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viernes, 18 de diciembre de 2015

Entrevista a Enrique Soto Cano ex Jefe de la FAH

Fuente : Diario La Tribuna, Seccion : Dia 7 entrevista por el periodista Marlon Gonzalez, fotos cortesia de Diario La Tribuna.

Al escuchar el nombre de Enrique Soto Cano de inmediato se viene a la memoria la base aérea de Palmerola, en Comayagua, pero la verdad es que detrás de esa figura existe un hombre que defendió a Honduras en momentos de crisis.

Fue parte de los elementos hondureños que participaron en la II Guerra Mundial (1939-1945) en los operativos para rastrear submarinos alemanes en el océano Atlántico y el mar Caribe, además era el comandante de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), en la guerra de 1969 con El Salvador.

Fue él la persona que ordenó desde la comandancia de la base militar el despegue de los aviones Corsarios hondureños, para atacar a las aeronaves salvadoreñas que bombardearon Tegucigalpa, aquel 14 de julio de 1969.

Al contrario de lo que muchos pensarán, Enrique Soto Cano todavía da testimonio de lo que sucedió en esa ocasión. LA TRIBUNA dialogó con él sobre diferentes aspectos y épocas de su vida.

A sus 90 años es una enciclopedia viviente de la aviación militar, quien y con clara lucidez relata los momentos que le tocó vivir, desde su niñez, cuando a la edad de 8 años perdió a su padre, hasta llegar a máximo jefe de la Fuerza Aérea.


Olanchito,Honduras,Enrique Soto Cano
De dónde viene Enrique Soto Cano?
Vengo de una familia bastante grande, de mediana posición. Mi abuelo tenía una haciendita con 15 vacas y yo se las ordeñaba, y todos cooperábamos con él.

¿Cómo fue su niñez?
Guarda silencio y contesta… perdí mi padre a los ocho años y eso creó en la casa un desbalance, entonces íbamos con el abuelo a ayudarle; mi tío me llamaba a las 4:00 de la mañana para que fuera a arrearle las vacas y traer la leche a las 6:00 de la mañana, después me iba para donde mi madrina que me estaba ayudando a levantarme, y luego a la escuela; esa fue mi vida, recogiendo leña, haciendo mandados, fui zapatero, me fui a tocar marimba ¡y descalzo va!… luego deja escapar una leve sonrisa…

Dar click  en LEER ARTICULO COMPLETO al final de este parrafo para leer la entrevista completa

viernes, 25 de septiembre de 2015

Quien fue Francisco J. Mejia en la politica hondureña?

Francisco J Mejia, biografia Francisco J Mejia, Olanchito
Por: Juan Fernando Avila Posas
FRANCISCO JAVIER MEJIA POSANTES, fue el nombre de un robusto varón nacido el 3 de diciembre de 1869, en el Barrio marginal LOS MIRRIÑAQUEZ, en el sureste de la ciudad de Olanchito, siendo hijo del hogar formado por JOSÉ MARIA MEJIA y la señora SANTIAGA POSANTES. FRANCISCO J. MEJIA, llegaría con el tiempo a desarrollar una de las carreras políticas más admirables de Honduras, y a ocupar importantes cargos en la administración pública en distintos gobiernos de tendencia conservadora.

 Nuestro biografiado realizó estudios primarios en su tierra natal, ya que sus padres se interesaron porque adquiera una formación sólida y no inclinara su afición hacia la pesca artesanal, que fue uno de los oficios que dominaron la mayoría de los originarios y residentes de ese sector de la comunidad, herencia recibida de los NEGROS DE ARGOLLA DE OLANCHITO, cuando estos últimos se ubicaron entre los caudales diáfanos y transparentes de los ríos UCHAPA y AGUAN, antes de que los mismos se convirtieran en los hilos lanquidecientes y moribundos en que los convirtieron los depredadores del pasado histórico y del presente nefasto e incorregible.

 Los estudios secundarios, los realizó MEJIA POSANTES, en el Instituto Nacional de Tegucigalpa y los superiores en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, donde obtuvo el título de Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales, y Notario en la Corte Suprema de Justicia.
 Con una formación profesional consistente decidió establecerse en la ciudad Puerto de La Ceiba, donde fundó dos periódicos llamados PATRIA Y PUEBLO, tribunas de pensamiento que de algún modo le fueron abriendo el camino a su prolongada vida política, porque a través de sus columnas desarrollaba el diagnóstico de los problemas que atribulaban a la sociedad hondureña, planteando igualmente sus vías lucidas de solución.
El año de 1881, FRANCISCO J. MEJIA, se había convertido en redactor de COMBATE, órgano que defendía la candidatura presidencial del General PONCIANO LEIVA, desempeñando iguales responsabilidades en ECO POPULAR, El Heraldo que se editaba en La Ceiba de idénticas pretensiones políticas.

 FRANCISCO J. MEJIA fue electo Alcalde de la ciudad de 1900 a 1901, seis años después de haber emigrado de su ciudad natal Olanchito. Durante su gestión como principal autoridad local, fundó la Librería LA ESTRELLA, considerada la más grande de la localidad, y en materia educativa fue pionero entusiasta el haber fundado dos de las principales escuelas de la comunidad, siendo estas: la de varones FRANCISCO MORAZAN y la de niñas GUADALUPE QUESADA, que hasta la fecha se constituyen timbres de orgullo para la sociedad porteña. En esta misma ciudad y junto al Licenciado JUAN BUSTILLO RIVERA, en febrero de 1902, iniciaron la campaña política a favor del General MANUEL BONILLA CHIRINOS, a través del semanario EL INICIADOR, y más tarde sus colaboradores pasaron a formar las páginas del DIARIO DE HONDURAS, que fue el principal vocero de la candidatura triunfal Bonillista.

 Para dedicarse al ejercicio activo del periodismo, adquirió en 1903 la imprenta LA ESTRELLA, lo que le permitió cubrir con su trabajo intelectual, las páginas del Comercio, donde colaboró con diversos escritos en el año de 1908, su trabajo destacado y su proyección como figura sobresaliente de su campaña, lo llevaron a ocupar una diputación en la administración Bonillista, y con ello después de sus contribuciones sin espacio que duraría hasta el día de su infortunado fallecimiento. Escritor de sólidos principios en torno a sus ideas las que alternaba con su pasión partidaria, asistió como representante de Honduras al CONGRESO DE PERIODISTAS CENTROAMERICANOS, que se celebró en Guatemala en 1911, año en el cual se convirtió en miembro del Gabinete del Gobierno provisional del Doctor FRANCISCO BELTRAND, ocupando el Ministerio de GUERRA Y MARINA, un 28 de marzo de 1911.

 Más tarde durante el segundo gobierno del General MANUEL BONILLA, que dio inicio el 1 de febrero de 1912, fue designado nuevamente Ministro de Guerra y Marina. Cuando las debilidades orgánicas apresaron la capacidad dirigencial del General MANUEL BONILLA y ya prácticamente enfermo depositó el poder un 2 de marzo de 1913 en el Doctor FRANCISCO BELTRAND, quien fungía como Vicepresidente, el Doctor Francisco J. Mejía, fue ratificado en el desempeño de la misma cartera ministerial. El 5 de agosto de 1915 en el gobierno del Doctor ALBERTO MEMBREÑO, fue seleccionado Ministro de GUERRA Y MARINA, quien en las postrimerías de su administración le confió en forma temporal la Secretaría de HACIENDA Y CREDITO PUBLICO. Finalmente en el Gobierno que a las 3 de la tarde del 8 de febrero de 1916 asumiera el Doctor FRANCISCO BELTRAND, el político olanchitense fue nombrado Ministro de GOBERNACION Y JUSTICIA, figurando al mismo tiempo en la nómina como PRIMER DESIGNADO A LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA.

Desde esa plataforma se constituyó una fuerte corriente de opinión favorable a su candidatura presidencial, donde resaltaban sus múltiples virtudes y se preconizaba su experiencia y capacidad administrativa a nivel público. En el proceso de transición ministerial de las administraciones del Doctor BELTRAND, FRANCISCO J. MEJIA, se revistió de una obsesión geofagica y se apoderó junto a TERENCIO T. REYES, virtual alcalde de Olanchito de 3.812 hectáreas de terreno en la jurisdicción de SONAGUERA, COLON en 1917, según lo consigna el libro INDICE GENERAL DE TITULOS DE TIERRA DEL SIGLO XVI al siglo XX, cuyos equivalentes en términos de manzanas totalizan la nada despreciable cantidad de 5.451.16 manzanas, extensión mayor que todo el ejido municipal de la ciudad coloneña. Aun así, los comentarios generalizados de aquel tiempo señalaban, que si no es por su inesperada muerte se hubiera convertido en el indudable sucesor del Presidente BELTRAND, en los destinos de la nación hondureña. Con su muerte (presumiblemente por envenenamiento) extremo este último que quedó envuelto en un velo de misterio, la ciudad C IVICA DE OLANCHITO, perdió la más cercana oportunidad de tener por primera vez en su historia un presidente de extracción humilde, nacido en una zona marginal de la ciudad, conocida en la distribución de la nomenclatura urbana antigua como BARRIO DE LOS MIRRIÑAQUEZ, hoy Colonia La Torre.

 FRANCISCO J. MEJIA, expiró el sábado 25 de enero de 1919 a las 11:00 de la mañana a la edad de 50 años, rodeado de un núcleo de amigos, de sus más cercanos familiares y de políticos afines a su causa, que vieron en el fallecimiento del líder la capitulación de sus ideales y sus aspiraciones políticas. El pueblo de Olanchito, a través de lo que fue la SOCIEDAD DE PADRES DE FAMILIA, al fundar el primer centro de formación educativa a nivel medio dispuso honrar el nombre del hombre público que fue MEJIA POSANTES, el Instituto fue creado por acuerdo # 580 del 17 de abril de 1943. Al retornar de Guatemala, donde vivió por un tiempo, escribió una Monografía sobre la FACCION DE OLANCHO, que quedó inédita, desconociéndose el destino de la misma.
el Doctor FRANCISCO J. MEJIA, en Consejo de Ministros emitió el Decreto # 66 DECLARANDO DUELO NACIONAL, la fecha de su fallecimiento. Lo mismo hizo el CONGRESO NACIONAL, mediante Decreto # 17consdignando la muerte del ilustre estadista.

A su sepelio asistieron personalidades más sobresalientes  de la política nacional quienes en sus intervenciones oratorias destacaron los méritos y virtudes de uno de los hombres que nació predestinado a ocupar un espacio estelar en la historia de la Política Nacional.

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domingo, 23 de agosto de 2015

Los dones de Honduras

Por:  Oscar Anibal Puerto Posas
Don es un título honorífico y de dignidad, que se antepone al nombre propio, no al apellido. Se daba antiguamente a muy pocos, aún de la primera nobleza. España, lo reservará, más tarde, a sus grandes hombres lindantes con la genialidad. Son pocos, muy pocos y entre ellos espiga una que otra mujer.

No pretendemos hacer un listado exhaustivo. Me referiré a algunos; casi todos pertenecientes a la generación noventayochistas. Veamos, don Ramón Menéndez Pidal, don Miguel de Unamuno, don Marcelino Menéndez y Pelayo, don Ramón María del Valle Inclán. ¡Oh! casi se me olvidaba una gran mujer: doña Emilia Pardo Bazán. España tiene enormes poetas y artistas. A ninguno se le aplica el calificativo de don. Al parecer, solo se le aplica a ejemplos vitales de erudición.

Honduras, ha producido también sus dones: don Augusto C. Coello, don Rómulo E. Durón, don Jesús Aguilar Paz, don Manuel Adalid y Gamero y creo que ya no hay más… Desearía equivocarme. Hay dos damas que merecen el cognomento: doña Lucila Gamero de Medina y doña Paca Navas de Miralda.

