría de CELAC en el gobierno nacionalista del licenciado Porfirio Lobo Sosa 2012-2014.


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lunes, 24 de marzo de 2014

Entrevista a Jorge Zelaya Munguia


¡ME VOY EN BUENA LID! por : Rafael Lazzari (Diario La Tribuna)

Un “moyolito” nacido en Palo Verde, campo bananero de Olanchito, en 1973, a los 11 años agarró una bolsa con algunas pocas pertenencias y buscó la forma de llegar a San Pedro Sula.
La “picazón” de lengua por la narrativa del fútbol y la locución lo orilló a buscar al “jefe de jefes” de Radio Norte, Octavio “Cacho” Zepeda, tan popular como el también fallecido, Diógenes Cruz García (de HRN), en busca de una oportunidad de aprendizaje y posterior plaza en la “Norte”.
A esa edad era un “pollito”, que de poco o nada serviría a “Cacho”. No se sabe qué hizo, pero sobrevivió un año en la antes llamada ciudad de Los Laureles y se regresó a su aldea.
Pero este negrito tenía en la mente triunfar en algo, porque a los 16 años, ya enamorado de Zenia su novia decide volver al Valle de Sula, esta vez aparte de su admiración por las estaciones radiales, quería triunfar en el fútbol.

Llega al club deportivo España (hoy con el “Real”) y como también soñaba hasta despierto con su novia Zenia, aprovechó que en el primer juego de prueba lo dejaron en la banca; pretexto que antepuso para agarrar camino otra vez para Palo Verde, ¡qué amor!
En Olanchito se pone a estudiar: quería ser periodista, luego continúa sus estudios en San Pedro sula, logró trabajar en la “Norte”, ya se sabe con quién y relativamente logra su anhelo, ya el morenito agarra valor y “vuela” a la capital, deseando conseguir un trabajo y continuar sus estudios ya en “grandes ligas”, en la Universidad.

Su llegada a su admirada Tegucigalpa no fue de soplar y hacer botellas, mientras conocía a algunos “panas”, tuvo que “instalarse” en las “cómodas” bancas del Parque Central, donde conoció también la estatua del general Morazán y a su caballo. Ahí dormía en su improvisada cama de piedra…
Jorge Zelaya Munguía, hombre de fe, de perseverancia y fortaleza pero como todo indito se aventó a la gran ciudad ¡y triunfó!
 Lo demás en torno a su figura ya se conoce y que también después de haber pasado por Radio América y haciéndose otro salario laborando en deportes de La Tribuna; posteriormente la HRN, Radio Reloj y da el gran salto (alto) hacia la pantalla chica en Canal 5, donde se hizo figura del periodismo televisivo, sin maquillaje, pero con energía y responsabilidad.

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domingo, 23 de marzo de 2014

Un viaje en tren hacia el pasado

Honduras, ferrocarril de Honduras
Recorrer el Museo Ferroviario de El Progreso, Yoro, es tomar el tren en un viaje hacia el pasado.


Las viejas locomotoras de la Tela Rail Road Company rescatadas por los fundadores del museo evocan en silencio la época en que se abrían paso rugiendo entre los bananales, unas remolcando hileras de vagones cargados de fruta y otras encabezando el alegre convoy del tren pasajero.
Las más pesadas hacían temblar la tierra cuando pasaban por El Progreso rumbo a los muelles donde descargaban los racimos de bananos, comenta Harry MacCalla, promotor de este santuario del pasado.
Los más veteranos progreseños recuerdan la epopeya de la 248, una locomotora de vapor a la que le decían “la enana” por su gran tamaño, la cual sucumbió al cruzar un “puente traidor” viniendo de Tela. Hasta un corrido le dedicaron a aquella tragedia en la que murió la tripulación de “la 248 que Juárez timoneaba”.

