sábado, 5 de marzo de 2011

Contestación a un honorable…

Hoy no me referiré —en el buen sentido de la diversión que me provoca la literatura y, particularmente, escribir—, a corruptos y corruptores, a colas de malhechores o a compatriotas de iglesia con Biblias bajo el sobaco, en una mano, y en la otra con una botella o un arma. O acerca de un político o alcalde comiendo ansias para engañar a la gente, con sus alabarderos al lado. No hablaré, pues, de puñales, “Mesías”, puros (de pureza), güeviadores, falsos revolucos que en sus cátedras le hacen creer a la gente que fueron comandantes guerrilleros, tampoco de morgues, bordos, burdeles, policías, militares y cárceles.

No, mejor comentaré sobre la sorpresiva llamada telefónica que anoche me hiciera un estimado amigo, para referirse, entre otras cosas, al comentario de un honorable académico sobre mi persona y mi obra literaria en un medio escrito. Le respondí, “sí hay cosa más grande en la vida de un autor, chico, es que digan cosas de ti, no importa si en bien o en mal, es más, los que dicen aspectos dañinos un gran favor le hacen a uno, porque si hay cosa emocionante, es que a la gente le agrada entrar en ese juego del chambre, de lo que otros repiten como loros sin saber nada de un tema, o atravesados por la daga de la envidia”.

Eran las 10 PM.
—Oye, Mario, primero déjame explicarte, no es para tanto, vas muy rápido, chico. ¿No será que hoy “amaneciste con el moño virao”?
—Además —lo interrumpí—, ¡comprobado!, desde los tiempos de Cervantes hasta los nuestros, de Vargas Llosa, lo que más potencia la imagen son las ataques personales, ¡je!, qué favor me habrá hecho el honorable maestro.
—Oye, Mario, tú qué crees, chico, se trata de algo divertido —me dijo nuevamente, sonriendo al otro lado de la línea telefónica, desde Jacksonville, con su inconfundible acento cubano.
—¡Uy!, mi distinguido licenciado Pazos, entonces tíreme la toalla.
—Ahí está, así me gusta oírte, como en tu presentación. “Tumba catao” cuando leas esa anécdota que el honorable maestro hizo publicar , tal como te dije que saldría a fin de mes, marchándote de la universidad y cerramos la edición, ya la tenemos a mano, toda la nota sobre tu presentación quedó un mangón, es más, varios catedráticos y alumnos se sumaron a los comentarios, ¡es que levantaste los ánimos!
—Gracias, Doctor, sabe, hasta cierto punto pensé que lo de la revista era broma, eso de que me esperarían para sacarme en la edición del mes de febrero.
—Un centro educativo como el nuestro no descuida detalle, es más, queremos leer más de tus obras.
—Se le agradece, Señor Pazos.
—Hábleme con confianza, ¡jodido!, ya sé que así dicen los hondureños. A mí particularmente me agradó eso de la situación política, lo de la pichinguería y brujería hondureña y el parecido con los hermanos cubanos, la pormenorizaciónque hiciste de la actividad criminal en Centroamérica. Pues el maestro Seizz escribe sobre que despreciaste las cervezas por ir a las instalaciones de la NASA, pero lo hace como un gran escritor, con enorme sentido, esa anécdota contigo le ha fascinado al consejo editorial y a la comunidad universitaria. Comienza diciendo que está resentido contigo por esa elección, ¡el desprecio de las cervezas… Jajaja!

—Pazos —dije, ya de confianzudo—, lo que sea que diga el Señor Seizz será apreciado, no ve que es un académico de altos quilates, si fuera otro pues no me preocupara, pero no, se trata de él, imagine, un científico de esa catadura moral, habla siete idiomas, tres, dialectos, posee cuatro doctorados, unHonoris Causa en Europa, ha publicado cuatro libros con temas científicos, je, cualquier cosa que él diga, me abonará. Y yo, por supuesto, tengo el deber de escribir algo, después, para mantener viva la polémica con ese personaje, no ve que me pone a su altura. Es como que Vargas Llosa, Carlos Fuentes u otro grande de mi país polemizara conmigo, yo tendría el deber de responderle, así que algo tendré que escribir después.
—Buen punto, si fuera una comadreja, ¿para qué? Sería un bonito gesto de su parte entrar en amistad y polémicas con el Doctor Seizz, es de las estrellas de nuestro firmamento, aceptado en diversas comunidades del mundo, Europa, Asia, África…
—Eso sí, Pazos —aseguré—, tendré que contar mi propia anécdota, por ejemplo de la “cervezeada” del siguiente día, yo que jamás había ingerido bebidas alcohólicas por fin me eché una, pero como una no es ninguna, entonces sigocasto en cuanto a bebida, fue en el restaurante SCARLETT O`HARA, con música en vivo, parece que a él le fascina la música country; cantó, bebió, bueno, me guardo los secretos para la próxima publicación de la revista, es que es gratificante departir y polemizar con una personalidad de esas.

—Le cayó en gracia cuando aseveraste, Mario, que era la primera cerveza que probarías en tu vida, las otras dos cosas que manifestaste no se las creyó, pero no paraba de reírse.
—Sí, macanudo, mi distinguido y emérito profesor Pazos, dale mi atento saludo al doctor Seizz, dile que le echaré una llamada antes de mediodía…
Por : Mario Berrios
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