Don Augusto Constancio Coello, es harto conocido por ser el autor de la letra del Himno Nacional. Pero el hombre allí no se agota. Fue historiador. Periodista. Político. Hizo de la vida pública una función patriótica altísima. Fue Canciller de la República en el gobierno del doctor Miguel Paz Barahona. Debido a ello, la Academia de Diplomacia lleva su nombre.

Don Rómulo Ernesto Durón. Jurisconsulto. Político. Poeta. Ex rector de la Universidad Nacional de Honduras. Historiógrafo, sus tratados son obra de consulta. Fue, en suma, un patriota: la United Fruit Company le pidió que llevara sus asuntos jurídicos. El incentivo económico era halagüeño. Pero, don Rómulo dijo: “no”. Su argumento fue: “si en algún momento me toca litigar en contra del Estado de Honduras, me moriría de vergüenza”. Era Canciller de la República, cuando los marines yanquis llegaron a Tegucigalpa en 1924. Don Rómulo, en persona, entregó una nota de protesta al Embajador de los EEUU, Franklin Morales. Son las cosas que no se saben y por eso no se reconocen los méritos de las personas.

Don Jesús Aguilar Paz, fue un finísimo obsequio que el municipio de Gualala allá en Santa Bárbara quiso ofrecerle a Honduras. El primero en pintar el rostro de la patria. Su mapa tuvo una duración de sesenta años, hasta que la geodesia nacional permitió superarlo. Aún así, fue un modelo para los técnicos. Toda su labor la hizo a pie o en lomo de bestia. Sin apoyo económico del Estado. Movido por su inmenso amor a Honduras. Fue maestro de educación primaria y doctor en química y farmacia.

Don Manuel Adalid y Gamero. Hombre polifacético: ingeniero, médico, profesor, escritor, periodista y político. Pero sobre todo, fue el mejor músico que ha producido Honduras. Fundador de la primera escuela de música. Maestro de músicos de fina estirpe: Francisco Díaz Zelaya, Rafael Coello Ramos, Ignacio Villanueva Galeano y otros más. De todos los mencionados, solo don Manuel Adalid y Gamero tiene una estatua majestuosa y señera en el Parque Central de Danlí, tierra de sus amores.

Doña Lucila Gamero de Medina, fue la primera mujer que se atrevió a escribir en Honduras. Realizó su famosa novela “Blanca Olmedo” que le dio renombre nacional e internacional. La publicó en 1900 y todavía es texto de lectura obligatoria en los colegios y en las universidades de Honduras: tiene, entonces, más de cien años de amenidad.

Doña Paca Navas de Miralda es la autora de “Barro”, editada en Guatemala en 1950. Por cierto, la primera novela de denuncia social escrita en Honduras.

En mérito a lo anterior, podemos concluir que la clase política del siglo pasado era más instruida que la clase política actual. Constituida por pícaros y ladronzuelos.

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domingo, 5 de abril de 2015

El Origen y desarrollo histórico del teatro en Olanchito

Olanchito,historia del teatro en Olanchito, Honduras
Isabel Amaya, madre del escritor Ramon Amaya Amador
Por : Juan Fernando Avila Posas
No existe hasta el momento una fecha específica que determine con exactitud, el día, hora y fecha de cuándo se inició el teatro en la Ciudad Cívica de Honduras, ni la noche en que por primera vez se presentaron en el improvisado escenario el elenco de actores y actrices a desarrollar el potencial de sus facultades históricas. De lo que sí se tiene seguridad, es que fue el profesor JOAQUÍN REYES TEJEDA, nacido el 26 de junio de 1886, el indudable iniciador de esta disciplina artística, que envolvió a una juventud inquieta en la dramatización en los primeros años de la tercera década del siglo pasado (1930-1940), y creó las condiciones para el posterior desarrollo de lo que es hoy día, la HISTORIA DEL TEATRO EN OLANCHITO.

JOAQUÍN REYES TEJEDA, como educador, había fundado en el año 1922 el INSTITUTO “PEDRO NUFIO”, en la ciudad de Olanchito, en reconocimiento y gratitud a quien fuera su maestro y le entregara el título de docente en noviembre de 1914 en la ESCUELA NORMAL DE VARONES de Tegucigalpa. Mucho tiempo después, REYES TEJEDA, había escrito una obra dramática de dos actos conocida con el nombre de LOS SIETE PECADOS CAPITALES, de la que se ignora si fue llevada a los rudimentarios tablados de la época, e infortunadamente quedó inédita y el instituto fundado desgraciadamente tuvo vida efímera, mientras el maestro REYES TEJEDA, fue exigido a ocupar la dirección del INSTITUTO “LA FRATERNIDAD” de Juticalpa, Olancho, más tarde el mismo cargo en el instituto “JOSÉ CECILIO DEL VALLE” en Choluteca, como igual responsabilidad le delegaron en el Instituto “LEÓN ALVARADO” de Comayagua, y finalmente en el “MANUEL BONILLA” de la ciudad puerto de La Ceiba, Atlántida.

JOAQUÍN REYES TEJEDA, retornó a su tierra natal, después de haber cumplido una misión histórica y educativa, ocupando igualmente direcciones de Educación en los departamentos de Yoro y Atlántida, y fue después cuando se ocupó definitivamente de implementar el teatro de la Ciudad Cívica de Honduras.

Se presume que fue el año de 1934, cuando reclutó una serie de señoritas talentosas de belleza resplandecientes y jóvenes deshinividos e inteligentes, para conformar el primer cuadro dramático, y llevar el escenario el mensaje de una nueva expresión, aunque fragmentaria, de las PASTORELAS DEL PADRE REYES, desconocidas por el público, que recibió con entusiasmo y receptividad el mensaje y los monólogos de algo hasta entonces desconocido por los numerosos espectadores.

En base a lo descrito, se considera a JOAQUÍN REYES TEJEDA, como el indiscutible pionero de este arte, hoy evidentemente olvidado, y sin posibilidades comunales de reivindicación.

JOAQUÍN REYES TEJEDA, falleció de muerte natural el 8 de junio de 1948 en la ciudad de Olanchito, a los sesenta y dos años de edad (62), dejando un legado histórico, educativo y cultural en la sociedad, que supo valorar su esfuerzo creativo y su empeño cultural.

Muerto el honorable maestro y quedando el teatro en la orfandad, MARÍA ISABEL AMAYA, madre del escritor RAMÓN AMAYA AMADOR (1916-1966) asumiría con elevados grados de responsabilidad la dirección escénica, conservando un reducido número de intérpretes, quienes con el fallecimiento del principal gestor dramático, vieron capitular sus inquietudes, obligando a la nueva promotora cultural el reclutamiento de personal joven, aunque desconocedores del arte, para impulsar nuevamente el género artístico en el ambiente distrital.

MARÍA ISABEL AMAYA, había recibido sus primeras lecciones y logrado un aprendizaje fácil y admirable al lado del maestro REYES TEJEDA. Ella fue una mujer dotada de talento natural para asimilar los recursos dramáticos del teatro popular, y poseedora de manos prodigiosas para la confección artística de flores artificiales con la que ornamentaba las imágenes de la Iglesia Católica, y donde encontraría igualmente el tejido de un amor secreto con el sacerdote GUILLERMO R. AMADOR, encargado de la parroquia de la localidad y de cuya relación, naciera un 28 de abril de 1916 el célebre escritor y novelista RAMÓN AMAYA AMADOR.

De su sensibilidad en el arte floral de su cultura para la dramatización, y de su sentido único para la dirección escénica, nació en su interior una pasión y así continuar con la misión heredada simbólicamente por el maestro REYES TEJEDA. Con ese fin convocó personal, dentro de los que se inscribieron JESÚS SANDOVAL NÚÑEZ, AMÍLCAR LOZANO MURILLO, MANUEL LOZANO TEJEDA, ANTONIO R. NÚÑEZ, JULIA AGURCIA ALVARADO, ANA P. VALDERRAMOS, MERCEDES CANO RUIZ, ELVIA TINOCO, FRANCISCA ILIAS PLATA y muchos (as) que se identificaron con el elenco y se solidarizaron entusiastas con la nueva propuesta artística del teatro local.

MARÍA ISABEL AMAYA, se distinguió por su capacidad en el dominio de todo cuanto inicialmente había asimilado del arte dramático, y le dio sentido y perduración expresiva y cultural a lo que en el pasado naciera como fuente de placer estético en el medio.

Es indudable que con sus ideales influyó decididamente en la formación cultural de su hijo RAMÓN AMAYA AMADOR, para que este desarrollara sus potencialidades y talento como escritor, puesto en evidencia a través de cincuenta libros escritos, incluyendo dentro de los mismos la obra teatral LA PESTE NEGRA, con la que participó en el certamen literario promovido por la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS, el año de 1957, donde se hizo merecedor de MENCIÓN HONORÍFICA, al declarar desierto el concurso  por falta de participantes.

MARÍA ISABEL AMAYA, falleció el 20 de febrero de 1946, dos años antes que el maestro REYES TEJEDA, y con su muerte el teatro dio por terminado su ciclo de presentaciones, culminando de esta forma una etapa trascendental para el arte dramático de la ciudad.

Tendría que vivirse un prolongado silencio en espacio y tiempo, hasta que a finales de los años cincuenta, providencialmente NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, con el don propio y virtudes naturales de liderazgo y dirección, se le ocurriera expresar su talento e invitar familiares para constituir lo que una noche sería la renovación artística del TEATRO POPULAR EN OLANCHITO. El escenario fue improvisado, frente a la casa de su abuelo y patriarca de la familia don PRÓSPERO BARDALES NÚÑEZ, a quien dejaron desprovisto de sus sábanas y frazadas invernales, para organizar con ingenio y estrategias el manteado escénico, y hacer más fácil las manipulaciones y dominio de los telones a JUAN RAMÓN MARTÍNEZ BARDALES, quien desarrollaba funciones empíricas de tramoyista en las presentaciones nocturnales. El elenco artístico estaba integrado en su generalidad por familiares, vecinos y amigos, siendo los principales MELTON BARDALES MARTÍNEZ, ÓSCAR (COCO) BARDALES, POPITO QUESADA BARDALES, ELSA NÚÑEZ, MIGUEL ÁNGEL SOSA (LANGUE) SONIA QUESADA BARDALES, ANTONIO REYES (CAPITO) Y NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, como responsable del montaje y dirección de la obra, presentando la velada melodramática con ejecuciones preliminares del trío de guitarras ejecutadas magistralmente por POLICARPO REYES SOSA (CAPO) ÁNGEL CÁLIX MERLO Y PASCUALIO DELARCA, quienes interpretaban canciones sentimentales de lo más renombrados cantantes mexicanos de la época, mientras se hacían los últimos detalles para develar el telón de la obra.

De los recuerdos inmemoriales que se conservan, es que la dramatización de la obra con fragmentos de la llegada de los TRES REYES MAGOS, presentada en los preludios navideños, a uno de los comediantes de escaza y despreocupada memoria, involuntariamente olvidó un fragmento de la sexteta que le correspondía exponer, y aquel lapsus imperdonable, indignó al propietario de la casa, exigente y sanguíneo por su estirpe española, quien en holocausto imprevisible, terminó llevando sus cobijas a su tibio regazo nocturnal, desmantelando aquel ensayo subliminal de una juventud que protegidos bajo el calor paternal se asilaron en una casa de donde posteriormente surgirían intelectuales renombrados como LISANDRO QUESADA BARDALES (poeta y escritor) NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES (actriz) MANUEL QUESADA BARDALES (poeta) JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES (poeta y pintor) RIGOBERTO QUESADA FIGUEROA (poeta) JUAN RAMÓN MARTÍNEZ BARDALES (escritor y periodista) JUAN CARLOS QUESADA ORELLANA (poeta) ROBERTO QUESADA LÓPEZ (novelista) y tantos otros que hoy con su talento vigorizan ostensiblemente la bibliografía nacional.

NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, cumplió de esta forma su deseo de quedar en la historia local como promotora de cultura desde una perspectiva donde pocos han querido incursionar, pero ella demostró con sus acciones estar preparada igualmente para salir airosa de este drama cotidiano que envolvió su vida.

NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, falleció en la ciudad de La Ceiba el 8 de diciembre de 2014, antes de las fiestas navideñas como ella siempre lo soñó, a la edad de 79 años.

Cuando apenas era una niña de cara angelical, trenzas azabaches cayéndole en sus hombros como ríos caprichosos, siendo estudiante de secundaria en la intersección de la avenida La Unión y la calle El Telégrafo del Barrio Abajo, sobre un promontorio de piedras de lo que con el tiempo sería la residencia del más grande potentado local y diputado por el Partido Liberal SIXTO QUESADA SOTO, la señorita Alma Caballero Herrera (1947) según lo relata en una crónica genealógica de la familia Saravia, el doctor OMAR GONZALES, hacía sus primeros ensayos convocando actores de su edad, que se aproximaban a los espacios de la curiosidad juvenil deseando conocer un arte que había estado ausente por muchos años y era imperativa su reivindicación.

Esa tentativa de ALMA CABALLERO HERRERA, se produjo en la década del sesenta, cuando ella cursaba estudios secundarios, despertando inquietudes por su interés y sus iniciativas lírica de una nueva expresión del Teatro Popular en Olanchito.


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Alma Caballero Herrera
ALMA CABALLERO HERRERA, demostró a temprana edad, ser poseedora de talento para el manejo y conducción teatral, sin haber recibido orientaciones de ningún dramaturgo o conocedor de dirección escénica, ni lecciones de prosodia, pero ella traía vocación y caudal artístico, que más tarde desarrollaría con profesionalismo y de manera libertaria, cuando obtuvo sus doctorados en ESTÉTICA, CIENCIA Y TECNOLOGÍA DE LAS ARTES Y ESTUDIOS TEATRALES, en la universidad de París Vinsennes, en la admirable y legendario Francia, y en la UNIVERSIDAD DE TOLOUSE LE MIRAIL en  la misma nación europea.

Hoy día, ALMA CABALLERO HERRERA, es promotora del TEATRO EN HONDURAS, habiendo sido fundadora del DEPARTAMENTO DE ARTES de la UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS, directora del taller de la tarde en Tegucigalpa, directora del Teatro Zamora, en la misma capital, participante del TEATRO UNIVERSITARIO DE HONDURAS, e integrante del CUADRO DRAMÁTICO DE TEGUCIGALPA, habiendo realizado una carrera exitosa junto al extinto dramaturgo hondureño FRANCISCO SALVADOR, quien dejó una huella inalcanzable en el desarrollo histórico del Teatro de Honduras.

Paralelamente ALMA CABALLERO HERRERA, ha investigado y escrito libros disciplinarios de arte como EL TEATRO EN HONDURAS, junto a FRANCISCO SALVADOR, publicado por SECTIN en 1977, y otras obras genéricas dentro de los que se incluyen LAS PASTORELAS DEL PADRE REYES, LA BRUJA DEL SIGLO DE ORO, EL BAILE DE LAS TIRAS, EL BAILE DE LOS MOROS Y CRISTIANOS, Y FRANCIA EN EL TEATRO CENTROAMERICANO, que dan fe de su preocupación y estudio sobre el teatro hondureño y regional centroamericano, y como  miembro del INSTITUTO INTERNACIONAL DE TÉCNICOS Y CRÍTICOS DE TEATRO LATINOAMERICANO.

Los olanchitos con sensibilidad artística, que por cierto se contabilizan por cienes, y los vecinos de la avenida La Unión y la Tiburcio Carías Andino, que fue el domicilio donde pasó su adolescencia, y la unión donde han nacido el mayor número de intelectuales de renombre nacional, recuerdan con sentimiento y eterna nostalgia y admiración, la niña que fue ALMA CABALLERO HERRERA, caminando orgullosa por las calles coloniales de nuestro pueblo con sus trenzas envidiables y coquetas, en la anunciación juvenil de lo que sería con los años, un valor inequívoco del arte dramático nacional.

Por esos mismos años de efervescencia cultural e inquietudes estudiantiles JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, hermano menor de NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, nacido el 12 de septiembre de 1948, revelaría inclinaciones para la dirección escénica, formando un elenco protagónico con compañeros de estudios de nivel medio al interior del INSTITUTO “FRANCISCO J. MEJÍA” y montando pequeñas obras de un solo acto, que serían aplaudidas por el conglomerado juvenil, cuando eran presentadas en los años setenta en las festividades promovidas en el centro de educación media, como también en los actos cívicos de inusitada alegría de la colectividad municipal.

Esta facultad direccional artística parece que fue un legado cultural que dominó con acentuada determinación la sensibilidad de la familia, pues años antes como queda consignado, su  hermana mayor NORMA ROSALÍA QUESADA BARDALES, había realizado un intento expresivo del arte escénico en uno de los barrios más bullangueros de la ciudad como fue el barrio El Jazmín, donde se preeminenciaron veladas artísticas que hoy recordamos con indescriptible y acentuada saudade.

Más tarde JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, emigraría a la hermana República de Costa Rica a realizar estudios superiores de FILOLOGÍA en la Universidad “RODRIGO FACIO” y a entregarnos, “una poesía de raíz existencialista en la cual predomina una visión bastante precisa de la vida, que en términos generales no lo abandonara en su poesía posterior”, según el análisis teórico de la crítica de literatura hondureña HELEN UMAÑA.

Hoy JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, además de burilar poemas, plasma su expresión artística en lienzos expresionistas de un arte que subsidiariamente domina con intenso colorido. Hoy igualmente el poeta es PREMIO NACIONAL DE LITERATURA “RAMÓN ROSA” y uno de los valores fundamentales de la nueva lírica hondureña.

Pero si JOSÉ LUIS QUESADA BARDALES, abandonó lo que parecía el resurgimiento del teatro en la ciudad, paralelamente creó espacios para que una inolvidable mañana en el acontecer apacible y provincial, unas tímidas nubes se replegaran animadas pretendiendo techar la imponente majestuosidad isosélica del CERRO PACURA, preludiando que en el anochecer llovería, pero ese 19 de julio de 1979, a pesar de los pronósticos no llovió. Los habitantes siguieron realizando su rutina cotidiana, y gracias a mi obligado tránsito por el parque Central, divisé en una esquina propiedad de la Iglesia Católica, en una casa de paredes de adobe, techo de tejas, dos puertas y una ventana, a un sacerdote norteamericano con su irrenunciable tipología de un clásico “hipster” antecesor del Hippie (como bien lo conceptualizara y describiera el novelista NORMAN MAILER, en un ensayo publicado en (DISSENT), vestido de pantalón jean descolorido, camisa ligeramente imprecisa, pelo largo y excesivos aditamentos en su entono corporal, que poco o nada expresaban su vocación pastoral, y que más tarde supe se trataba de JACK WARNES, junto a una generación de muchachos vanguardistas de la PASTORAL JUVENIL ESCLESIÁSTICA, colocaban un rótulo frontal en la vieja construcción, donde anunciaban la apertura del TEATRO LA FRAGUA, y la presentación esa noche de la obra DOS JUEGOS X, custodiado el rótulo por dos banderas verdes amárelas, donde la sociedad tendría la feliz oportunidad de conocer la síntesis del TEATRO CAMPESINO CALIFORNIANO, con la obra, LAS DOS CARAS DE MI PATRONCITO.



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Aqui se fundó el Teatro la Fragua (Olanchito)
La llegada del TEATRO LA FRAGUA, el 19 de julio de 1979, vino a vigorizar una inquietud casi extinguida, y usar el teatro como lo diría MARGO WICKESSER, una de sus exconformantes, como instrumento o herramienta educativa para afirmar la riqueza, la belleza y poder de los valores hondureños.

Posterior a la migración hacia la ciudad ribereña de PROGRESO del TEATRO LA FRAGUA, donde fuera trasladado en su misión sacerdotal el jesuita JACK WARNER, al interior del instituto “FRANCISCO J. MEJÍA”, principal centro educativo de la localidad, la licenciada en Letras y Lenguas LUISA ORELLANA LOZANO, dentro de sus iniciativas pedagógicas, organizó lo que se conoció como TIFRAJME (Teatro del INSTITUTO FRANCISCO J. MEJÍA) presentando dramas cortos que informaban de su sensibilidad creativa y didáctica, y la búsqueda de valores con disciplina artística y facultades para desarrollar las obras con talento escénico.

Lo que primero presentó fue la obra A RAZ DE SUELO, que mereció el aplauso generalizado de la colectividad estudiantil, más tarde otro drama conocido como LOS INQUILINOS DE LA IRA, y finalmente EL ESCULTOR, además de obras mímicas como LA SONÁMBULA, hasta pretender llevar al escenario de manera monumental la obra, PRISIÓN VERDE, de RAMÓN AMAYA AMADOR, que constituyó indudablemente un desafío en su montaje y diálogos, utilizando para ello personal académico dentro de sus propios compañeros de trabajo.

Pero el TIFRAJME no se circunscribió escénicamente al interior del Instituto, sino que trascendió el dominio público cuando fueron llevados sus dramas al conocimiento general en el marco esplendoroso de las festividades de la SEMANA CÍVICA, lo que marcó un hito histórico dentro de la comunidad, captando la merecida ovación de la sociedad, ansiosa de disfrutar un género que se rescataba con entusiasmo y deliberado vigor cultural.

Hoy de aquel impulso apenas sobreviven el recuerdo y en la historia del instituto que le vio nacer, crecer y extinguirse, cuando los conformantes del elenco escénico terminaron exitosamente sus estudios, y emigraron en busca de sus verdaderos destinos, y la licenciada LUISA ORELLANA LOZANO, se refugió en su feliz y merecida jubilación, después de una entrega sin paralelo en la preparación de cuadros que hoy constituyen honra y orgullo de la sociedad.


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El Teatro Tolupan 
Finalmente en los años recientes y en los que quedan por vivir, un hijo de Olanchito, actor de los principales escenarios de la costa norte, miembro del célebre TEATRO LA FRAGUA, como es EDDY BARAHONA, se ha encargado de organizar y dar vida a lo que se conoce como TEATRO TOLUPÁN, reclutando miembros de la comunidad Xicaque de Agalteca (distante a dos leguas al norte de Olanchito) adaptando piezas y temas vinculados con la perduración indigenista, la marginalidad y su virtual segregación, para llevarle a los tablados, y rescatar los valores de una etnia que ha sido tácitamente olvidada por la sucesión de gobiernos insensibles con las manifestaciones de la cultura y el arte en general.

Las obras del teatro TOLUPÁN se han presentado en la CASA DE LA CULTURA, marcando una impronta expresiva y testimonial, de lo que debe ser el arte en nuestra patria, cuando predomina voluntad y los deseos de hacer bien las cosas como debe ser.

El teatro no debe convertirse simplemente en fuente de placer estético, sino en testimonio totalizante de creación, belleza y libertad.

Fuente de el articulo : Diario La Tribuna

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domingo, 29 de marzo de 2015

Una Sociedad igualitaria con poca exclusión

Olanchito,historia de Olanchito, sociedad de Olanchito
Torre del reloj del parque de Olanchito
En este extenso articulo publicado en diario La Tribuna el Lic. Juan Ramon Martinez analiza la situación socioeconomica de la ciudad de Olanchito durante la época de 1940  a 1960 donde menciona  innumerables personas que son de grato recuerdo para la sociedad de esta ciudad.