El museo surgió gracias a la iniciativa de un grupo de progreseños encabezados por MacCalla quienes, para no seguir viviendo del recuerdo de los tiempos del tren, decidieron hacerlo realidad.
Revivieron el Round House que era la estación de mantenimiento de las locomotoras y montaron a su alrededor cuantas reliquias del ferrocarril lograron recuperar para llevar a los visitantes por un viaje hacia el pasado.
Hay personas que llegan solo para recordar aquella época, como una señora que vino exclusivamente de Olanchito, porque su marido, ya fallecido, trabajó muchos años como maquinista en Coyoles, Central.
Si mi marido estuviera vivo, como hubiera disfrutado todo esto”, le comentó a MacCalla, la mujer dejando escapar un suspiro.
Subirse a uno de los coches pasajeros exhibidos en este parque de antigüedades es recordar la travesía a Tela viendo pasar los barracones por las ventanillas o imaginar las paradas obligadas con sabor a montucas y tamalitos de maíz tierno en las juntas de trenes. La aventura la disfrutaban tanto los pasajeros que iban en cómodos asientos pullman en los coches de primera como los que preferían los de segunda con bancas de madera por ser más baratos.
Un cobrador de lustroso Kepí, camisa celeste y pantalón azulón recorría los pasillos picando los boletos que los pasajeros previamente compraban en la estación. Detrás de él caminaba un guarda con una pistola colgada al cinto como símbolo de autoridad. Si alguien no tenía su boleto, tiraba una palanquita de la pared para avisar al maquinista que parara de inmediato con el fin de bajar al tramposo.
Los trabajadores de la frutera tenían su propio tren para ir a pasear a Tela al que llamaban “machangai”, una palabra que degeneró del inglés merchandise que significa mercadería. Algunos de estos vagones surgieron como carros fruteros que luego fueron transformados en transporte popular.
Entre las piezas exhibidas también está un antiguo generador de energía eléctrica que además generaba alegría entre los campeños porque servía para proyectar películas, en aquellos tiempos cuando aún no llegaba la televisión a las fincas.
Quienes más gritaban de alegría cuando llegaba el generador a un campo bananero eran los cipotes porque sabían que esa noche iban a ver una de vaqueros o una mexicana, comenta MacCalla.
Llama la atención entre los visitantes al museo, el motocarro conocido como “La Pedorra”, que remolcaba dos “burras” transportando a los “cusucos” quienes reparaban la vía férrea, con sus respectivas herramientas. “Nosotros le pusimos La Pedorra porque hacía un ruido feo con el escape cuando pasaba por el barrio”, manifiesta MacCalla, recordando los tiempos de su niñez.
Las “burras” eran plataformas con ruedas que se desacoplaban fácilmente del motocarro para sacarlas de la línea férrea si no se necesitaban. La diferencia con los troles es que estos disponían de un mecanismo para ser manejados por dos personas.
Había unos motocarros más lujosos para uso exclusivo de los mandadores que en un tiempo eran norteamericanos. Cada uno de estos ejecutivos tenía el suyo para viajar de El Progreso a su respectiva finca, pero también había un motocarro más grande en el que cabían todos, cuando iban de paseo.
Para limpiar de maleza la vía real por donde pasaban los trenes, la frutera utilizaba una máquina quemadora que remolcaban las locomotoras. Este artefacto metálico es otro de los atractivos del museo ferroviario.
Aún faltan más reliquias del desaparecido ferrocarril que andan por allí desperdigadas y que deben ser recolectadas para realizar la segunda etapa de este proyecto turístico, considerado por los progreseños como el primero de Centro América en su gén

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domingo, 9 de marzo de 2014

La libertad en las calles

Por: Mario Vargas Llosa 9 DE MARZO 2014 - Diario El Pais

Hace ya cuatro semanas que los estudiantes venezolanos comenzaron a protestar en las calles de las principales ciudades del país contra el gobierno de Nicolás Maduro y, pese a la dura represión –20 muertos y más de 300 heridos reconocidos hasta ahora por el régimen, y cerca de un millar de detenidos, entre ellos Leopoldo López, uno de los principales líderes de la oposición–, la movilización popular sigue en pie. Ha sembrado Venezuela de “trincheras de la libertad” en las que, además de universitarios y escolares, hay ahora obreros, amas de casa, empleados, profesionales, una ola popular que parece incluso haber desbordado a la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, la organización sombrilla de todos los partidos y grupos políticos gracias a los cuales Venezuela no se ha convertido todavía en una segunda Cuba. Pero que esas son las intenciones del sucesor del comandante Hugo Chávez es evidente.

 Todos los pasos que ha dado en el año que lleva en el poder que le legó su predecesor son inequívocos. El más notorio, la asfixia sistemática de la libertad de expresión. El único canal de televisión independiente que sobrevivía –Globovisión– fue sometido a un acoso tal por el gobierno que sus dueños debieron venderlo a empresarios adictos, que lo han alineado ahora con el chavismo. El control de las estaciones de radio es casi absoluto y las que todavía se atreven a decir la verdad sobre la catastrófica situación económica y social del país tienen los días contados. Lo mismo ocurre con la prensa independiente a la que el gobierno va eliminando poco a poco mediante el sistema de privarla de papel.

