lunes, 18 de julio de 2011

Rayos de esperanza

Por: Wilfredo Mayorga
No debemos perder las esperanzas para rechazar las promesas, la demagogia y el engaño a que nos han acostumbrado los políticos de siempre. A pesar de tantas frustraciones, aún nos quedan migajas de optimismo que tampoco debemos desperdiciar.
Al empezar a definirse las precandidaturas políticas que trabajarán en las próximas campañas, los interesados inician la recolección de firmas para inscribir sus respectivos partidos y someter a la voluntad soberana la aceptación o el rechazo de sus participaciones.
No conocemos personalmente al ingeniero Nasralla, más que cuando lo hemos visto y oído en sus programas televisivos durante nuestras visitas al país. Pero colegimos de sus intervenciones que es un ciudadano prestigioso, con una vasta cultura y dotado del suficiente carisma personal para dar una batalla de igual a igual con sus pares contendores.
La ingenuidad en materia de politiquería criolla quizá sea una ventaja de este neoaspirante presidencial frente a otros suficientemente fogueados en el crisol de la experiencia. Sin embargo, los comentarios publicados desde el momento que aceptó participar en estos eventos, han sido aprobatorios y provenientes de sectores que antes no se habían involucrado con tanto fervor. Sobre todo de los jóvenes y los indecisos.
Quizá, esta sea una prueba de fuego más dura que enfrentar las cámaras para este novato en los asuntos ideológicos, pero experto en su profesión y en los medios electrónicos. Su ventaja radica, en el dominio que otros no tienen frente a públicos numerosos. Es bien sabido que no es lo mismo improvisar discursos o escribirlos y leerlos, que revestirse de serenidad y gobernar los escenarios. Ahí, Nasralla, no necesita de asesores, porque puede dar cátedra a sus adversarios.
Pero, según parece, ha comenzado a revestir de confianza y entusiasmo a la comunidad nacional, luchando contra una plaga que otros no han podido erradicar: la corrupción. Su inexperiencia en la burocracia, lo margina de toda contaminación con salarios provenientes del Estado; no exhibe un pasado turbio en cuestiones de manejos económicos que pertenecen al pueblo; ni siquiera, creemos, ha firmado contratos de publicidad para desenvolverse como anfitrión de programas artísticos, deportivos y culturales. Su desenvoltura en los medios ha estado caracterizada por su independencia, y el lenguaje empleado nada ha tenido que ver con el insulto ni la diatriba.
Es probable que el acercamiento que el Presidente Lobo ha promovido con los dirigentes políticos sea uno de los aciertos que ya ratos estábamos esperando los hondureños para comenzar a ganarse la confianza ciudadana, toda vez que no sea una estrategia para llevar agua a su molino personal, pretendiendo influir en los neófitos de la marea política. Los nuevos partidos entrarán a la palestra convencidos que no son mayoritarios, como los tradicionales, y que dependerán de sus tácticas honestas para labrarse un futuro triunfal.
Esta comprobado que las aves no se elevan volando contra la dirección del viento, sino impulsando sus alas hacia el infinito para descender heroicamente. Así los hombres que aspiran a dirigir una nación. Algunos vienen a descubrir su Talón de Aquiles -que es la ambición desmedida- al tropezar repetidamente con la misma piedra.

Hay que taparse del candente sol de la mentira con sombreros de dignidad y honestidad. El país ya esperó lo suficiente para despertar de sueños y espejismos. Esta carrera, señores aspirantes, será de liebres. El tortuguismo debe quedar atrás.
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