"No es que no hubiese diferencias y contradicciones. Económicas, políticas y sociales. Ni pequeños explotadores; ni míseros sirvientes En todas las sociedades del mundo los hay. Pero es obvio que, en comparación con lo que vemos ahora, Olanchito era una ciudad bastante igualitaria, — con un solo sector que podría considerarse con el lenguaje de ahora, marginal o excluido: los “mirriñaques”, dedicados, sin embargo, a la pesca artesanal individual; los peones de los hacendados, las empleadas domésticos y los “criados” de las familias pudientes (Rosendo Ochoa y Teófilo Cruz)–, y con pocos mecanismos de exclusión social, de forma estructuralmente deliberada.

Los últimos, fueron superados con la creación del Instituto Francisco J. Mejía (1943), lo que permitió el ascenso social y económico de los más pobres, con tal que tuvieran el deseo de salir adelante, cursando estudios en la más alta institución educativa de la ciudad. Y se formaran intelectualmente, porque para entonces, lo educativo, le disputaba el prestigio a lo típicamente económico. Y a lo político. Y por, supuesto, a la estratificación social, que operaba artificialmente, más por razones nostálgicas, necesidades de diversiones compartidas; o inventos sin fundamento.

Otra cosa que, llama la atención, en la época estudiada, es la proliferación de actividades económicas a que se dedicaban los vecinos de la entonces conocida ya como “ciudad cívica”. Todo el mundo trabajaba en algo. De forma que todos; o casi todos, tenían ingresos. Muy pocas personas eran desempleadas. Los que ejercían la mendicidad eran, desconocidos; o los que, por no tener una casa suya o de un allegado, terminaban durmiendo en la calle. Lo que todavía marcaba las diferencias muy sutiles de “clase” en la ciudad, era la frontera entre los grandes ganaderos y los más pequeños. Con la diferencia que, estos últimos, tenían casi siempre, otras actividades complementarias que, normalmente se relacionaban con el comercio, la pequeña industria, la enseñanza o el ejercicio de profesiones liberales como la medicina, el magisterio o el derecho, especialmente.

Esta frontera, permitía diferenciar a la “clase alta”, de la “clase media”. O lo que llamaba Ramón Amaya Amador, — en el ejercicio preliminar de sus tanteos para entender la realidad política – “los de primera, de los de segunda”. En 1946, propuso y logro – tal el grado de influencia que para entonces había logrado– que se organizara la “Segunda Clase” de Olanchito, cuyo primer presidente fue Lino E. Santos y la primera Tesorera Donatila Colindres Bardales.

La auto titulada “Primera Clase” hacia a finales de la década de los cuarenta, sus propias y exclusivas fiestas que, como es natural, eran muy reducidas numéricamente; y obligadamente, aburridas. En cambio, las fiestas de “Segunda Clase” eran numerosas, ruidosas musicalmente alegres, y divertidas.

Y, la otra fuente diferenciadora, era el acceso a los estudios, universitarios o no, en México, Estados Unidos, Tegucigalpa, el Zamorano o la Escuela Granja Demostrativa de Catacamas, que para entonces, mediante becas en el gobierno, había permitido nivelar a los hijos de los “más riquitos” – los de “Primera Clase” — de los que no lo eran tanto; o que pertenecían a la “Segunda Clase”. Posiblemente, la primera institución que abrió las puertas, para que los pobres e integrantes de la “segunda clase” de Olanchito pudieran estudiar en Tegucigalpa – en donde solo lo hacían los hijos de los más integrados con las fuerzas de poder de la capital, los que tenían más recursos; o los más agresivos que se iban por su cuenta – fue la que después se llamaron, las Fuerzas Armadas. Los mejores ejemplos fueron Alejandro Galo, Enrique Soto Cano, Pito López, Arnaldo Miranda, Omar Ramírez, Alberto Urcina, Eulalio Duran y Carlos Dubon, que ingresaron e hicieron carrera en la Fuerza Aérea, sin ser miembros, la mayoría de ellos, de las familias que hasta 1944, se llamaban de “primera” en la ciudad. (La excepción es, posiblemente, el piloto aviador Omar Ramírez, hijo de  Mauricio Ramirez). Otros, hicieron carrera en la infantería como fue el caso de Amilcar Zelaya Rodriguez, el que más alta posición política, ha ocupado en toda la historia de la ciudad.

Pero lo más interesante de todo es que, como decíamos antes, todo el mundo tenía una ocupación definida. O varias, con las cuales, subvenían sus necesidades, participaban en diferentes estratos de la sociedad; y creaban algunos excedentes que capitalizados, le servían para alcanzar la cúspide de la pirámide social que estaba representada por la posesión de alguna propiedad ganadera mayor; o tener casa de alto. Carlos Martínez (*), ahora ingeniero civil retirado, hijo de un carretero de entonces (Tavo Soto) y nieto de un ganadero y residente en “casa de alto”, Félix Soto, nos ha proporcionado, con la diligencia de un Antonio R.Vallejo local, una descripción, con nombres y oficios, de esa pirámide local que describiremos a continuación. La clasificación por supuesto, es responsabilidad total del autor.

La clase alta, la primera, estaba integrada por los ganaderos de más alta tradición en la historia de la comunidad – que, además de los mencionados en un artículo anterior – eran entre otros, los siguientes: Norberto Quesada Soto, Sixto Quesada Soto, Juana Quesada Soto, Daniel Quesada, Andrés Alvarado, Felipe Ponce, Félix Soto, Prospero Bardales, Jacobo Puerto, Francisco Meléndez, Francisco Romero Lozano, Salomón Sosa, Tomas Ávila Ruiz, Claudio Orellana, Jacinto Sorto.

Como sub clase, miembros de la baja clase superior, hay que mencionar a los comerciantes de origen árabe y nacionales, que controlaban el comercio a gran escala, mediano nivel y bajo, con fuerza de crecimiento: Emilio Chahin, Nicolás Marzuca, Gregorio Marzuca, Carlos Hoch, Emilio Chahin, José y Victoria Chahin, Leonor Mahomar, Rafael Nasar, Nasry Mahomar, Serapio Bedeck, Nicolás Marzuca hijo, Camilo Nassar, Elena Yacaman, Jorge Bendeck, Salomón Busmail, Felipe Ponce, Alirio Ponce, Mauricio Ramírez, Rafael Ramos Rivera, Alfredo Ramos Rivera, Ramón Pineda, Arturo Rosales, Ángela Acosta, Arnulfo Fúnez, Francisco Nasser, Pio Carrasco, Tomas Bonilla, Jesus Villafranca y Nuncho Quezada;
 los médicos y cirujanos: Pompilio Romero, Octavio Bennet, Tomas Ávila Ruiz, Raúl Madariaga, Marco Antonio Ponce, Marco Tulio Burgos, Francisco Murillo Escobar, Roberto Mejía Durón, Felipe Ponce, Saúl Ayala Ávila, Rafael Ruiz Leiva; los dentistas: Ramón Molina Pastor, Sixto Quezada Soto, Constantino Martínez, Marco A. Sosa, y el técnico dental Francisco Maradiaga;
 los agrónomos: Manuel Dobles (Costa Rica), Coy Hum (Guatemala), Regino Quesada Ramírez, Roberto Salas Posas, Alfredo Murillo Galo, Luis Enrique Aguiluz, Roger Valerio, Antonio Bourdeth, Elfego Fernández, Rene Servellon, Marcelino Pineda, Angel Suazo, Osman Fajardo, Juan Solórzano, y Martin Matute;
 los altos funcionarios de la Stándard residentes en Olanchito: Mauricio Ramírez, Francisco Núñez, Sergio Castro, Rafael Melara Mercadal;
 los diputados al Congreso Nacional :Francisco G. Ramírez, Mauricio Ramírez y Francisco Murillo Soto; los alcaldes municipales: Francisco Murillo Soto, Felipe Ponce, Francisco R. Lozano, Dionicio Romero Narváez, Ramón Duran Hernández, Santos Reyes, Purificación Herrera, Roger Orellana Irías; los comandantes militares y de la Guardia Civil: Alfredo Galo, Faustino P. Calix, Salomón Sosa, Felix Velásquez, Camilo Mejía, Chito Cárcamo, Eligio Bautista, Cándido Amaya, Carlos Fortin, Arturo Rosales;
 los directores del Instituto Francisco J. Mejía: Francisco Murillo Soto, Modesto Herrera Munguía, Julio C. Benites y Jesús Medina Nolasco; y los directores de las escuelas primarias de la ciudad: Alicia Ramos de Orellana, Francisco Murillo Soto, Rafael Núñez España, Manuel de Jesús Castro, y Renato Quesada;
 las profesoras de la Escuela de Niñas José Cecilio del Valle: Alicia Ramos de Orellana, Gloria Quesada, Gloria de Lobo, Ondina Núñez, Celia Saravia de Fúnez, Raymunda Soto de Valerio, Mercedes Mesa, Olimpia Ramos, Thelma (Tita) Galdamez, Yolanda Quesada, Olivia Cartagena, Hilda Murillo, Elvia Murillo, Telma Murillo, Olga Teresa Reyes;
 los profesores de la Escuela de Varones Modesto Chacón: Francisco Murillo Soto, José Antonio Rodríguez, Manuel Cabrera, Jesús Villafranca, Humberto Meléndez, Plutarco Meléndez, Carlos Saybe, Jesús Núñez España, Alejandro Lobo Calix, Cristelia Soto, Máximo Chandia, Tila Soto de Murillo, Antonio Murillo, Joaquín Reyes Figueroa, Donaciano Reyes Posas, Ramón Amaya Amador, Oscar Murillo, Candiano Lozano, Francisco Lozano, Juan Ramón Fúnez Herrera, Roberto Sorto, Salomón Sosa Enrique Bardales, Darío Meléndez, Teresa Soto, Cossete Morales Funes, Juan Ramón Martínez, Darío Meléndez, Adolfo Quesada Ramírez;
 las secretarias comerciales Ángela Acosta, Blanca Nieves Márquez, Delmy Ruiz, Delma Posas Hernández, Marina Lanza, Liduvina Orellana, Judith Argueta, Eda Puerto, Aleyda Moya Soto, Elizabeth Nuñez, Remi Rosales Nuñez, Judith Caballero, Paula Posas, Etna Estrada, Mirian Posas, Margarita Posas, Irma Cruz, Amanda Cruz, Lilian Ramires, Telma Carcamo y Ana Almendarez;
 y los jefes expedicionarios: Balbino Leiva, Florentino Gamoneda, Tulio Garín, Sabino Cartagena: pequeños industriales, dueños de curtiembres : Francisco G. Ramírez, Francisco Murillo Soto, Beto Quesada, Simeón Elencof, y Nuncho Quesada; de zapaterías y talabarterías con pincipios industriales, como era el caso de la del salvadoreño Ángel Orellana, Carlos Castro, Delio Lozano, Pedro Zelada (salvadoreño), Luis Zelada, Juan Delarca y Tico Araya; los transportistas,
 dueños de automóviles: Purificación (Puno) Martínez, Jorge Farusca, Leónidas, Alfredo y Alberto Zuniga, Danilo Moya, Moncho Ramírez, Armin Quesada, Francisco Gonzales Baca, María Gómez, Alfredo Castro, Raúl Estrada, Toya Yacaman, Carlos Hoch, Luis Alonso Martínez, Alirio Martínez, Juan Ramón Ramírez, Francisco Nasser, José Lozano y Enrique Lozano ;
los carreteros Checho Núñez, Tavo Cano, César Castro (Camarada), Purificación Reyes (Capo), Margarito Suazo, Placido Almendarez, Ramón Fúnez y Fausto Cárcamo que eran propietarios de carretas tiradas por caballos; y los carreteros, dueños de carretas tiradas por bueyes: Purificación Reyes, Francisco Villagra, Antonio Meléndez, Tavo Soto, Donato Figueroa y Lucas Figueroa; y los dueños cultivos permanentes ( café ) Elías Serrano, caña de azúcar, Juan Rascof, naranjas, Marel Medina y plátano y chatas, Prospero Bardales y Francisco R, Lozano. Además,