 Sin embargo, aunque el pueblo venezolano ya casi no pueda ver, oír ni leer una información libre, vive en carne propia la descarnada y trágica situación a la que los desvaríos ideológicos del régimen –las nacionalizaciones, el intervencionismo sistemático en la vida económica, el hostigamiento a la empresa privada, la burocratización cancerosa– han llevado a Venezuela, y esta realidad no se oculta con demagogia. La inflación es la más alta de América Latina y la criminalidad una de las más altas del mundo. La carestía y el desabastecimiento han vaciado los anaqueles de los almacenes, y la imposición de precios oficiales para todos los productos básicos ha creado un mercado negro que multiplica la corrupción a extremos de vértigo. Solo la nomenclatura conserva altos niveles de vida, mientras la clase media se encoge cada día más y los sectores populares son golpeados de una manera inmisericorde que el régimen trata de paliar con medidas populistas –estatismo, colectivismo, repartos de dádivas y mucha, mucha propaganda acusando a la “derecha”, el “fascismo” y el “imperialismo norteamericano” del desbarajuste y caída en picada de los niveles de vida del pueblo venezolano.

 El historiador mexicano Enrique Krauze recordaba hace algunos días el fantástico dispendio que ha hecho el régimen chavista en los 15 años que lleva en el poder de los 800.000 millones de dólares que ingresaron al país en este período gracias al petróleo (las reservas petroleras de Venezuela son las más grandes del mundo). Buena parte de ese irresponsable derroche ha servido para garantizar la supervivencia económica de Cuba y para subvencionar o sobornar a esos gobiernos que, como el nicaragüense del comandante Ortega, el argentino de la señora Kirchner o el boliviano de Evo Morales, se han apresurado en estos días a solidarizarse con Nicolás Maduro y a condenar la protesta de los estudiantes “fascistas” venezolanos.

 La prostitución de las palabras, como lo señaló Orwell, es la primera proeza de todo gobierno de vocación totalitaria. Nicolás Maduro no es un hombre de ideas, como advierte de inmediato quien lo oye hablar; los lugares comunes embrollan sus discursos, que él pronuncia siempre rugiendo, como si el ruido pudiera suplir la falta de razones, y su palabra favorita parece ser “¡fascista!”, que endilga sin ton ni son a todos los que critican y se oponen al régimen que ha llevado a uno de los países potencialmente más ricos del mundo a la pavorosa situación en que se encuentra. ¿Sabe el señor Maduro lo que fascismo significa? ¿No se lo enseñaron en las escuelas cubanas donde recibió su formación política? Fascismo significa un régimen vertical y caudillista, que elimina toda forma de oposición y, mediante la violencia, anula o extermina las voces disidentes; un régimen invasor de todos los dominios de la vida de los ciudadanos, desde el económico hasta el cultural y, principalmente, claro está, el político; un régimen donde los pistoleros y matones aseguran mediante el terror la unanimidad del miedo y el silencio, y una frenética demagogia a través de los medios tratando de convencer al pueblo día y noche de que vive en el mejor de los mundos. Es decir, el fascismo es lo que va viviendo cada día más el infeliz pueblo venezolano, lo que representa el chavismo en su esencia, ese trasfondo ideológico en el que, como explicó tan bien Jean-François Revel, todos los totalitarismos –fascismo, leninismo, estalinismo, castrismo, maoísmo, chavismo– se funden y confunden.

 Lo que es triste, aunque no sorprendente, es la soledad en que los valientes venezolanos que ocupan las “trincheras de la libertad” están luchando por salvar a su país, y a toda América Latina, de una nueva satrapía comunista, sin recibir el apoyo que merecen de los países democráticos o de esa inútil y apolillada OEA (Organización de Estados Americanos), en cuya carta principista, vaya vergüenza, figura velar por la legalidad y la libertad de los países que la integran. Naturalmente, qué otra cosa se puede esperar de gobiernos cuyos presidentes comparecieron, prácticamente todos, en La Habana, a celebrar la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, y a rendir un homenaje a Fidel Castro, momia viviente y símbolo animado de la dictadura más longeva de la historia de América Latina.

 Sin embargo, este lamentable espectáculo no debe desmoralizarnos a quienes creemos que, pese a tantos indicios en contrario, la cultura de la libertad ha echado raíces en el continente latinoamericano y no volverá a ser erradicada en el futuro inmediato, como tantas veces en el pasado. Los pueblos en nuestros países suelen ser mejores que sus gobiernos. Ahí están para demostrarlo los venezolanos, como los ucranios ayer, jugándose la vida en nombre de todos nosotros, para impedir que en la tierra de la que salieron los libertadores de América del Sur desaparezcan los últimos resquicios de libertad que todavía quedan. Tarde o temprano, triunfarán. Dar click en el titulo de la noticia para comentar con tu cuenta de Facebook,Twitter,ó e-mail..puedes usar los botones de abajo para compartir en las redes sociales
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