formaban parte de la “baja clase alta” de la ciudad, los médicos Octavio Bennet, Pompilio Romero, Tomas Ávila Ruiz, Raúl Madariaga, Felipe Ponce, Roberto Mejía Duron, Raúl Ruiz Leiva y Saúl Ávila; los farmacéuticos: Alirio Ponce, Jaime Ramírez, Carlos Chavarría y Carmen de Ponce; los bacteriólogos: Salustio Hernández y Salatiel Quesada, los ingenieros; Juan Pablo Soto Sevilla, Elvin Ernesto Santos Lozano, Armodio Villafranca; los abogados: Isabel Núñez, José Ramírez Soto, Lucas Zelaya Lozano, Juan Ramón Calix, Efraín Ponce Tejeda, Epaminondas Quesada Ramírez, Florencio Puerto, Horacio Moya Posas, Orlando Lozano Martínez, Andrés Alvarado Puerto, Juan Roberto Murillo, Antonio Suazo, Ramón Ovidio Navarro, José María Carpintero, Pedro Antonio Urquia, Miguel Zepeda, Carlos Alberto Pineda Mesa, Roberto Martínez Agustinus y Ricardo León Castillo y los tinterillos Jesús Sandoval y Jesús Núñez.
 Además formaban parte de esta sub clase los economistas: Cecilio Zelaya Lozano, Leonel Ramírez Soto, Luis Andino, Antonio Puerto, Francisco Núñez Narváez; los perito mercantiles y contadores públicos: Celedon Morales, Carlos Urcina Ramos, Camilo Nasser, Fernando Servellon, Linda Nasser, Sotero Miranda, Santiago Saybe Mejía, Moy Núñez Narváez, Olga Murillo, Rafael Melara hijo, Rely Santos Lozano, Adolfo Amaya, Aquilino Díaz, Francisco Fúnez Herrera, Francisco Bustillo, Virgilio Cruz, Juan María Zuniga, Luis Alonso Zuniga, Oscar Puerto, Roger Orellana Irías, Lisandro Hernán Cruz, Juvenal Flores y Zenen Romero

La clase media estaba integrada por los pequeños comerciantes: Francisco Santos Ramírez, Rita Rodríguez, Toñita Soto, Hermanas Zelaya, Donaciano Navarrete, Leandrita Moya, Efigenia Espinoza, Toñita Castejón, Jacinto Sorto, Angelita de Nasser, Sara Reyes, Victoriano Bardales Nuñez; dueños de bares y cantinas: Lino E Santos, Domingo Urbina, Fausto Castejón Rafael Martínez, Arturo Rosales, Mercedes Ponce, Ángela Acosta y Lalo Rueda;
  sastres: Samuel Rodríguez, Fermín Saravia, Aníbal Saravia, Emiliano Caballero, Alejandro Herrera, Federico Berrios, Raúl López, Felipe López Hernández, Rafael Martínez, Enrique Figueroa, Edgardo Posas Castro, José Martínez Caballero,, Laureano Irías, Efraín Duarte, Flavio Núñez, Rufino Calix Sevilla, Mario Membreño, Rolando Agurcia, David Lozano, Víctor Manuel Troches, Octavio Lozano, Julio Calix, Daniel Calix, Chico Calix, Hernán Melara, Blas Melara, José Abel Melara, Reynaldo Melara, Luis Alonso Posas, Osvaldo Sosa, Melton Bardales y Jaime Pérez; costureras: Toñita Soto, Cristelia Soto Sevilla, Olimpia Bardales Colindres, Donatila Colindres Bardales Colindres, Julia Bardales Rivera, Eva Varela, Lolita Varela, Rubenia Cartagena, María Fúnez Herrera, Hilda Armijo, Cordelia Castro, Lola Moya, Mercedes Ramos, Carmencita de Lanza, Eda Sandoval, Mercedes Sandoval, Amparito Caballero, Arnulfa Cano Ruiz, María Mercedes Cano Ruiz, Antonieta Chávez, Nila Chávez, Elvia Tinoco y Efigenia Espinoza;

 ebanistas y carpinteros: Manuel Sandoval, Arturo Sandoval, Raúl Sandoval, Alberto Paguada, Salomón Busmail, Ángel Calix Merlo, Gumercindo Santos, Carlos Santos, Armando Santos, Francisco Ruiz (Chicho Ruiz), Ramón Castro, Salvador Morales, José María Rajo y Tiburcio Carias, estos dos últimos constructores de edificios y viviendas; los hoteleros; Leónidas Zuniga, Max Starkman, Elena Yacaman, Purificación Martínez y Argentina Bardales de Alvarenga; los médicos naturistas o curanderos: Rodrigo Núñez, Ramón Fúnez y Francisco Guillen D; y los intelectuales Dionisio Romero Narváez, Ramón Amaya Amador, Juan Ramón Fúnez, Lisandro Quesada, José Abel Melara, Faustino Calix, Roger Orellana Irías, Aquilino Díaz, Carlos Urcina Ramos, Luis Enrique Aguiluz, Juan Fernando Ávila Posas, Pablo Magín Romero, Antonio Romero, Francisco Sánchez, Wilfredo Mayorga, Juan Ramón Martínez, Ibrahim Puerto Posas y Blanca Amalia Sánchez.

El proletariado con bienes, estaba representado por los albañiles; Ramón Rosa, Héctor Ruiz, Beto Ruiz, Julián Pérez, Juan Pérez, Ernesto Rodríguez, Julio Herrera, Céleo Herrera, Héctor Ruiz y Beto Ruiz; el escribiente y archivero municipal Salomón Moya, el impresor Pablo Magín Romero; las floristas Lola de Cano y Dolores Martínez de Romero; los destazadores: Rubén Gómez, Leónidas Ruiz, Margarito Suazo, Daniel Lozano, Francisco Chahin, Jorge Chahin. Enrique Saravia, Ramón Cano, Samuel Posas, Tulio Cacarraco, Simeón Baca, Francisco Martínez, Martin Martínez, Jorge Martínez, Manito Guillen, Marcos Quezada, Tavo Soto, Cayo Sosa, Alfredo Villagra, Fernando Reyes, Tomas Almendarez, Pedro Sorto, Jorge Poste, Placido Almendarez, Pedro Posas y Francisco Posas;
los músicos: Leónidas Ruiz Cano, Ismael Soto, José Martínez Caballero, Ramón Rosa, Luis Vargas, Rolando Agurcia, Plutarco Meléndez, Israel Flores, Antonio Espinal, José Estrada, Renán Núñez, Bill Oneill Santos, Carlos Inocente Urcina Ramos, Gilberto Zelaya, Jorge Burgos, Elfego Fernández, Antonio Burdeth, Héctor Núñez, Donaciano Reyes Posas, Israel Arteaga, Héctor Martínez, Juan Carmen Cruz Pery, Manuel López, Ángel Calix Merlo, Purificación Reyes,, Chico Reyes y en Sabanetas desde donde se desplazaban a la ciudad, Tío Gabo Cutinche y Chame, músicos de cuerdas. Al integrarse por parte de Lino Santos el Conjunto Lux, encargado de amenizar las fiestas semanales que se celebran en el salón del mismo nombre, llegan a la ciudad músicos que hacen grupo con los músicos locales: Alejandro Lincan, Arnulfo Martínez, Gustavo Kilter, Morris Thompson, Hermes Talavera ( el arreglista y el director del Conjunto Musical), Plutarco Meléndez, José Estrada y Edgardo Reyes (cantante);
 los mecánicos con taller: Ciriaco Núñez, Raúl Núñez Gomes, Lupercio Núñez, Armin Quesada, Ricardo Núñez, Héctor Murillo, Adelmo Urbina Martínez (Memo Tubo) e Israel Arteaga; los carpinteros: Ángel Calix Merlo, Francisco Cano, Ángel Torres; los vendedores de lotería: Raúl Rivera, Ángel Espinoza, Carlos Chávez hijo, Abel Zelaya, Antonio Narváez Rosales, Rigoberto Quesada, Conrado Quesada, Juan Edilberto Cano, Virginia Vaquedano, Irma Reyes, Simón Fajardo, Rubén Zapata, Antonio Almendarez y Telesforo Zapata que vendía la Lotería Mayor y tenía una clientela más extendida, incluso fuera de la ciudad de Olanchito; relojeros: Gonzalo Tablada y Roy Frazer; herreros y reparadores de pistolas: Pedro y Juan Janania; los canillitas distribuidores de periódicos: Bill Santos, ( El Cronista) Raúl Murillo (El Día), Cruz Pery (El Semáforo); los lustrabotas (todos menores de edad): Evelio Guillen, Roger Guillen, Oscar Rosa, Puri Rosa, José Rascof y Jardel Quesada; y los vendedores de golosinas Virgilio Cárcamo, José Rascoff, Luis “Pipi” Garay, Filadelfo Lobo, Teresa Sorto, Cesar Castro (Camarada) que vendía las famosas “estrellitas” de hielo y miel de diversos colores. Y otros más, que hacían sus ventas en los campos bananeros cercanos.


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sábado, 27 de diciembre de 2014

Las familias Navarro y Sandoval de Olanchito

Por : Ramón Ovidio Navarro D.

Con mi respetuoso saludo,Lic Juan Ramon Martinez después de la lectura de su artículo publicado en la página 7-B, “Anales Históricos”: Olanchito entre 1948 y 1963, 25 años de lento desarrollo, en “Diario LA TRIBUNA”, que circuló el domingo 23 de noviembre de 2014, lo felicito por tan valioso aporte para la cultura y la historia de nuestra sociedad que se alimenta de las ideas, conceptos y acontecimientos que relatan y escriben personajes de las letras y de la comunicación como usted, quien se merece las felicitaciones de sus lectores.

Sin ser historiador, analista, escritor u orientador de la opinión pública, comparto el contenido de su mencionado trabajo.
Me impulsa escribirle estos párrafos para aportarle, si usted lo tiene a bien considerar, que yo crecí en el hogar de mis abuelos paternos Mariano Navarro Pouvert y Mercedes Sandoval de Navarro, ambos oriundos de Olanchito, no pertenecientes a clases privilegiadas, honrados, trabajadores, pero bien reconocidos por todas las familias del lugar. Yo no nací en Olanchito, nací en la ciudad Puerto de Trujillo, departamento de Colón, pero adoptivo de Olanchito y de El Progreso, departamento de Yoro. Fui trasladado a Olanchito a la edad de nueve meses, al hogar de mis mencionados abuelos. En Olanchito, inicié la escuela primaria, recordando siempre a mis maestros: Andrés López Díaz y Joaquín Reyes, en la escuela primaria “Modesto Chacón”.

Mis abuelos cultivaron en mí, grandes valores y principios, que creo honrarlos hasta el último día de mi existencia, adhiriendo a ello la formación que me dieron mis padres también: Ramón Navarro Sandoval y Amelia Duarte.
Quiero destacar, porque quizás no lo registren su memoria y sus datos históricos, que el hogar de mis abuelos estaba constituido en su humilde propiedad, con un amplio solar, exactamente frente a la casa de don Francisco Núñez Oseguera, quien junto con su esposa Juanita me vieron crecer desde los nueve meses de edad, lo mismo que don Alirio Ponce Tejeda, su esposa doña Francis y don Felipe Ponce y su esposa doña Cayita Posas, lo mismo que don Mauricio Ramírez y su esposa doña Chayina. Contiguo a la propiedad de mis abuelos Mariano y Mercedes, establecieron la farmacia La Nueva, don Alirio y doña Francis, haciendo un mismo solar con la nuestra (de mis abuelos), aunque antes la tenían al frente, contiguo a la casa de don Francisco Núñez Oseguera.

Mi abuelo Mariano Navarro Pouvert fue un ciudadano ejemplar, que ejerció por algún tiempo el cargo de juez de Paz, pero también sabía el oficio de zapatero. En ambas ocupaciones, generó el sentirse honrada toda la familia. Mi abuela Mercedes, también muy reconocida, por su devoción a la Iglesia Católica y su condición de modista, que entonces le llamaban “costurera”, además fue un ejemplo de unidad de la familia, de principios morales, de cultura y educación.

Debo adicionar, que mi abuela Mercedes le enseñó las primeras letras, mediante el procedimiento de enseñanza por cartilla, a diversos personajes de la ciudad. No tengo absoluta seguridad si sus primeras letras las aprendieron con ella, grandes hombres de talento, como el periodista don Dionisio Romero Narváez y el recordado escritor don Céleo Murillo Soto, a quienes conocí siendo yo un estudiante en cuanto al primeramente mencionado y al segundo ya habiendo culminado mis estudios de abogacía, todo por habérmelos presentado mi padre, con quienes eran grandes amigos.

Es del caso mencionar, que mi abuela era comadre con doña Chabelita Amaya, quien tenía su casa de habitación frente a la Plaza Central ahora parque Central, donde había crecido un gran árbol de ceiba o “ceibón”, así llamado popularmente por los de la época. Por encargo de mi abuela Mercedes, para decir mejor: por mandados, llegaba frecuentemente a saludar a doña Chabelita, madre del orgullo de las letras hondureñas, escritor y novelista don Ramón Amaya Amador, a quien veía de pie en el corredor de la casa de su madre. Posteriormente lo volví a ver, ya en el exilio, en ciudad de Guatemala, precisamente en un parque de la capital, presentándomelo mi padre, como amigo de él y explicándome ser el autor de Prisión Verde, ya para entonces yo estudiaba en el instituto José Trinidad Reyes y mi padre, en período de vacaciones me llevó a Guatemala con el objeto de una intervención quirúrgica de amigdalitis, pudiendo haberlo hecho en uno de los hospitales de la Tela Rail Road Company, de la cual era empleado mi padre, pero él dispuso viajar a Guatemala para entrevistarse con el novelista Amaya Amador, con quien sostuvieron excelentes relaciones de amistad, sin considerar el pensamiento o ideología de ambos, sino poniendo como prioridad la amistad de sus respectivas madres y la propia de ellos. Tuve el honor de conocer a la madre del novelista y a él en las dos circunstancias: haciendo “mandados de mi abuela” y posteriormente en su situación de exilio él y nosotros de visita en Guatemala.

No es mi propósito ser vanidoso en la alusión a los hechos y acontecimientos que le expreso en esta nota, sino aportar a su voluminosos hechos históricos en su poder y honrar la memoria de mis ascendientes, integrados en las familias Navarro y Sandoval, de esta última quedan muchas y muchos, de quienes me enorgullezco por su honradez, laboriosidad, principios cristianos y sobre todo integración familiar y poseedores de un sólido cariño entre sí y para el prójimo.
Muchas personas que aún existen y me merecen respeto y admiración recuerdan estos y otros hechos que pueden contribuir a la historia. Solamente tengo en mi memoria a una apreciable dama que dichosamente la tenemos en nuestra sociedad y que recuerda a mis ascendientes y colaterales, como a quien cariñosamente le llamamos doña Locha Caballero. Mi reconocimiento para ella y sus hijas y demás familia.

Finalmente deseo destacar que siendo niño conocí a muchas de las personas distinguidas y honorables que usted menciona y que una de ellas, don Nemecio Cárcamo, a quien llamábamos todos de la familia: Tío Mencho, fue casado con mi tía Tila Sandoval, quien recientemente falleció en Olanchito y que me unen lazos de amistad y familiares así como con otras de las familias que usted menciona.
Se adhieren a esta relación de hechos mis hermanos Guillermo Ordóñez Duarte, Orbelina, Olinda Suyapa, José Omar Navarro Duarte, Miriam y Yolanda Navarro.

No persigo publicidad con esta iniciativa de escribirle, sino que quizás usted lo considere para sus reseñas históricas, que como dice al final de lo escrito en tan prestigiado medio: “continuará en el próximo número”.
Dejo a su ilustrado criterio tomar en consideración lo escrito en estos párrafos. “Soy un simple abogado y notario, viendo caer la tempestad en este país” (sic).
“La historia es testimonio de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, anuncio de la antigüedad”. (CICERON: de oratoria).
Con demostraciones de mi mayor consideración, dejando constancia de mi agradecimiento, me suscribo de usted, atentamente.

 Fuente : Diario La Tribuna  Seccion Anales Historicos 14 Diciembre 2014

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martes, 9 de diciembre de 2014

Olanchito 1948-1963: La gran huelga y la campaña electoral

Por Juan Ramon Martinez
Aunque éramos muy jóvenes, todavía sin ingresar en la adolescencia, la Gran Huelga y la campaña electoral de 1954, estremecieron a toda nuestra generación. Estábamos entonces una mañana en el aula del sexto grado; y de repente, alguien menciono que había huelga. Y que estaba cerca. El que lo dijo no pudo explicar que era una huelga, quienes la ejecutaban, que buscaban; y, tampoco donde estaban. Pero ocurre que los huelguistas ya habían ingresado desde los campos bananeros cercanos, caminando a pie desde Coyoles Central especialmente, para congregarse en el Parque Central de la ciudad.
 Hacia allí nos dirigimos los más curiosos. Cuando le preguntamos a los extraños, que tenían toda la pinta de trabajadores de las fincas, quien era el líder nos señalaron hacia la improvisada tribuna en donde, un hombre de baja estatura, de unos cuarenta años lo más, se dirigía en forma monocorde y cansada, a sus compañeros de lucha. “Tengo tres días de no dormir” recuerdo que repetía Jeremías Cruz, trabajador de Coyoles, experto en fumigar los riachuelos, pozos de agua estancada y pequeños causes entre los barracones, para prevenir la malaria, explico alguno que estaba cerca. Dijo después, que agradecía la cooperación de los comerciantes locales – la mayoría “turcos” – que le habían dado una muy valiosa cooperación para sostenerse.

Nosotros, llamados por la campana de la escuela, volvimos a nuestras clases, pese a que el profesor ese día — por razones de salud– no había llegado. El director Manuel de Jesús Castro, sin embargo, nos reconcentro en nuestra aula en donde varios empezaron a hablar al unísono. Le escuche a uno que dijo que si el profesor Quincho, no asistía por enfermedad, no teníamos por qué estar sentados, sin recibir clases. Otro dijo la palabra huelga. Y al final, uno de los más garrudos dijo, que nos pusiéramos en huelga. Todos dijimos que sí.
En la tarde, todos nos presentamos a nuestras clases pero nos quedamos en el parque situado al frente, sin entrar al aula. Una media hora después, el profesor Castro tomo cartas en el asunto. Y se quedó en las puertas, vara en mano, esperándonos. Poco a poco, sin motivación suficiente, nos fuimos rindiendo; y uno a uno, fuimos entrando al patio, en donde nos formó en fila; y nos castigó físicamente a cada uno de los alumnos de sexto grado. A su pregunta disgustada: “quien es el jefe de este motín”, el más grande todos nosotros – y que no tenía responsabilidad alguna – asumió la culpa. Pero él era más fuerte y soporto el castigo físico que le impuso el director de la escuela Profesor Manuel de Jesús Castro. Se llamaba Francisco Villagra. Creo que para todos, aquello fue un incidente sin importancia. Lo he guardado, solo para honrar el compromiso que tenia de contarlo. Cosa que hago ahora.

Para finales de 1954 estaba previstas las elecciones generales para suceder al presidente Juan Manuel Gálvez que había sido elegido sin oposición alguna en 1948. Para 1954, el Partido Nacional estaba dividido en dos facciones: el Partido Nacional cariista y el Movimiento Nacional Reformista. Llevaba como candidato, el primero, al ex dictador Carias Andino y al que había sido su vicepresidente, el general e ingeniero Abraham Williams Calderón, el MNR. El Partido Liberal llevaba a Villeda Morales como Presidente y a Enrique Ortéz Pinel como vicepresidente. Villeda Morales y Ortez Pinel, visitaron la ciudad. Les oímos hablar; y nos impresionaron sus discursos. Ni carias Andino ni Williams llegaron a la ciudad que se quedó sin conocerles. Pero con todo, lo mejor fue la campaña. Es aquí en donde se centran nuestros recuerdos. Unos meses antes de las elecciones, establecidas a celebrarse el 10 de octubre de 1954, se instalaron alrededor del Parque Francisco Morazan, tres altoparlantes, los más ruidosos que se había conocido hasta entonces en la ciudad. Popularmente, se les llamo “pito retas” a los altos parlantes. El primero (el del Partido Liberal) se instaló en la casa de doña Filena Ramírez, el segundo en el cine Gardel y que servía para hacerle propaganda al Partido Nacional; y el tercero, dedicado a la campaña del MNR estaba en la casa que después fue propiedad de Danilo Soto, entre el cabildo municipal y El Astoria. Los “locutores” liberales eran Roberto Sorto, Terencio Puerto, Lisandro Quesada Bardales, Norberto Bardales y Tita Sorto, la voz melodiosa que cantaba divinamente.

 Los del Partido Nacional eran Ranulfo Rosales, Lucas Zelaya Lozano e Ibrahim Puerto Posas. En la pito reta reformista Oscar Melara y Estrada, a los que hacían compañía musical, cantándole canciones populares, los integrantes del “Quinteto Melódico” (Gilberto Zelaya, Plutarco Meléndez Posas, Jorge Burgos, Bill Santos y Carlos Urcina). Al principio, como los tres altos parlantes operaban al unísono, era difícil escuchar la verborrea de los improvisados “locutores” políticos. Enterados los involucrados, establecieron un pacto, en virtud del cual, hablaría cada uno de ellos una media hora, para en la siguiente, lo hiciera el de otro partido.

 De este modo, en la noche se hacían por lo menos dos rondas en las que aprovechaban para polemizar arduamente. Las discusiones eran la mayoría pedestres, sin contenido; y tenían más bien, como se acostumbraba entonces, la impronta de la ofensa y la agresión verbal, algunas chapaleando en los lodazales de la vulgaridad. Los más moderados eran los reformistas, de los cuales recuerdo que se decía popularmente que “ñato era el candidato (general Williams), ñato el locutor ( Señor Estrada) y ñata la pito reta”. Los que se agredían con más fuerza e incluso cayendo en la vulgaridad, eran los nacionalistas y los liberales, que lo hacían sin piedad y casi sin respeto alguno. La verdad es que, para oírlos, uno tenía que ir al Parque Morazán, de forma que evadía las agresiones auditivas si se mantenía algunas cuadras alejadas de donde provenían los ruidos.

 Las elecciones celebradas en la fecha indicada, fueron ganadas por los liberales en forma bastante holgada. Villeda Morales hablo por la radio un día después, diciendo aquello que habían ganado la batalla.
La mayoría de nosotros, no valoro suficiente lo que estábamos siendo testigos. Era una suerte de juego de multitudes, nada más. No apreciábamos trascendencia alguna. La huelga y las elecciones, solo tenían significado tan solo como expresiones de multitudes. Como simples pompas de jabón. Para conocer el significado de esos dos grandes acontecimientos y, valorarlos; teníamos que esperar algunos años más.

Fuente : La Tribuna 7 Diciembre 2013

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domingo, 23 de marzo de 2014

Un viaje en tren hacia el pasado

Honduras, ferrocarril de Honduras
Recorrer el Museo Ferroviario de El Progreso, Yoro, es tomar el tren en un viaje hacia el pasado.


Las viejas locomotoras de la Tela Rail Road Company rescatadas por los fundadores del museo evocan en silencio la época en que se abrían paso rugiendo entre los bananales, unas remolcando hileras de vagones cargados de fruta y otras encabezando el alegre convoy del tren pasajero.
Las más pesadas hacían temblar la tierra cuando pasaban por El Progreso rumbo a los muelles donde descargaban los racimos de bananos, comenta Harry MacCalla, promotor de este santuario del pasado.
Los más veteranos progreseños recuerdan la epopeya de la 248, una locomotora de vapor a la que le decían “la enana” por su gran tamaño, la cual sucumbió al cruzar un “puente traidor” viniendo de Tela. Hasta un corrido le dedicaron a aquella tragedia en la que murió la tripulación de “la 248 que Juárez timoneaba”.

El museo surgió gracias a la iniciativa de un grupo de progreseños encabezados por MacCalla quienes, para no seguir viviendo del recuerdo de los tiempos del tren, decidieron hacerlo realidad.
Revivieron el Round House que era la estación de mantenimiento de las locomotoras y montaron a su alrededor cuantas reliquias del ferrocarril lograron recuperar para llevar a los visitantes por un viaje hacia el pasado.
Hay personas que llegan solo para recordar aquella época, como una señora que vino exclusivamente de Olanchito, porque su marido, ya fallecido, trabajó muchos años como maquinista en Coyoles, Central.
Si mi marido estuviera vivo, como hubiera disfrutado todo esto”, le comentó a MacCalla, la mujer dejando escapar un suspiro.
Subirse a uno de los coches pasajeros exhibidos en este parque de antigüedades es recordar la travesía a Tela viendo pasar los barracones por las ventanillas o imaginar las paradas obligadas con sabor a montucas y tamalitos de maíz tierno en las juntas de trenes. La aventura la disfrutaban tanto los pasajeros que iban en cómodos asientos pullman en los coches de primera como los que preferían los de segunda con bancas de madera por ser más baratos.
Un cobrador de lustroso Kepí, camisa celeste y pantalón azulón recorría los pasillos picando los boletos que los pasajeros previamente compraban en la estación. Detrás de él caminaba un guarda con una pistola colgada al cinto como símbolo de autoridad. Si alguien no tenía su boleto, tiraba una palanquita de la pared para avisar al maquinista que parara de inmediato con el fin de bajar al tramposo.
Los trabajadores de la frutera tenían su propio tren para ir a pasear a Tela al que llamaban “machangai”, una palabra que degeneró del inglés merchandise que significa mercadería. Algunos de estos vagones surgieron como carros fruteros que luego fueron transformados en transporte popular.
Entre las piezas exhibidas también está un antiguo generador de energía eléctrica que además generaba alegría entre los campeños porque servía para proyectar películas, en aquellos tiempos cuando aún no llegaba la televisión a las fincas.
Quienes más gritaban de alegría cuando llegaba el generador a un campo bananero eran los cipotes porque sabían que esa noche iban a ver una de vaqueros o una mexicana, comenta MacCalla.
Llama la atención entre los visitantes al museo, el motocarro conocido como “La Pedorra”, que remolcaba dos “burras” transportando a los “cusucos” quienes reparaban la vía férrea, con sus respectivas herramientas. “Nosotros le pusimos La Pedorra porque hacía un ruido feo con el escape cuando pasaba por el barrio”, manifiesta MacCalla, recordando los tiempos de su niñez.
Las “burras” eran plataformas con ruedas que se desacoplaban fácilmente del motocarro para sacarlas de la línea férrea si no se necesitaban. La diferencia con los troles es que estos disponían de un mecanismo para ser manejados por dos personas.
Había unos motocarros más lujosos para uso exclusivo de los mandadores que en un tiempo eran norteamericanos. Cada uno de estos ejecutivos tenía el suyo para viajar de El Progreso a su respectiva finca, pero también había un motocarro más grande en el que cabían todos, cuando iban de paseo.
Para limpiar de maleza la vía real por donde pasaban los trenes, la frutera utilizaba una máquina quemadora que remolcaban las locomotoras. Este artefacto metálico es otro de los atractivos del museo ferroviario.
Aún faltan más reliquias del desaparecido ferrocarril que andan por allí desperdigadas y que deben ser recolectadas para realizar la segunda etapa de este proyecto turístico, considerado por los progreseños como el primero de Centro América en su gén

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sábado, 7 de diciembre de 2013

Recordando al Br. Carlos Ramos Martinez

















El Br. Carlos Ramos Martínez, estudiante brillante y ágil orador del Instituto Francisco J. Mejía, recibió –durante el gobierno del expresidente Villeda Morales- una beca para efectuar estudios militares en Venezuela. Fue una sorpresa para muchos de los que éramos compañeros de colegio suyos, el que se haya acogido al ofrecimiento del gobierno liberal que quería, discretamente, introducir al interior de las Fuerzas Armadas, oficiales graduados en el exterior y que simpatizaran con el pensamiento liberal, en vista que para entonces la institución era vista como una simple guarida del Partido Nacional. En 1963, Carlos Ramos Martínez regresó, con vistosos uniformes militares de Caracas Venezuela, ostentando el grado de subteniente.
Al intentar ingresar a las Fuerzas Armadas de Honduras, encontró muchos obstáculos, la mayoría de los cuales son todavía desconocidos. El caso fue que el subteniente y Bachiller Ramos Martínez, no tuvo otra alternativa que regresar a su ciudad natal, en donde se incorporó como docente en el Instituto Francisco J. Mejía. Sirvió clases de matemáticas, filosofía y deportes, entre otras asignaturas. Esta fotografía, tomada en 1969, muestra a Carlos Ramos Martínez, con los alumnos y alumnas del tercer curso del ciclo común de cultura general.
Junto al profesor Carlos Ramos Martínez, se pueden identificar a Julio Salomón Herrera, Carlos Urcina hijo, Fernando Servellón Durán, Alfredo Ramos Saravia (QDDG), Edil Herrera, Amílcar Vallecillo, Mirna Aguilar Sevilla, María Almendárez, Miriam Chávez, Elsa Salas, Alberto Martínez, Maribel Rivera, Rosa Amalia Escobar (QDDG), Amarilis Ramos Reyes, Marco Antonio Caballero (invitado), Lino Murillo (invitado), Max Batres Murillo (invitado), Jesús Orellana y Nuvis Serrano. Ramos Martínez murió algunos años después en forma imprevista.
Su fallecimiento y entierro en el cementerio local, fue un acontecimiento singular de masas, en vista que para entonces era un reputado e indiscutible líder liberal, llamado a encabezar la fórmula de diputados por el departamento de Yoro. A su sepelio concurrió el doctor Modesto Rodas Alvarado que pronunció un discurso memorable, elogiando las virtudes del fallecido Bachiller y subteniente Carlos Ramos Martínez (JRMA).

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lunes, 28 de octubre de 2013

Expresidentes de Honduras fallecidos en el exterior

Por: Juan Fernando Avila
Un impresionante número de compatriotas que figuraron en la más sobresaliente posición que una nación confiere a sus hijos, y que fueron soportes fundamentales en la construcción y consolidación de los patrones que sustentan las instituciones republicanas, tuvieron el infortunio de fallecer cobijados bajo cielos de otras naciones y el distante calor que prodigan otras tierras.
Hoy cumplo la responsabilidad de fijar fechas y nombres en breves fichas cronológicas y biográficas, de quienes como diría con su mágica palabra otro exiliado de la nostalgia como fue el bardo arenaleño Jacobo V. Cárcamo, murieron “lejos del verde cuenco de la patria, afuera de su nítida naranja, y el himno horizontal de sus corrientes”.
Aquí el Oro y las Cenizas de Honduras
JOSÉ DIONISIO DE HERRERA DÍAZ. Nació en la ciudad de Choluteca, el 9 de octubre de 1781. Gobernó como primer jefe de Estado de Honduras a partir del 16 de septiembre de 1824 hasta el 9 de mayo de 1827.
Murió el 13 de junio de 1850, en la ciudad de San Vicente, república de El Salvador, a la edad de 69 años.
JOSÉ FRANCISCO MORAZÁN QUESADA. Nació el 3 de octubre del 1792 en la ciudad de Tegucigalpa. Presidente de la República Federal de Centroamérica por dos períodos. Primer Período: Del 16 de septiembre de 1830 hasta el 4 de febrero de 1834. Segundo Período: del 4 de febrero de 1834 hasta el 1 de febrero de 1839. Jefe de Estado de Honduras del 4 de diciembre de 1829 hasta el 28 de junio de 1830.
Falleció asesinado en San José, Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842. Tenía 50 años cumplidos a su muerte.
JOSE JUSTO MILLA PINEDA. Nació en Gracias, el año de 1794. Ejerció la Presidencia de Honduras de abril de 1826 al 13 de septiembre de 1827.
Falleció en México, a los 67 años de edad.
FRANCISCO FERRERA. Nació en San Juan de Flores (Cantarranas), el 23 de enero de 1794.
Gobernó Honduras durante varios períodos. Del 23 de septiembre de 1833 a enero de 1834. Del 1 de enero de 1841 al 31 de diciembre de 1842, del 22 de febrero al 31 de diciembre de 1844. Fue reelecto en enero de 1887 pero renunció el mismo año.
Murió en Chalatenango, república de El Salvador, el 10 de abril de 1851, a la edad de 57 años.
DIEGO VIGIL. Nació en Tegucigalpa, el año de 1799. Ejerció la Presidencia de la República del 1 de febrero de 1839 al 5 de abril de 1840. Ocupó igualmente la Presidencia durante la segunda ofensiva morazanista contra carrera.
Murió en Granada, república de Nicaragua, el año de 1845, a la temprana edad de 46 años.
FLORENCIO XATRUCH VILLAGRÁN. Nació en San Antonio de Oriente, el 21 de octubre de 1811. Presidente de Honduras, del 3 de febrero al 16 de marzo de 1871.
Murió en Managua, Nicaragua, el 15 de febrero de 1893, a la edad de 82 años.
TERENCIO SIERRA ROMERO. Nació en Comayagua, el 16 de noviembre de 1839. Gobernó Honduras del 1 de febrero de 1899 al 1 de febrero de 1903.
Murió en Diriomo, república de Nicaragua el 25 de septiembre de 1907, cuando tenía 68 años de edad. Sus restos descansan en el cementerio de la República de Granada, Nicaragua.
MARCO AURELIO SOTO MARTÍNEZ. Nació en Tegucigalpa, el 13 de noviembre de 1846. Presidente constitucional del 30 de mayo de 1877 al 9 de octubre de 1883.
Murió en París, Francia, el 25 de febrero de 1908, a la edad de 72 años y sus restos reposan en el mausoleo de la familia soto en el cementerio de Passy, en París Francia.
POLICARPO BONILLA VÁSQUEZ. Nació en Tegucigalpa, el 17 de marzo de 1858. Presidente constitucional de Honduras de 1895 a 1899.
Murió en New Orleans, Lousiana, Estados Unidos de Norteamérica el 10 de septiembre de 1926. Sus restos fueron repatriados y descansan en el panteón general de Tegucigalpa. Al morir tenía 69 años.
JUAN ÁNGEL ARIAS. Nació en Comayagua, el 7 de agosto de 1859. Gobernó como presidente constitucional del 18 de febrero al 13 de abril de 1903.
Murió en Quiligua, república de Guatemala, el 29 de abril de 1927, teniendo 78 años de edad.
LUIS BOGRÁN BARAHONA. Nació en la ciudad de Santa Bárbara, el 3 de junio de 1849. Gobernó Honduras por dos períodos cuatrienales, del 39 de noviembre de 1883 al 30 de noviembre de 1891.
Murió en la república de Guatemala, el 9 de julio de 1895, siendo un joven de 46 años de edad.
FRANCISCO BOGRÁN. Nació en la aldea de Pinalejo, municipio de Quimistán, departamento de Santa Bárbara, ejerció la presidencia de la República del 5 de octubre de 1919 al 1 de febrero de 1920.
Falleció el 7 de diciembre de 1928 en New Orleans, estado de Lousiana, Estados Unidos de Norteamérica.
JULIO LOZANO DÍAZ. Nació en Tegucigalpa, el 27 de marzo de 1885. Gobernó el país del 16 de noviembre de 1954 al 21 de octubre de 1956.
Murió el 20 de agosto de 1957 en Miami, estado de la Florida, Estados Unidos de Norteamérica, pero sus restos reposan en el panteón general de Tegucigalpa. Al morir tenía 72 años.
JOSÉ RAMÓN VILLEDA MORALES. Nació el 26 de noviembre de 1908. Gobernó Honduras del 21 de diciembre de 1957 al 3 de octubre de 1963.
Falleció en New York, Estados Unidos de Norteamérica, en el Hospital Bellevue, el 6 de octubre de 1971, cuando tenía 63 años de edad, desempeñando con lucidez la más alta representación diplomática con que la patria distingue a sus hijos talentosos.
Sus restos fueron repatriados y recibidos por una manifestación de pesar y solidaridad humana como a nadie se le ha tributado en la historia nacional. Sus restos reposan en el panteón Jardines de Paz Suyapa en la capital, Tegucigalpa.
HÉCTOR CARACCIOLLI MONCADA. Nació en el año de 1922. Gobernó Honduras como miembro de la Junta Militar de gobierno, del 21 de octubre de 1956 hasta el 25 de noviembre de 1957.
Falleció a los 57 años de edad en la hermana república de Guatemala.

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martes, 3 de septiembre de 2013

El Entrenador

Por : Juan Ramón Martínez
A Israel Flores (Cacho), el mejor jugador que conocí en Olanchito
Jugaban los jóvenes atletas, estudiantes del colegio “Francisco J. Mejía”. Aunque la ciudad estaba bajo la influencia estadounidense, cosa que se notaba en las palabras en inglés que habían entrado a trompicones, arrinconando al suave español de los mayores, el beisbol no había prendido entre la juventud. “Es una venganza contra el imperialismo”, decía cada que se emborrachaba, Lisandro Armijo en el estanco La Salud.
 El fútbol, la pelota como la llamaban los mayores, les congregaba en el campo engramado de forma natural por las lluvias suaves y constantes, era la actividad en donde todos se congregaban, por las tardes, inmediatamente que terminaba la jornada estudiantil de cada día hábil. Un viernes jugaban, dos grupos, integrados en la cancha, sin más criterios que el numérico: once contra once. Las muchachas, muchas novias de los aguerridos jugadores que disputaban el balón y los espacios para disparar contra las puertas contrarias, gritaban animando a Lalo Durán, obligado portero, casi imbatible; o a Rigo Zúniga recio defensor al que le temían los delanteros contrarios; o a Enrique Noriega, colérico y pendenciero que siempre terminaba peleando con alguno de los hermanos Víctor o Rubén Berrios; o con el árbitro que voluntariamente se exponía, cuando sus decisiones no satisfacían a su equipo, a ser víctima de sus improperios, mentadas de madre, ejercicios de elevada vulgaridad y mala crianza. El juego era tan intenso y apasionado que nadie, vio llegar al extraño con pinta de extranjero

Vestía pantalón blanco, camisa blanca adornada con verdes palmeras cubanas, el cuello abierto que dejaba ver un pecho poblado de bellos hirsutos, resollando una virilidad ruidosa; pero sin comprobación. Un cinturón rojo, que le sostenía el pantalón de lino de exportación. Era casi pálido, un “payulo” le dijeron después, en comparación con los trigueños habitantes de la ciudad. Calzaba unos zapatos desconocidos para todos: la punta roja, el cuerpo blanco y la parte final, la talonera, igualmente roja. Sobre la cabeza, un sombrero blanco, de ala paja sobre la frente; y una cinta roja cubriéndole el centro. Era todo un dandy que vestía, a la moda –como la gente de La Ceiba-, ciudad a la cual se distinguían sus habitantes, por su modernidad en el comer y en el vestir, su  manera de bailar y la forma de hablar un inglés sureño, incluso cuando discutían airadamente. Muy pocos le prestaron atención. Pero al final, cuando “la oración empezaba cubrir los últimos rayos del sol”, Beto Rodríguez que reparó en su figura al abrirse paso hacia el círculo compacto de los atletas, le preguntó: aja míster; y como le han parecido los muchachos.
Pues vea, respondió después de carraspear un par de veces en el ánimo de darse importancia, “se nota que juegan al fútbol a pura intuición, con más fuerza que inteligencia, usando más el pulmón que el cerebro, sin mayores conocimientos tácticos o estratégicos, cosa que es comprensible porque nunca han tenido un entrenador que los prepare”. Parece usted muy enterado de estas cosas le dijo Rodríguez. “Es que soy el entrenador del Club Deportivo Vida, el más importante de La Ceiba que, usted sabe, más adelantada, en estas cosas, que Olanchito, me perdona, concluyó agachando la cabeza.

Ahora entiendo le dijo Rodríguez, con evidente respeto. Se trata de un entrenador pensó. Y no le debo llevar la contraria. Además, viene de Ceiba. Recuperándose del descubrimiento, le siguió diciendo: Y le ha llamado la atención alguien entre de los jóvenes. Si, fíjese que sí. Aquel, le señaló con el índice derecho, por alto, cuerpo elástico, que corre moviendo toda su estructura física, es veloz por sus largas piernas; y, debo reconocer, que es el más inteligente de todos los jugadores que he visto esta tarde. Sí, tiene usted razón; y fíjese que es uno de los líderes estudiantiles más esperanzadores, estudiante de las mejores calificaciones, orador de finos hallazgos y un escritor de versos todavía elementales; pero prometedores. Aquí viene le dijo al entrenador.
Se llama Antonio Martin. “Oíme voz le dijo, tenés pinta de buen jugador; si te pones en mis manos, te venís a La Ceiba, haré de vos el más famoso jugador federado de todo el país. Y la fama te permitirá dinero, mujeres y buena vida”. Los demás, compañeros suyos que a su lado se ponían sus ropas, dejando en el suelo sus sudadas prendas deportivas, mientras las púberes novias le daban agua a cada uno de sus novios, reaccionaron con atención ante lo que parecía una propuesta que nadie en su sano juicio, podría rechazar. Ante el silencio de Antonio Martin, lo incriminó con cierta actitud diciéndole: “Que me respondés”. Martin levantó el rostro con desgano. Lo volvió a ver con estudiada indiferencia; y le respondió: “No tengo interés en ser jugador de fútbol, juego para estar con mis compañeros y para que mi novia me aplauda y me quiera más”. “Y entonces qué es lo que querés ser en la vida? mostrando disgusto por lo que creía era un desaire. Abogado y escritor, le respondió el alto y arrogante jugador. El entrenador mostró su desilusión y disgusto por la forma con que le había respondido el jugador que él creía que iba a conmover con su propuesta. Escupió agresivamente sobre la grama maltratada. Recuperándose le dijo: ¡Bah! Con evidente menosprecio. Dio la vuelta y se perdió en la parte más obscura de la cancha. La gritería continuó.

Al paso del tiempo, Antonio Martin se volvió el escritor más famoso del país. Y del entrenador, cuyo nombre nadie recuerda, solo ha sobrevivido mezquinamente en los espacios marginales de la memoria, en esta historia que me contara el famoso escritor, una vez que le entrevisté para cumplir una tarea universitaria impuesta por el profesor de redacción de la Escuela de Periodismo. Y por la que me gané el derecho de no presentarme a los exámenes finales, en una clase que todos mis compañeros aborrecían. No por los contenidos exigentes, sino por el sarcasmo y las ofensas del torvo profesor argentino que creía que había inventado las reglas de la sintaxis para escribir bien en español. Y que menospreciaba a sus alumnos. Que a cambio, le odiaban con paciencia dedicación y gozo clandestino, sin tiempo límite.

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martes, 4 de junio de 2013

El Valle Aguán o el Valle de la Muerte

Por : Salomon Barjum Marmol
Por medio de mi buen amigo Pepito Rivera, me enteré del artículo que escribiste en Diario La Tribuna el 7 del corriente mes, además fue tan amable que me trajo el periódico, ya que La Tribuna es un diario solo para los capitalinos. Aquí no circula.
Me mencionas recordando los días del golpe de Estado del 3 de octubre del 63, que no fue más que el cumplimiento de los famosos Pactos de Agua Azul suscritos entre tu líder Ramón Villeda Morales, Ricardo Zúñiga A. y el Gral. López Arellano. Como recordarás Villeda fue electo Presidente de la República por una Asamblea Nacional Constituyente en la cual él no tenía los votos necesarios para ser nombrado Presidente, pero don Ricardo Zúñiga con la ayuda de la Embajada de los Estados Unidos, y la presión de las bananeras, le arrebataron el Partido Nacional a Carías, y de esta manera dos diputados nacionalistas votaron a favor de Villeda.


domingo, 27 de enero de 2013

Vigencia de la carta Rolston

Por: Mario Berrios
Cada vez, al ver el enconado esfuerzo, las peleas y suspiros por la mayor parte de la actual clase política de nuestro país, y percibir sus esfuerzos, no por aportar a la sociedad, si no para saciar sus ansias de poder y sus pretensiones económicas, se me viene a la mente la Carta Rolston, aquella famosa nota fechada un 20 de Julio de 1920, la cual ronda ya los 100 años. En ella, Rolston detallaba aspectos hoy calcados por los políticos de turno, en ocasiones bajo el auspicio de pequeños grupos económicos, como fieles marionetas y en otras como gestores de sus propios beneficios, sin un asomo de interés por el pueblo. Y cito parte de la Carta Rolston; “Para que nuestros grandes sacrificios, y nuestras cuantiosas inversiones, no hayan sido hechas en vano, debemos adquirir y apoderarnos de tantos territorios de la Nación, como de particulares, y todas las riquezas que nos permita nuestra capacidad adquisitiva y nuestro poder de absorción”

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martes, 15 de enero de 2013

Celebracion del hallazgo de la Virgen de Suyapa

Virgen de Suyapa Olanchito
por : Renan Torres
La Iglesia católica en Honduras y  precisamente en Olanchito se prepara para celebrar con gran júbilo un aniversario más del hallazgo de la imagen de nuestra Patrona la Virgen de Suyapa. La celebración comenzará  con una importante novena  a partir del día 26 de Enero al 13 de Febrero.  En  cada templo católico de la ciudad se celebrará la Santa Eucaristía para dar gracias a Dios por los favores concedidos a nuestro país sumido en problemas políticos y sociales. Día con día estos problemas van aminorando en la población  gracias a la intercesión  de la Virgen ante su hijo Jesucristo.  El Padre Hugo Lemus como Párroco de  San Jorge nos comenta que esta es una tradición que acrecienta la fe de los cristianos y que a la vez representa una oportunidad para que pidamos a Dios y que Honduras sea un país diferente. Esperamos  que la población se involucre en estas actividades.


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